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Producción, no consumo; Economics of Commons, no Sharing Economics

Al cercenar el cooperativismo de sus orígenes en el comunal y focalizarlo en el consumo, el cooperativismo británico y la ACI causaron un daño duradero en la capacidad transformadora del cooperativismo que no debemos repetir hoy en el debate entre economía del comunal y consumo colaborativo.

El futuro aquí y ahora: Keynes, Marx, Dewey, Foucault, Dreikurs, Zamenhof, etc.

unidad de trabajo en un kibbutzUn comentario de Albert en el post de David abrió la discusión. Y no es menor. ¿«School of Sharing Economics» o «School of Economics of Commons»? ¿«Escuela de teoría económica del consumo colaborativo» o «Escuela de teoría económica del comunal»? Se puede argüir que en realidad son dos facetas de la misma cosa: las formas emergentes del capital (el procomún o comunal) y consumo del modo de producción p2p. Pero abren dos mundos distintos. Y ayer, con nuestro Dogo, optamos por poner el comunal en el centro. ¿Por qué?

Uno de los relatos que más daño ha hecho a la tradición mutualista ha sido poner el punto de partida de la Historia del cooperativismo en el nacimiento del cooperativismo de consumo moderno, los famosos «Pioneros de Rochdale» de 1844. Al hacerlo se negaba una realidad pre-existente y muy extendida de organizaciones sociales basadas en el comunal que en aquel entonces ya llevaban en algunos casos hasta cincuenta años, convertidas en cooperativas agrarias y de trabajo. Este relato, que sigue siendo el discurso oficial de la Alianza Cooperativa Internacional y encontramos hoy todavía en la Wikipedia, divorciaba el cooperativismo del procomún.

No fue un relato inocente o simplemente errado. En el emergente mundo cooperativo continental, el mutualismo, el cooperativismo y poco después la doctrina social católica, situaban la clave del «problema social» en la producción y podían ofrecer una continuidad entre la resistencia a la desamortización del comunal llevada a cabo por los liberales y las alternativas al floreciente capitalismo industrial. Sin embargo en Gran Bretaña, eran liberales y socialcristianos anglicanos los que, siguiendo la tradición owenita, lideraban el nacimiento del I Congreso Cooperativo Británico. Para ellos focalizar en el consumo era una forma de enfrentar la creciente radicalización del movimiento obrero y la «contaminación» por «ideas continentales». Por eso pondrán los orígenes del cooperativismo en Robert Owens, un filántropo liberal, y datarán el nacimiento del cooperativismo con los pioneros de Rochdale (cooperativismo de consumo).

En 1895, tras muchas dificultades en la convocatoria por su interés en incluir empresas capitalistas clásicas, Neal, Wolff y Holyoyake conseguirán realizar la primera asamblea de la Alianza Cooperativa Internacional. Huelga decir que la asistencia fue fundamentalmente británica: junto con GB la mayoría de los delegados venían de Australia, India e Irlanda, y ya se consideró un gran éxito incluir al cooperativismo cristiano alemán y su área de influencia. Es decir, la hegemonía socialcristiana era clara. Por eso marcaron el «apoliticismo» como una de las bases del movimiento, algo que dejaba fuera a la mayor parte del cooperativismo europeo, ligado bien a los partidos católicos bien a los partidos socialistas o el sindicalismo libertario.

Como jugada política fue sin duda maestra… para los socialcristianos ingleses. Sin embargo el daño emerge hoy: el gran cooperativismo no se reconoce en el procomún… cuando ese es el principal valor de sus orígenes y el principal camino de su futuro.

¿Repetir los errores?

Hoy estamos ante una disyuntiva similar. La tradición de la crítica social anglosajona entiende la democracia económica como una suerte de «democracia de los consumidores» y desde ese punto de vista, el «consumo colaborativo», la «sharing economy» sería el centro definitorio de la evolución del modo de producción más allá del capitalismo industrial.

Pero, al final una mutua de seguros no transforma las relaciones económicas si no hace parte y está supeditada a un tejido democrático más amplio donde el peso necesariamente recae en las cooperativas de trabajo. Buena parte de las aseguradoras en Europa y EEUU son mutuas, osea cooperativas de consumo… pero la mayor parte de los socios ni siquiera sabe que hace parte de un esquema cooperativo.

Algo parecido ocurre con las prácticas de la «sharing economy». El consumo colaborativo no hace parte de la transición hacia un modo de producción p2p si no está en el marco del desarrollo del comunal y la producción p2p, del mismo modo que el cooperativismo de consumo no genera sentido democrático para una economía si no es en el marco de un tejido industrial cooperativo.

Al cercenar el cooperativismo de sus orígenes en el comunal y focalizarlo en el consumo, el cooperativismo británico y la ACI causaron un daño duradero en la capacidad transformadora del cooperativismo que no debemos repetir hoy en el debate entre economía del comunal y consumo colaborativo. Por eso cuando hablamos de desarrollar la Teoría económica y social que explique e impulse la transición de formas de producción en la que vivimos, no debemos repetir el error. Construiremos una «Somewhere School for the Economics of Commons», una «Escuela de Economía del Comunal» que sirva a quien quiera aprender para hacer y de fonda a quién quiera investigar.

«Producción, no consumo; Economics of Commons, no Sharing Economics» recibió 5 desde que se publicó el Sábado 16 de Junio de 2012 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Natalia Fernández.

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