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Qué era el populismo

El partido eserita, el gran beneficiario de la revolución de febrero, se convierte en el partido contra el que la revolución choca a cada paso desde marzo. Y finalmente será el partido contra el que se haga la revolución en octubre. El populismo, más allá de la ambigüedad altisonante, solo puede sobrevivir como último recurso de las estructuras de poder que pretende combatir.

El populismo es el mayor movimiento político organizado en la Rusia de la revolución de febrero de 1917. La dirección de su principal expresión, el «Partido Socialista Revolucionario», llamado «eserita», está hecha de intelectuales demócratas más o menos radicalizados con ideas socialistas. Representa a la gran mayoría del campesinado y tiene una pequeña pero creciente base urbana entre las clases medias y los cuadros medios de las fábricas. Son los grandes beneficiarios de la primera parte de la revolución -febrero- y su ala derecha, partidaria de seguir en la guerra mundial, lidera desde julio el gobierno provisional, estableciendo pronto un verdadero culto a la personalidad de su líder: Kerensky. Su ala izquierda, que quiere parar la guerra y hacer inmediatamente la reforma agraria, es hegemónica entre los primeros soviets rurales y compite con los bolcheviques por la mayoría en los soviets de soldados, pues la gran mayoría de las tropas eran campesinos pobres movilizados. El partido participa también en los soviets obreros, donde en principio, se plantea plantar cara a los socialdemócratas de izquierda de Martov (mencheviques internacionalistas), Lenin (bolcheviques) y Trotsky, que tiene un fuerte prestigio por haber dirigido el primer soviet 12 años antes -en la revolución de 1905- y todavía no se ha unido a Lenin para formar el Partido Comunista. ¿Quiénes eran? ¿De dónde venían estos «populistas»? ¿Qué fue de ellos en la revolución?

El populismo era el gran movimiento político contestario y el hegemónico en la revolución rusa de febrero 1917

Los orígenes

En 1861 el zar Alejandro II abole la servidumbre. La reforma elimina los derechos feudales de los terratenientes y convierte la tierra y el trabajo en mercancías que pueden ser compradas y vendidas libremente en el mercado. Además, perdona las deudas de los terratenientes nacionalizando una cierta cantidad de tierras que entrega a las instituciones comunales campesinas para su explotación colectiva. A cambio, los siervos liberados pagarán un impuesto de por vida notablemente menor que la exacción feudal -se calcula que los latifundistas se quedaban con aproximadamente un tercio de la producción de sus siervos. Es el comienzo del ascenso del capitalismo en Rusia. El cambio impulsa el nacimiento de una burguesía rural creando una base social para la alianza entre la burguesía industrial reformista y la aristocracia ultraconservadora. Es el punto de arranque de una «nueva Rusia».

El liberalismo de las clases medias urbanas, radicalizado durante los años de represión e inmovilismo, queda descolocado. Pocos son los líderes liberales que entienden el cambio. La mayoría buscarán acomodo bajo el régimen. Sin embargo, Chernyshevsky, encerrado en la fortaleza de San Pedro y San Pablo, la particular Bastilla rusa, pide permiso para escribir una novela por entregas. El permiso es concedido. Los censores esperan, con tanta avidez como el público liberal de la época, un balance del movimiento y una dirección para el futuro. Pero Chernyshevsky entrega otra cosa… que pasa la censura sin problemas: la historia de una pareja joven que decide consagrarse a la causa del cambio social tomando los primeros experimentos cooperativos de Robert Owen como modelo. Es el famoso «¿Qué hacer?» (1863) seguramente una de las obras de ficción más influyente políticamente de todos los tiempos. Chernyshevsky se ha dado cuenta de que los cambios sociales han hecho inevitable una ruptura generacional entre los hijos de las clases medias y sus padres liberales.

El impacto de la novela es tremendo y de largo alcance. El mensaje principal del libro, la necesidad de «ir hacia el pueblo» para poner en marcha el cambio social, se convierte en el eslogan de la nueva generación. Un pequeño grupito, «Земля и Воля» («Tierra y libertad»), fundado en 1861 sobre las ideas de Herzen que ve en el campesinado a la clase revolucionaria en una sociedad como la rusa, se convierte en el primer germen de las nuevas ideas que, durante casi dos décadas serán, más que nada, una corriente de opinión circunscrita a pequeños grupos clandestinos de jóvenes intelectuales capitalinos.

La evolución social abierta por el fin de la servidumbre pone en cuestión sus creencias. En 1874 estallan por toda Rusia conflictos entre las organizaciones comunales de campesinos y los «kulaks» la pequeña burguesía agraria emergente. La «revolución campesina» parece echar a andar sin el concurso de sus teóricos. El grupo constata su desvinculación de los movimientos campesinos reales y decide hacer literal aquello de «ir hacia el pueblo». Centenares de jóvenes marchan a hacer propaganda en las regiones rurales. En muchas son recibidos a palos por los propios campesinos que les temen como temen todo lo que viene de la ciudad. En otras son directamente asesinados y en algunas quemados en hogueras públicas. Sin embargo, consiguen poco a poco construir una primera base social… que no será lo suficientemente sólida sin embargo para resistir en 1877, cuando intenten su primer levantamiento popular, a la represión de la mítica «охранка», la policía política zarista.

La experiencia y los debates que siguieron al movimiento del 77 acaban llevando inevitablemente a la ruptura interna. Por un lado surgirá una rama terrorista, «Наро́дная во́ля» («Voluntad del pueblo»), que conseguirá asesinar al zar en 1881 y que se convertirá en el modelo del «coco» terrorista para la prensa conservadora europea de la época. Por otro lado, se forman las teorizaciones «maduras» del populismo alrededor de los trabajos de un jóven Plejanov -que llevará el marxismo a Rusia y acabará abjurando del populismo para convertirse en el representante de la ortodoxia de la II Internacional- y sobre todo de Vera Zasulich (Вера Засулич) que también se convertiría años más tarde en una de las principales traductoras de Marx y uno de los principales líderes socialdemócratas rusos, cabeza de la oposición menchevique a Lenin hasta su muerte en 1919.

La nueva ideología tiene el espíritu del «Qué hacer» y el fundamento de Herzen pero busca incorporar el lenguaje del marxismo. Hoy conocemos sobre todo las bases teóricas de aquel primer populismo por las cartas que la joven Zasulich cruza con Marx. Defienden la posibilidad del paso a un nuevo modelo socioeconómico directamente desde la община («obshina»), la comunidad rural que explotaba tierras comunales. Imaginaban que dado que lo más difícil, la instauración de la propiedad comunal, ya era una realidad masiva en Rusia, de lo que se trataba era de llevar educación y tecnología a los campesinos, no dejar que se privatizara lo común en espera de que formase una burguesía que a su vez creara un proletariado que, organización masiva mediante, hiciera una revolución. En ese movimiento y con esos objetivos nacerán las primeras comunidades igualitarias rusas y una multitud de círculos narodniki desorganizados, pero sobre todo un flujo constante entre la juventud rebelde de clase media urbana y las zonas rurales.

Al llegar el nuevo siglo casi todo lo que en ese magma «progre» no ha marchado a la socialdemocracia marxista -ya fuera reformista o revolucionaria- convergerá en el Partido Socialista Revolucionario, los famosos «eseritas» cuyo programa agrario sería adoptado por los bolcheviques -en detrimento de su propio programa- en el momento clave de la revolución: el segundo congreso de los soviets y la insurrección de octubre. Esa alianza, quedaría inmortalizada en el símbolo más duradero de aquellos días: la hoz y el martillo.

Si el martillo era proletario y bolquevique -había sido un símbolo de la socialdemocracia desde la I Internacional- la hoz era definitivamente campesina… y eserita.

Si el martillo era proletario y bolchevique, la hoz era campesina... y populista

¿Qué era realmente el populismo?

La expresión política del radicalismo democrático de las clases medias tuvo expresiones distintas según el desarrollo económico de cada país europeo. En Inglaterra evolucionó hacia el feminismo y el reformismo fabiano, en España hacia el republicanismo federal y en Francia daría paso a distintas formas socializantes del nacionalismo republicano dentro (Jaurès) y fuera de la SFIO, primera forma de la socialdemocracia francesa.

Si en Rusia tomó una forma especial, la primera en ser llamada «populismo», fue por la cambiante estructura social de una sociedad recién salida de la servidumbre. Así, la imaginación de la juventud radical primero puso el sujeto del cambio por venir en el campesinado, en realidad un conjunto de clases sociales en absoluto armónico que, sin embargo para ellos se presentaba en principio como algo homogéneo. Luego, tras los sinsabores de la «marcha al pueblo» y las primeras señales de lucha entre los kulaks (campesinos propietarios ricos) y el resto de clases campesinas, los kulaks quedan fuera de la definición de «pueblo» y entran los propios intelectuales y clases medias urbanas rurales. Finalmente, con las migraciones campesinas a la ciudad y el desarrollo de una clase trabajadora masiva en la Rusia europea -que llegaba entonces hasta la frontera alemana- los obreros se unen a la definición eserita de «pueblo», aunque con su discurso, cada vez más nacionalista, solo consigan agrupar a los elementos más conservadores y posibilistas.

Al final, las contradicciones entre los intereses de las diferentes clases que querían movilizar bajo el significante común de pueblo, incluso en el medio rural, serán tales que el eserismo no podrá sino estallar.

Los populistas van ampliando y delimitando qué es «pueblo» hasta que las contradicciones les hacen estallar

Rupturas y reagrupamientos

Los primeros en marchar, antes de la revolución, serán los tрудовики́ («trudóviki», o laboristas) y los энeсы («enesi», cuasi fabianos) por la derecha, representantes de los sectores urbanos del partido -fundamentalmente profesionales, obreros cualificados y mandos intermedios- que tienen el parlamentarismo como un fin en sí mismo. Su objetivo principal tras la revolución de febrero será conseguir la estabilización de la república -es decir, disolver los consejos obreros- y ganar la primera guerra mundial, lo que les lleva, ante la presión de los soviets -especialmente los de soldados y jornaleros agrarios- a echarse en manos del núcleo derechista del partido.

Esta tendencia, que es la que forma gobierno gracias a la revolución de febrero, pondrá a Kerensky -un antiguo «trudoviki»- de vicepresidente primero y luego, en julio, de presidente y mantendrá siempre predicamento entre intelectuales y clases medias rurales, incluidos muchos campesinos propietarios y, al menos en los primeros meses, un notable ascendiente en el campesinado pobre. Pero, con su nacionalismo, su intención de que los soviets entregaran el poder a un parlamento electo y sobre todo con su decisión de mantener a Rusia en la gran carnicería de la guerra mundial, su erosión pública irá a la par de la de los frentes de batalla y estará condenada a crecer cada vez que amague enfrentar el control obrero en las fábricas y el desorden en el campo, lo que les acercará y le hará depender cada vez más de la derecha liberal zarista, nacionalista y belicista a ultranza.

Finalmente, en plena revolución de octubre, se segrega el ala izquierda del eserismo, representante de los campesinos movilizados en el ejército que querían una paz inmediata -como la propugnada por los bolcheviques- y de los campesinos pobres y jornaleros que querían repartos de tierras cuanto antes y estaban ocupando tierras sin esperar a una reforma agraria propuesta por la dirección eserita.

El populismo y la revolución

La revolución rusa es encabezada por consejos obreros y de soldados, y es seguida de una agitación campesina masiva. Aunque el eserismo llegó al poder sobre este movimiento, tenía poco que ofrecer salvo una espera costosa tanto en anhelos como en vidas. Los obreros, que controlaban las fábricas, no iban a ceder el poder recién ganado tan fácilmente a cambio de promesas de futuras reformas parlamentarias progresistas, es más, descubrirán hasta qué punto tenían más poder del que imaginaban. Los soldados que habían desertado masivamente no iban a aceptar de buena gana una vuelta al frente para «defender las conquistas de febrero» frente a un estado vecino cuyos propios soldados y trabajadores acabarían siguiéndoles en la revolución. Y los campesinos, que estaban haciendo la reforma agraria anhelada durante décadas por su propia mano, no iban a retirarse de las tierras ocupadas en espera del fin de la guerra y una ley. Ley que además tendría que ser aprobada por una duma (parlamento) condenada a competir con los mismos soviets que estaban organizando las tomas de tierras.

Populistas son los beneficiarios de febrero, lastre en marzo y el partido contra el q se hace revolución en octubre

De ese modo, el partido eserita, el gran beneficiario de la revolución de febrero, se convierte en el partido contra el que la revolución choca a cada paso desde marzo. Y finalmente será el partido contra el que se haga la revolución en octubre.

El poco más de medio año que media entre los dos grandes momentos revolucionarios, febrero y octubre, es lo que tarda en implosionar el concepto de «pueblo» en medio de un conflicto generalizado y sin ambajes entre las principales clases de la sociedad rusa del momento. Los eseritas no pueden conjugar la democracia y los soviets, la paz social en el campo y la reforma agraria, el nacionalismo y el hambre de paz.

La Hª de la revolución rusa entre febrero y octubre es el relato de la implosión del concepto de «pueblo»

La imposibilidad de mantener «significantes flotantes» en un momento en el que el poder ya no reside únicamente en el estado, muestra la inviabilidad del «nacionalismo popular» cuando el conflicto social alcanza a cuestionar el poder porque aparecen expresiones autónomas de las distintas clases. O lo que es lo mismo, demuestra como el populismo, más allá de la ambigüedad altisonante, solo puede sobrevivir como último recurso de las estructuras de poder que pretende combatir.

El populismo solo puede sobrevivir como último recurso de las estructuras de poder que pretende combatir

«Qué era el populismo» recibió 3 desde que se publicó el domingo 23 de julio de 2017 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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  1. […] sin haber desarrollado antes la productividad hasta el límite de la desmercantilización, como pensaban en su día los populistas, y fantasearon después los stalinistas con su «socialismo en un solo […]

  2. […] La bandera roja era usada por todos en febrero, especialmente por el gobierno menchevique y eserita apoyado por los liberales que llega al poder entonces, como se ve en el cartel de la ilustración […]

  3. […] La idea de convertirlos en cooperativas de trabajo no era inocente. Shohat se había formado en el partido eserita, el heredero de la tradición campesina revolucionaria rusa, y pensaba que el futuro pasaba por […]

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