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Que el partido no acabe

Un encuentro con los protegidos del estado

El sábado comenzó como de normal. No esperé a que el sol me levantara sino que me paré temprano con las cosquillas en el estomago a causa del partido que me esperaba. Al abandonar la habitación me recibió el aroma a café con leche de las mañanas que mi madre sin falta nos tenia al despertar.

Unas horas más tarde no podían faltar las dos arepas que dieran fuerza al cuerpo para la batalla en el mercado. Mis hermanos también se preparaban y mi padre ya había terminado la rutina de la mañana. Pararse muy temprano, recorrer cada rincón de la residencia que daba sustento a la familia y a su paso limpiar, recoger y dejar ese brillo de las cosas ordenadas.

Craig, vamos saliendo, recoge tus cosas – Gritó mi madre con las manos en el volante del coche.

Pase mi infancia rodeado por nacionales que compartían el mismo pasaporte que por cosas de frontera mi padre también tenia en el bolsillo. Si, habéis oído bien. Mi padre solo compartía el pasaporte y es que en esto de las naciones unos son más nacionales que otros. Esta sutil diferencia ciertamente configuraba muchas cosas de la vida diaria. Y es que para mayor suerte no compartí colegio con los hijos de los nacionales, ni veranos de vacaciones y mejor aún equipo de futbol.

Llegamos al campo de fútbol y saltamos del coche con los bolsos a las espaldas. Un pequeño esprint nos llevo hasta el borde del césped que relucía verde. Pero faltaban tres horas que ponerse las botas y saltar de terreno de juego. Los juegos se disputaban en orden de categorías y mis hermanos jugaban primero.

Mis hermanos y yo disfrutábamos mucho de los juegos y dedicamos bastantes horas de nuestra infancia a darle patadas al balón. Pero los partidos y entrar al terreno de juego tenia otro atractivo que reconozco al mirar atrás y haber recorrido algo más de camino. El atractivo se resumía en el carácter neutral del terreno de juego. Neutral en el aspecto de que no existían las barreras competitivas que la sutil diferencia que os comentaba anteriormente imponía. Y es que en el terreno de juego los hijos de los nacionales no jugaban con privilegios, tenían que correr detrás de la pelota igual que todos los demás.

Hoy me parece increíble como ese carácter neutral del terreno de juego nos animaba a amarlo y estar deseosos de entrar en él. Ese día no fue diferente. Minutos antes de empezar a pisar el césped el corazón ya latía con fuerza y las formas ya nos mostraban claramente quien era el enemigo.

Un pitido indicando el comienzo del juego disparo la adrenalina. Empezamos a correr y estaba claro que estábamos mejor preparados. Nuestro regate era de pata negra y en un esprint de fondo de cancha seguido de una fantástica gambeta se hizo realidad lo que se venia venir. Marcamos el primer gol. Con el paso de los minutos marcamos unos cuentos más. En terreno de juego no solo podíamos ganarle sino que les ganábamos por que lo hacíamos mejor. Que el partido no acabe!

«Que el partido no acabe» recibió 0 desde que se publicó el Jueves 9 de Diciembre de 2010 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Manuel Ortega.

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