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¿Qué es el Laborismo?

El Laborismo es la consecuencia social y política de la afirmación de la centralidad del trabajo. Laborista es aquel que piensa que el trabajo es el centro del sistema social y que por tanto es el elemento central a la hora de transformarlo.

El Laborismo es la consecuencia social y política de la afirmación de la centralidad del trabajo. Laborista es aquel que piensa que el trabajo es el centro del sistema social y que por tanto es el elemento central a la hora de transformarlo.

Laborismo es pensar la sociedad y su transformación desde la centralidad del trabajo

Empecemos por lo más básico. La sociedad es un producto de la necesidad. Los humanos tenemos una serie de necesidades vitales -alimentación, alojamiento, ropa, etc.- y para satisfacerlas necesitamos transformar la Naturaleza, algo que solo podemos hacer organizándonos en grupos y redes. El capitalismo o el feudalismo, como todos los sistemas socioeconómicos que les precedieron o acompañaron en la Historia, no es sino una forma de organizar el trabajo humano para que produzca. Así que, para el laborismo, el manido deseo de «cambiar el mundo» o «transformar el sistema» solo tiene sentido si significa cambiar la forma en que se organizan el trabajo y las relaciones sociales que le dan forma hasta que se traduce en producción.

Hay por supuesto muchas otras relaciones sociales: el consumo, el papel de tal o cual grupo social, la organización de la familia, el concepto de amistad… Pero todas ellas se ven limitadas y sometidas a lo que hace el corazón del sistema social en cada lugar y momento histórico como un todo, a aquello que no puede tocarse sin que al hacerlo estemos cambiando el orden social entero: la organización del trabajo y su relación con todo aquello que permite hacerlo, desde el conocimiento al capital pasando por los recursos naturales.

Desde la mirada laborista las cooperativas de trabajo, las comunidades productivas igualitarias, las sociedades laborales y otras formas de empresa propiedad de quienes trabajan en ellas son la vanguardia de la transformación social.

Para el Laborismo las empresas propiedad de sus trabajadores son la vanguardia de la transformación social

Consumismo vs laborismo

Producción - ConsumoEntre las ideas que defienden la necesidad de transformar la organización social, el laborismo choca fundamentalmente con el «consumismo». Las teorías consumistas defienden que la sociedad actual puede -y debe- ser transformada por los consumidores que tendrían poder para hacerlo mediante la elección «consciente» y comprometida de aquello que compran.

El consumismo nació en 1895 en Gran Bretaña, ligado a aquellos sectores «sociales» de la iglesia anglicana que veían como un peligro la puesta en cuestión del régimen de propiedad tanto por los sindicatos como por el universo de empresas, servicios y cofradías poseídas y organizadas por grupos de trabajadores que florecía en «el continente». Tomaron como mito y modelo a los famosos «pioneros de Rochdale», creadores del primer economato. El resultado, el universo organizado hoy por la «Alianza Cooperativa Internacional», disolvió a las cooperativas de trabajo, las cofradías y las sociedades laborales en un magma gigantesco de «cooperativas» de consumo y crédito que por su propia naturaleza representaban formas de relación social y estructuras de poder muy diferentes.

Son raras las ausencias en una asamblea de una cooperativa de trabajo porque es extraño renunciar a participar de la dirección de aquello que ocupa nuestro día, sostiene nuestro entorno y genera nuestro sustento; en cambio, millones de personas pertenecen a mutuales de automóvil, crédito o salud y cooperativas de consumo muchas veces sin saberlo siquiera: lo que les aporta en su vida no es ni tan solo equivalente al esfuerzo que supondría para ellos informarse y asistir a una asamblea. Mientras la ética laborista del cooperativismo y la «autogestión» trata de eliminar la diferencia entre «gestores y gestionados», la realidad del cooperativismo de consumo y el mutualismo -como la de las grandes ONGs- es la de una clase de «gestores» profesionalizados separados de unos «socios» en su mayoría ausentes tanto del día a día como de las grandes decisiones.

El «voto» con su compra de los consumidores no reduce la desigualdad ni hace más democrático el mercado

En los últimos años esta diferencia entre la mirada laborista y la consumista se ha materializado en dos definiciones opuestas de «Democracia Económica»: mientras para el laborismo democracia económica significa generalizar el acceso a la producción a las personas y comunidades organizadas democráticamente, para el consumismo significa «abrir» cuotas de poder en la gestión de las empresas a representantes profesionales de los «stakeholders», una definición de los «consumidores» ampliada a aquellos que acaban siendo consumidores más o menos involuntarios de la actividad de la empresa (el medioambiente, las administraciones, etc.).

Laborismo, consumismo y política

El foco de ambos movimientos no está en lo político, para ambos la política solo puede dar curso a lo que ya existe en la sociedad. Sin embargo ambos tienen también, lógicamente, visiones globales que se materializan en posicionamientos opuestos.

La gran reivindicación política del consumismo hoy es la «Renta Básica Universal». En la práctica la RBU es apoyada por amplios sectores gerenciales entre otras cosas porque apunta a una erosión del sistema de pensiones y Seguridad Social coincidente con los intereses de un sector financiero en crisis estructural. En esa línea cabe interpretar también «innovaciones» como la «pensión por consumo».

La reivindicación consumista es la RBU, la Laborista la reducción de jornada y la defensa de la Seguridad Social

Para la mirada laborista no se trata de propuestas bienintencionadas más o menos útiles. Si la idea de que el consumo sea la base para generar derechos sociales choca directamente con los valores laboristas, la RBU se percibe como el primer paso de una marcha atrás histórica que produciría sociedades más desiguales, nacionalistas y dependientes del estado. En su lugar, el laborismo, como corriente social que emerge en posicionamientos políticos, se expresa en las reivindicaciones de reducción de jornada, frenos a la precarización laboral y la desigualdad y en la defensa de los sistemas tradicionales de Seguridad Social basados en las aportaciones del trabajo.

Conclusiones

El «laborismo» hoy es la tendencia que anima movimientos que van desde el comunitarismo al sindicalismo, desde el cooperativismo de trabajo y las sociedades laborales a las «fábricas recuperadas» y la autogestión, desde la reivindicación de la reducción de jornada a la del trabajo garantizado. Es decir, es una tendencia muy amplia que, de momento, parece haber perdido la batalla de lo «cool» aunque sin duda gana la del impacto social real contra la desigualdad.

El Laborismo pierde de momento la batalla de lo cool pero gana la del impacto contra la desigualdad

«¿Qué es el Laborismo?» recibió 7 desde que se publicó el Miércoles 29 de Marzo de 2017 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. “A curious terminological divide: while Dutch- and English-speakers talk about the “sharing economy” and start from consumers (and their changing behaviors) to define it, French speakers rather talk about “collaborative economy” and take producers / workers as starting points in their definitions. Just a coincidence or a more fundamental disagreement? Not sure yet”

    Por lo menos se va detectando la diferencia. Leído aquí:
    https://blog.p2pfoundation.net/a-cooperative-approach-to-platforms/2017/03/30

    • Bueno, la verdad es que ya no importa como antes. Si algo bueno tenía que tener el Brexit y la emergencia trumpista es que en una temporada no debería preocuparnos tanto lo que argumenten o detecten estos chicos y en su lugar concentrarnos en cómo se define el discurso allá donde se van a formar los nuevos relatos. Una apuesta: no se escribirán en inglés… malgraix Varufakis

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