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Qué era el socialismo

¿Qué significaba «socialismo» hace un siglo, antes de que la palabra se vaciara de significado?

Desde los primeros pasos del movimiento obrero, en la primera mitad del siglo XIX, con Cabet y los icarianos, aparecen dos ideas fundamentales: las sociedades pueden ser transformadas conscientemente y existe una tendencia de fondo bajo el progreso que hace posible construir, a más o menos largo plazo, una sociedad de abundancia, esto es, una sociedad donde no exista el problema económico, la escasez.

  1. La sociedad puede ser transformada conscientemente. Que las sociedades y las formas económicas que las sostienen tienen una naturaleza histórica, es decir, no son inmutables ni una mera expresión de «la naturaleza humana». Las sociedades evolucionan y se transforman siguiendo una lógica propia que es hasta cierto punto ajena a la voluntad consciente de los contemporáneos. El movimiento obrero, desde Cabet en adelante, dará una gran importancia a la ciencia en general y a las ciencias sociales en particular, como herramientas para poder hacer consciente y dirigir ese cambio hacia el que constantemente empujan las fuerzas económicas, incluido el cambio tecnológico.
  2. La meta final es una sociedad de la abundancia. Porque la Historia tiene una tendencia de fondo, el progreso, una tendencia a largo plazo a desarrollar la productividad del trabajo gracias a la incorporación de conocimiento a la producción. Un fenómeno que se produce en toda superación «exitosa» de un sistema socioeconómico, obviamente no cuando el viejo sistema colapsa. Con todo, en el «gran cuadro», el progreso es mesurable y por tanto muestra un «punto de fuga», un lugar hacia el que convergen el desarrollo del trabajo y el conocimiento: la abundancia, la solución del «problema económico».
Socialismo partía de 2 ideas: sociedad puede transformarse racionalmente + la abundancia es un futuro posible

Además, desde el principio, los socialistas de todas las tendencias tienen claras un par de cosas sobre esta sociedad de la abundancia:

  • Es una sociedad desmercantilizada: las cosas no son escasas, cada cual toma lo que necesita de la producción total sin que nadie pueda recrimilarle nada, por eso las cosas no tienen valor de cambio, no tienen precios, por eso no haría falta el dinero.
  • El trabajo en una sociedad así cambia de naturaleza: pasa a ser fundamentalmente intelectual, colectivo y humanizador porque son las máquinas, los robots, los que llevan a cabo fisicamente la mayor parte de la producción.

    Y esa comunidad desarrollará la inteligencia humana hasta sus límites últimos; abrazará las artes y los disfrutes de la civilización sin otros límites que los de la razón y la igualdad; admitirá un infinito número de máquinas y se propondrá que su meta sea reducir el trabajo humano al trabajo de la inteligencia, el trabajo de un creador y director de máquinas.
    Etienne Cabet. «Almanaque Icariano» (1843)

    Se reduce así el tiempo necesario de trabajo «forzado por la necesidad»:

    karl marx[Veremos entonces] la reducción del trabajo necesario de la sociedad a un mínimo, al cual corresponde entonces la formación artística, científica, etc., de los individuos gracias al tiempo que se ha vuelto libre y a los medios creados para todos.
    Karl Marx, Grundisse, (1852)

    Incluso Keynes, un liberal con preocupaciones sociales, insistirá en esta idea casi un siglo después de Cabet:

    Por primera vez desde su creación, los humanos tendrán que enfrentarse a su problema real y permanente: cómo usar su libertad recién alcanzada frente a las preocupaciones económicas y ocupar el ocio que la ciencia y el interés compuesto habrán ganado para ellos, para vivir sabiamente, de forma agradable y buena.
    J.M. Keynes, «Las posibilidades económicas de nuestros nietos» (1930)

Abundancia significaba fin de escasez y por tanto de la necesidad de intercambio/ dinero y fin del trabajo obligado

¿Y hasta la abundancia qué?

Este es la base común. Hasta aquí todo el pensamiento socialista, desde el anarquismo colectivista de un Kropotkin al liberalismo social de un Keynes pasando por los teóricos del reformismo socialdemócrata, Rosa Luxemburg y Lenin, estarían básicamente de acuerdo. Ahora vamos a lo interesante: cómo se pasa de un lado a otro, del ahora capitalista al mañana de abundancia.

Porque en lo que todos estarían de acuerdo es en que el paso directo a la abundancia no era posible. El desarrollo de la productividad, la capacidad para producir de todo con casi nada, todavía no había alcanzado el nivel que lo haría posible. ¿Y entonces? Entonces, cabalgar la escasez, cambiando las formas de gestionarla hasta que el desarrollo tecnológico haga posible la abundancia. Otro acuerdo general e implícito.

Las distintas formas del socialismo eran distintas estrategias para llegar a la abundancia

Y aquí es donde empiezan las diferencias de fondo. Ahora ya no hablamos de cómo sería una sociedad de la abundancia (es decir, el «comunismo»), sino de cómo se llega a él, cómo sería una sociedad todavía de escasez capaz de transformar paulatinamente el capitalismo hasta llegar ahí. Estamos hablando de «post-capitalismo» o, como se le llamaba en la época: «socialismo». Lo que nadie dudaba era que el socialismo, como quiera que fuera a definirse, sería, al menos en principio, poco más que un capitalismo «embridado» por los intereses de los trabajadores, que en tanto que intereses humanos genéricos (bienestar, educación, etc.) representarían, al imponerse a la lógica del capital y del mercado, las primeras materializaciones, los primeros pasos, de la futura sociedad de la abundancia, sociedad cuyo centro habría de ser la satisfacción de las necesidades humanas en lugar de la reproducción del capital. A esta imposición, que se imaginaba democrática, los marxistas le llamaban «dictadura del proletariado» para horror de los bakuninistas, en la medida en que para ellos todo estado era en realidad una dictadura de la clase social que consiguiera imponer de modo sistemático sus intereses económicos.

Socialismo era modelo de estado q «embridaría» al capitalismo para conducirlo hacia abundancia a costa del capital

Socialismos

Para Keynes y en general para el liberalismo social la abundancia es una mera cuestión de posibilidad tecnológica, un capitalismo gestionado racionalmente a través de los instrumentos de política monetaria y fiscal, podría llegar -pensaba en 1930- por sí mismo a superar el problema económico. Y daba plazo: un siglo, 2030. Fabianos y social-reformistas como Berstein estarían de acuerdo a grandes líneas. Se trataría de contener o suavizar las crisis, evitar los «excesos» de desigualdad del sistema y mantener el rumbo mientras el propio capitalismo nos conduciría hacia su superación.

Para el socialismo obrero era más complicado. En realidad, la discusión tenía que ver con las formas institucionales: ¿los trabajadores podían confiar en la democracia parlamentaria para imponer sistemáticamente su programa en base a su mayor número? Marx durante buena parte de su vida aceptó, aun con dudas, la posibilidad. Y si era así la reforma no solo era posible sino el camino más seguro para transformar el capitalismo. Si no, si la democracia parlamentaria no podía cambiar las reglas del juego económico, la revolución era necesaria… pero la revolución ni siquiera era planteable si los trabajadores no tenían capacidad para organizar, acto seguido, un sistema institucional propio.

Por eso la Comuna de París en 1871 fue tan importante para la definición de los distintos socialismos revolucionarios. La organización de la Comuna, una democracia directa asamblearia, representó para Marx («La guerra civil en Francia») «la forma al fin encontrada» de las instituciones socialistas. Durante la revolución rusa de 1905, la eclosión masiva de este tipo de asambleas territoriales de obreros, llamados ahora «soviets» o «consejos obreros», fascinó a la siguiente generación de marxistas para quienes confirmaba la mirada del maestro, pero también sus propias batallas con el reformismo de Berstein o Hilferding y la ortodoxia marxista socialdemócrata de los Kautsky, Plejanov o Labriola.

Porque además, al surgir los soviets de la extensión de las huelgas y la fusión de los comités de huelga y de las asambleas de las distintas fábricas en lucha, se imponía elaborar toda una nueva teoría de la revolución, cuyos hitos vendrían primero de Rosa Luxemburg («Huelga de masas, partido y sindicatos»), de Trotsky después («1905») y finalmente, en vísperas de la revolución de 1917, de Lenin («El estado y la revolución»). Como remate, la crítica «consejista» de estos dos últimos, sería elaborada en los años 20 y 30 por distintos grupos de la «izquierda comunista», siendo su teórico más conocido Pannekoek («Los consejos obreros»).

En conjunto, y con muchos matices, diferencias y disputas entre ellos, los marxistas habían llegado a encontrar una institución capaz de materializar la paulatina «disolución del estado» anunciada por Engels. La constitución del «estado de transición» no sería otra cosa que el traspaso de la soberanía del estado a ese tejido social productivo y auto-organizado. En otras palabras: la toma del poder por una gigantesca red de «consejos», una forma organizativa que en realidad se parecía a una gran cooperativa de trabajo territorial. La «transición del socialismo al comunismo» sería una paulatina desmercantilización conforme los soviets pudieran ofrecer gratuita y universalmente aquello que la tecnología les permitiera producir sin costes marginales relevantes, del mismo modo que hoy cooperativas como la nuestra que editaban y vendían libros en papel pasaron a elaborarlos y distribuirlos en forma electrónica gratuitamente. Avance a avance, la abundancia -reprimida en el capitalismo por la necesidad de hacer rentable el capital- se abriría paso con la nueva estructura político-económica. Y al hacerlo, el ámbito de poder de tales «macrocooperativas» se reduciría y por tanto el estado se estaría, en expresión de Engels, «extinguiéndose». E socialismo tal como lo veía aquella generación de marxistas no era otra cosa que el resultado de la mezcla de nuevas tecnologías y democracia directa de los trabajadores en sus propias instituciones, los consejos. En famosa consigna de Lenin: «soviets y electricidad».

Pero en la medida que el soviet era el resultado de las huelgas masivas, es decir, que nacía con la revolución y pasaba de ser la estructura que la dirigía a dirigir la sociedad entera, no podía ser creado -o recreado- por decisión de un partido o un grupo militante. Según algunos testigos contemporáneos, como Isaac Deutscher, eso es lo que explicaría el paso de la revolución al stalinismo, de la democracia directa a la dictadura de partido.

Los soviets de 1921-22 [guerra civil], a diferencia de los de 1917 [revolución de octubre], no eran y no podrían haber sido representativos, representaban a una clase trabajadora virtualmente inexistente. Eran criaturas del partido bolchevique; y por eso cuando el partido de Lenin reclamaba derivar sus prerrogativas de los soviets, en realidad, las derivaba de si mismo

Esta posibilidad fue percibida y teorizada también por autores que no pertenecían al mundo marxista o consejista, sino a los entornos libertarios de la época. Buber entrecomillando a Landauer apuntó que los límites de la revolución política -o en general del cambio político- en su intento de «embridar» al capitalismo vendrían dados por el tejido y la cultura ya autónoma y distribuida en el momento del cambio. Con todo lo que el soviet pudiera significar en la revolución no podía sustituir a la existencia previa de un tejido productivo auto-organizado:

El establecimiento de la sociedad «fuera» y «junto» al Estado será «el descubrimiento de algo existente y que se ha desarrollado». Existirá entonces realmente, además del Estado, una comunidad, «no una suma de individuos aislados, sino una solidaridad orgánica que se quiere extender a base de diversos grupos hasta formar una especie de bóveda». Pero la realidad de la comunidad tendrá que despertarse.

Esa idea, ese soviet anterior y posterior a la revolución política, que para Buber se materializa en la «cooperativa integral», tomará forma para Tabenkin en el «kibutz», idealización de una gran «kvutza», una comunidad igualitaria como Degania (1909) que crece y escala hasta hacerse la estructura económica principal de la nación.

Socialismo significaba desde el reformismo parlamentario a los consejos obreros pasando por las coops y el kibutz

Conclusiones

Socialismo era para muchos -social-liberales, reformistas e incluso algunos marxistas de la socialdemocracia- un punto al que se llegaría por la transformación y reforma parlamentaria. A esa tradición se dirigían los que saludaron el «estado del bienestar» de la posguerra europea como un nuevo sistema socioeconómico «irreversible». Para otros, socialismo era el gobierno de los consejos obreros, «forma al fin encontrada» en la que las instituciones formadas espontáneamente en las luchas obreras se convertían en estructuras de un estado «en transición». Y para unos pocos, socialismo era el proceso mediante el que las formas autónomas del trabajo (cooperativas, comunidades igualitarias, kibutz) se desarrollan hasta convertirse en estado. O no-estado como hubieran preferido denominarlo kropotkinianos y anarcosindicalistas, cuyo modelo de «socialismo libertario», una adaptación del sindicalismo revolucionario de Sorel y la CGT francesa, que utilizó elementos de los de consejistas y kibutzim sustituyendo soviets o kibutz por el sindicato como organización de base. Y por supuesto, para otros muchos era un término «amplio» que incluía todos los solapamientos y mezclas posibles de las anteriores alternativas.

Socialismo era un conjunto de estrategias q declaraban objetivo común: reconducir capitalismo hacia abundancia

«Socialismo» era, al fin, la forma en que se llamaba lo que hoy se denominaría unas veces «post-capitalismo» y otras «anti-capitalismo» y hacía referencia tanto al movimiento en sí como a sus objetivos. Se trata en realidad de un conjunto de estrategias que parten de un mismo lugar -la idea de que la sociedad puede ser transformada y organizada racionalmente- y que pretenden llegar a un mismo futuro: la sociedad de la abundancia.

Socialismo era la forma tradicional en el movimiento obrero de llamar a lo q hoy se denominaría post-capitalismo

«Qué era el socialismo» recibió 12 desde que se publicó el lunes 10 de julio de 2017 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. Juan Ruiz dice:

    Realmente en esa transciçon hacia la sociedad sin clases de la abundancia se separaron los marxistas y los anarquistas. Por ello quizás unas palabras sobre ello, y sobre todo sobre lo que fue la experiencia anarquista en España también puede orientar, en esa misma línea, lo que es la definición del socialismo como concepto y experiencia para encarar la descomposición del Estado.

    • Uy pero si lo he puesto!! Incluso haciendo una referencia al anarcosindicalismo (que no se inventó hasta años después)! El objetivo de la serie es dar el contexto para entender la revolución rusa -de la que este año se cumple un siglo- y la verdad creo que si queda cojito por algún lado este post es por no hablar de los eseritas (el socialismo campesino heredero del populismo ruso) que fue tan importante entonces y sobre el que habrá que hacer algún post específico también.

  2. Juan Ruiz dice:

    Entonces en ese marco revolucionario de 1917 quizás tampoco estaría mal anotar los movimientos anarquistas que se rebelaron contra la centralización bolchevique. Me refiero a las revueltas de los majnovistas en Ucrania, y otros intentos de mantener el sentido originario de los soviets.

    • Si hombre, pero estamos en el contexto para entender qué significaban las palabras antes de febrero de 1917. De Majno, que vino bastante después, circunscrito a Ucrania -un lugar con unos condicionantes propios durante aquellos años- ya hablaremos si acaso dentro de la comprensión del campo y el nacionalismo. Personalmente creo que la CNT lo mitificó mucho más allá de lo que merecía cuando vemos su contexto. Mucho más interés tuvo el anarquismo obrero -aunque muy minoritario- y su influencia -un tema también más fruto de la mitología que del contraste de datos- en la segunda insurrección de los marinos de Kromstad… pero lo dicho… más adelante! 😀

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