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Qué era Democracia

Democracia era un término con significado claro… pero diferente al que hoy es común.

La acepción de «democracia» que se usa hoy en los medios y la escuela es muy distinta de la que la socialdemocracia había convertido en moneda de uso común desde finales del siglo XIX. Por supuesto había quien utilizaba la palabra en su acepción alternativa pero casi siempre, por no decir siempre, eso significaba que estaba adscrito a los partidos liberales. O conservadores, que en la época equivalía a decir reaccionarios.

¿Qué entendía un obrero o el dueño de un taller por democracia en 1917? Un conjunto social, no una forma de organización y gobierno. No es tan extraño: todavía hoy la palabra «aristocracia» puede significar una forma de gobierno -y así aparece en los manuales de bachillerato cuando describen la Historia griega clásica- o una clase, la formada por los aristócratas en el Antiguo Régimen. Del mismo modo, en el lenguaje popular de 1917 democracia no era una forma de gobierno sino las clases que viven de su propio trabajo (trabajadores, pequeños propietarios, artesanos, pequeños campesinos, profesionales, intelectuales).

Durante revolución «democracia» no hacía referencia a forma de gobierno sino a clases q vivían de su propio trabajo

No era algo característicamente ruso ni una novedad. Aparece en los discursos y textos de toda la socialdemocracia europea anterior a la guerra. En 1913 Rosa Luxemburg haciendo un balance de la década anterior y los efectos de la crisis financiera de los años 90 escribía:

En lugar de reformas sociales se vieron leyes sobre la sedición, leyes penales para el encarcelamiento; en lugar de la democracia se vio la poderosa concentración industrial del capital en los carteles y las asociaciones de empleadores y la práctica internacional de los cierres gigantes patronales. Y en lugar del nuevo desarrollo ascendente de la democracia en el Estado, se vio un colapso miserable de los últimos vestigios del liberalismo burgués y la democracia burguesa.

Como se ve en primer lugar opone «democracia» a concentración industrial. Está comparando la acumulación de poder en dos grupos: el capital y la «democracia», es decir, las clases que viven de su trabajo. Y por si no quedaba claro contrasta el «desarrollo ascendente de la democracia en el Estado», es decir, la esperada influencia creciente de las clases trabajadoras en las instituciones, con la erosión de las libertades civiles.

Tampoco era algo característico del radicalismo político. En el famoso discurso de Kerenski ante el soviet el 29 de marzo, declaró:

En nombre del gobierno provisional del país, saludo y me inclino ante la democracia:

Los trabajadores, soldados y campesinos

No era una concesión al lenguaje de los obreros y sus organizaciones. La editorial de la Duma, el parlamento que disputó el poder a los soviets hasta octubre, publicó un diccionario de términos políticos orientado a la educación política popular. En él se definía democracia como:

Todas aquellas clases que
viven de su propio trabajo:

Obreros, campesinos, funcionarios e intelectuales.

Incluso, cuando los mencheviques y eseritas convocan en septiembre de 1917 la «Conferencia Democrática Panrusa» con el objetivo de elegir un «pre-Parlamento», invitan a todos los partidos socialistas incluidos los bolcheviques, los sindicatos, las organizaciones campesinas y de soldados… pero no a los kadetes (liberales) ni a representantes de los propietarios agrarios, simplemente porque «democrático» y «democracia» tenían un significado de clase, no de procedimiento. De hecho, cuando tras el intento de golpe de estado de Kornilov en agosto, las asambleas de fábrica van pidiendo una a una al soviet que tome el poder en solitario y rompa con los partidos burgueses, lo harán en nombre de la democracia porque por democracia se entiende el poder de las clases trabajadoras y sus intereses. Democracia en el lenguaje de la revolución -y como hemos visto de la socialdemocracia de las décadas anteriores- no es un método o un procedimiento que pone en común al conjunto de grupos sociales e intereses de la nación, es sinónimo de clases trabajadoras.

Y cuando en 1918 estalla la revolución en Alemania y la dicotomía social se materializa, como había pasado entre febrero y octubre en Rusia, entre consejos de obreros y soldados de un lado y parlamento de otro, la acepción de democracia como gobierno exclusivo de las clases laboriosas se hace aun más clara: democracia significa separar de la estructura de poder a aquellas clases que no viven de su trabajo y entre ellas, especialmente, a la burguesía. El mensaje socialista del momento es que la democracia como conjunto social (las clases trabajadoras) solo puede alumbrar la democracia en el sentido político (el gobierno de los intereses mayoritarios) a través de instituciones propias y excluyentes, no a través de las instituciones de la democracia representativa en cuyo seno había crecido hasta entonces.

La democracia, el gobierno del pueblo, comenzará cuando el pueblo trabajador tome el poder político. (…) Se trata de hacer realidad por primera vez el lema de la burguesía francesa en 1789, «Libertad, Igualdad, Fraternidad», mediante la supresión de la dominación de clase de la burguesía. Y el primer paso ante el mundo entero y la Historia, es dejar claro en el orden del día que lo que hasta ahora se pretendió base de la igualdad de derechos y la democracia -el Parlamento, la Asamblea Nacional, incluso el derecho universal al voto- fue una mentira y un engaño. Todo el poder a las manos de las masas trabajadoras como arma revolucionaria para extirpar el capitalismo, ¡esa es la única igualdad de derechos verdadera, esa es la verdadera democracia!

Resumiendo, «democracia» no era un «significante flotante». Las partes en conflicto tenían muy claras sus definiciones. Cuando hoy leemos que entre febrero y octubre la revolución vivió en Rusia su «fase democrática», seguramente entendamos algo muy distinto de lo que los protagonistas entendían con esa expresión. La idea de democracia entendida como el gobierno de los intereses del trabajo, como hemos visto, cruzaba la frontera entre los partidarios del poder soviético (bolcheviques, eseritas de izquierda, anarquistas) y los partidarios de un régimen que hiciera la revolución burguesa pendiente (mencheviques, eseritas de derecha). Solo los kadetes y los restos de la autocracia entendían «democracia» como sinónimo de gobierno parlamentario y división de poderes. Por eso releer la historia de la revolución con la definición de democracia que se entendía entonces, nos devuelve un relato completamente nuevo.

La Revolución y la Democracia

La verdad es que la revolución de febrero cogió por sorpresa -o en el exilio- a buena parte de los cuadros de los partidos socialistas rusos. Cuando se encuentran con un movimiento masivo arrancado por los soviets que comparte el poder con un «gobierno provisional» auto-investido cuyo objetivo es crear una «normalización», es decir una democracia parlamentaria al estilo europeo que acabe con los restos feudales del zarismo, se dan cuenta pronto que hay algo que no cuadra. Incluso entre los mencheviques. Vasili Lvov-Rogachevskii, escritor, crítico e historiador de la literatura, menchevique, veterano de la revolución de 1905 y largo tiempo prisionero político del zarismo comenta:

En nuestro bárbaro y retrasado país está teniendo lugar una revolución burguesa pero hace mucho que pasó el momento de las revoluciones burguesas en Europa Occidental. La Internacional sustituyó hace mucho tiempo a la Marsellesa y el socialismo llama a la puerta de un sistema burgués obsoleto.

Revolución burguesa o socialismo, esa es la alternativa que todos perciben tras febrero. La primera implicaba por supuesto un desarrollo de la «democracia». A nadie le cabía duda de que Alemania con los socialdemócratas en el Parlamento o Gran Bretaña con sus poderosos sindicatos eran países más «democráticos», no por sus modelos parlamentarios (el parlamento alemán tenía escaso poder real) sino porque la organización masiva había ganado para las clases laboriosas una representación política que moderaba las tendencias del poder dominante. Y como decía una consigna eserita a «menos burguesía, más democracia».

Pero el camino parlamentario implicaba también una limitación, un techo. Plantear la segunda opción -el socialismo-
como una continuidad de la primera, lo que ya Marx había postulado en 1848, significaba romper ese bloque e ir más allá de las reivindicaciones de compromiso entre clases, siquiera fueran ahora las clases que vivían de su propio trabajo. Por ejemplo: que el ejército renunciara a conquistar ningún territorio en la guerra contra Alemania (la idea conocida como «defensismo») era una reivindicación democrática en 1917, apoyada por los pequeños propietarios agrarios, que pretendían ser al mismo tiempo «patrióticos» y pacifistas. Por contra, oponer la necesidad de una paz inmediata y por separado, aceptando sus costes, previsiblemente inmensos en términos territoriales, era una reivindicación socialista porque ponía por delante la revolución mundial a la identidad territorial nacionalista. Apoyar la autodeterminación en las periferias del imperio era democrático, no porque implicara hacer algún tipo de referendum, sino porque unía en una batalla común característica de la revolución burguesa -nada hay más esencialmente burgués que crear un estado nacional- al proletariado local y a las clases medias nacionalistas.

No olvidemos que «democrático» en su acepción socialdemócrata significa «interclasista». La «democracia» son las clases trabajadoras, pero estas incluyen a intelectuales, funcionarios, pequeños propietarios, artesanos y sobre todo a los pequeños agricultores y campesinos propietarios de sus tierras.

Para los bolcheviques «democrático» significaba «interclasista» y debía ser superado o la revolución colapsaría

Para los marxistas los intereses de la pequeña burguesía, urbana o agraria, eran una rémora que se expresaba en distintas formas de nacionalismo… y en aquel momento en «defensismo». En sus «Lecciones de Octubre» (1924), Trotski apunta:

En la forma de un ejército de varios millones de hombres la guerra creó una base excepcional, tanto política como organizativa, para los partidos de la pequeña burguesía (…) Los partidos de la pequeña burguesía se imponían al proletariado y lo oprimían en las redes del defensismo (…) Para Lenin, la tarea principal estribaba en sacar del pantano defensista a la vanguardia proletaria. Sólo con esta condición, en la etapa siguiente, podría el proletariado llegar a ser el centro de referencia de las masas trabajadoras del campo (…) La conquista del poder debía romper la envoltura democrática, imponer a la mayoría de los campesinos la necesidad de seguir a los obreros, permitir que el proletariado realizara su dictadura de clase, y por razón idéntica, poner en el orden del día, paralelamente a la democratización radical de las relaciones sociales, la injerencia socialista del Estado obrero en los derechos de propiedad de la sociedad capitalista.

Dicho de otro modo, en la fase democrática de la revolución, en la medida en que los trabajadores hacen una piña con la pequeña burguesía formando la «democracia», los objetivos solo pueden ser los de la revolución burguesa: acabar con los restos de servidumbre, alcanzar la igualdad legal, obtener derechos democráticos… Pero la continuidad de esta alianza que hace indistintos a unos y a otros (la democracia) no puede sino acabar con la disolución de los primeros conatos de expresión autónoma de los trabajadores, los soviets, y culminar en el establecimiento de un nuevo estado burgués, sea bajo formas representativas o autoritarias. Por eso, toda la política de Lenin y los bolcheviques desde abril a octubre tendrá como objetivo romper la ambigüedad de la «democracia», de los sujetos políticos como «pueblo trabajador» o «los oprimidos» para afirmar la vigencia del proletariado como clase autónoma y la necesidad de establecer la alianza con los campesinos sobre unos nuevos términos: la de una dictadura obrera que llega a una paz inmediata y ejecuta en el campo un programa de reformas de la propiedad que no es el suyo sino el que demandan los campesinos más pobres -y que en este caso era el defendido por los eseritas de izquierda.

La genialidad bolchevique fue plantear el socialismo como único desarrollo posible del programa democrático

¿Y entoces qué era dictadura?

Para acabar de intentar aprehender todo lo que la palabra «democracia» implicaba o significaba durante la revolución tenemos que dar unas notas, siquiera pobres, sobre la teoría marxista del estado. Para el marxismo el gobierno de una clase, la institucionalización de sus necesidades en el estado, es siempre una dictadura de clase. Para todos los marxistas tan dictadura de clase fue el gobierno parlamentario de las primeras etapas de la guerra civil inglesa y la revolución francesa como las dictaduras posteriores de Cromwell y Robespierre.

Por eso «dictadura» también tiene dos significados en la revolución rusa: el primero es el clásico, la toma del poder político en el estado por un grupo concreto, un partido o un grupo militar. Es el peligro de dictadura que se denuncia ante el ascenso del general Kornilov y su intento de golpe de estado durante el verano. Representa el intento de la burguesía y las clases latifundistas de recuperar el poder perdido frente a los soviets mediante un golpe y una represión generalizada. En este sentido, como es obvio a la amenaza de dictadura se opone la democracia (las clases trabajadoras).

El segundo significado es el de «dictadura del proletariado» que en 1917 se enuncia como «todo el poder para los consejos obreros». Tiene formas asamblearias y articula una participación directa masiva, irrestricta para los trabajadores y excluyente para las clases no trabajadoras. Esta acepción de dictadura no se opone a democracia, al contrario, se plantea y así lo argumentan las asambleas de fábrica tras el golpe de Kornilov, como una radicalización de la democracia en la medida en que significaba entregar el poder político a una nueva institucionalidad propia de los trabajadores (y como hemos visto a «menos burguesía», siquiera fuera pequeña burguesía, «más democracia»).

A un nivel más profundo, el que moldeaba la mirada de los marxistas de la época, se trataba de hecho de la única forma posible de «democracia». Para los marxistas, el proletariado es una «clase universal»: al no ser explotadora, sus necesidades no son necesidades particulares, no representan a una parte de la sociedad buscando explotar a otras y dando forma a la sociedad para poder hacerlo, sino necesidades humanas genéricas (reducir el tiempo de trabajo forzado por la necesidad, liberar el desarrollo de conocimiento, etc.). Un estado estructuralmente conformado para desarrollar este programa, para satisfacer estas necesidades, el famoso estado en extinción, sería el primer estado de la Historia en emprender la reunificación de una sociedad fracturada en clases. La antesala del «verdadero comienzo de la Historia Humana».

«Qué era Democracia» recibió 0 desde que se publicó el Lunes 7 de Agosto de 2017 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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