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Qué es la descomposición

La descomposición del sistema económico, político y social global nos rodea y condiciona toda la vida social, desde las relaciones internacionales a las personales. Entender la descomposición y su alcance es el primer paso para poder comenzar a superarla aquí y ahora.

Llamamos descomposición a la destrucción simultánea de las dos principales instituciones de la sociedad actual: estado y mercado. Se asocia el neoliberalismo casi exclusivamente a la erosión del estado del bienestar, pero en economías con empresas sobre-escaladas y capitales muy concentrados no se puede desregular como principio sin dañar irremediablemente el mercado. De hecho si el estado neoliberal es un estado en fuga de su responsabilidad con la cohesión social, el mercado neoliberal es un mercado fóbico al concepto de competencia que describen los modelos económicos liberales: la desregulación financiera irá de la mano de legislaciones a medida de los nuevos sectores atractivos para la inversión y los recortes sociales servirán para pagar las rentas directas a las macro-empresas. Sin reparo alguno, se llamará libre competencia al acuerdo entre oligopolistas e igualdad de oportunidades a las barreras de entrada. Para la inmensa mayoría de personas, el estado se convertirá en una garantía cada vez más débil sin que el mercado se les presente en ningún momento como alternativa o refugio. El mercado que las generaciones actuales conocieron, nunca dejó de ser un espacio ajeno, adverso e inaccesible. Y con un mercado concentrado y un estado automarginado y capturado, convertido en una gran fábrica de rentas para el capital sobre-escalado, el resultado no podía ser sino un incremento exponencial de la desigualdad.

La descomposición es el producto de una destrucción simultánea de estado y mercado que multiplica la desigualdad

La descomposición va mucho más allá de las consecuencias directas del abandono por el estado de las herramientas de la cohesión social. Es la forma que toma la vida bajo un estado capturado -del «capitalismo de amigotes» a los derechos de autor pasando por la corrupción y el «impuesto al Sol»- y un mercado concentrado en oligopolios globales y monopolios locales rentistas -de la recentralización de Internet al «big pharma» pasando por las telecos o las eléctricas.

Pero la descomposición no es algo característico de unos países o políticas aunque ciertas políticas puedan acelerarla y cada país la viva en distintos grados y con formas propias. La descomposición es un estadio histórico global porque todas las sociedades están cosidas a través de un único mercado mundial.

La descomposición es un estadio histórico global pq todas las sociedades están unidas por un único mercado mundial

En los lugares más afectados de la periferia, donde el estado era más frágil y el mercado nunca llegó a desarrollarse de forma inclusiva, la descomposición se hizo evidente cuando los sectores sociales expulsados del mercado y abandonados por el estado empezaron a ser rearticulados en cada vez más lugares por organizaciones de nuevo cuño: maras, «comandos» y grupos narcos en América, paraestados terroristas en Asia y Africa. Estas organizaciones son la expresión descompuesta de un mercado definido por redes, tráficos y capitales globales, pero afirman su parentesco y su deseo de dar continuidad al estado a través del monopolio de la violencia y del desarrollo de servicios sociales primitivos pero sistemáticos.

La descomposición llega a sus límites en la periferia global con la emergencia de paraestados criminales

Si las dos instituciones características del capitalismo -estado y mercado- han sido agentes y víctimas de la descomposición, la tercera gran institución social, la comunidad, tampoco ha salido indemne. De hecho seguramente sea el espacio en el que se ha hecho más cotidiana y dolorosa en los últimos 30 años. La destrucción del tejido de relaciones sociales y lazos comunitarios no había sufrido tanto desde aquella «gran transformación», aquella gran ola mercantilizadora que instauraró el capitalismo industrial a partir del siglo XVIII.

Esta dimensión de la descomposición es sin duda la más peligrosa porque es la que afecta directamente a las posibilidades de superación de la descomposición misma. Como vemos en el siguiente gráfico, si en los años setenta más de un 60% de los norteamericanos en edad laboral creía que se podía confiar en «la mayor parte de la gente», en 2012 el número de personas que lo aseguraba apenas superaba el 20% de los encuestados.

La descomposición ha erosionado todo lo comunitario al devaluar la confianza y las relaciones interpersonales

Esta erosión de las bases interpersonales de las relaciones humanas se traduce en una cultura del pesimismo, del «sálvese quién pueda», del morbo ante la catástrofe, de la angustia, de enaltecimiento del individualismo y el aislamiento que expresa la imposibilidad de creer que el sistema socio-económico pueda ofrecer algún futuro deseable para la especie humana.

Individualismo y pesimismo expresan la imposibilidad de creer que el sistema pueda ofrecer algún futuro deseable

Y la verdad es que es cierto. El sistema actual no ofrece un futuro deseable. Es difícil pensar que podamos superar la descomposición del sistema sin superar el sistema. Por eso hemos de ser capaces de ver en el hoy más allá de lo que hoy es dominante para ir más allá de las reacciones defensivas y construir aquí y ahora, paso a paso, las bases de un mundo nuevo.

«Qué es la descomposición» recibió 4 desde que se publicó el viernes 28 de abril de 2017 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. Juan Ruiz dice:

    ¿Podemos también entender parte del ascenso de los populismos, de Trump o Le Pen, etc. también por el apoyo que le ofrecen esas personas abandonadas por el Estado y precarizadas en el mercado? Y abandonados también por la izquierda tradicional. Y la gráfica resulta tremenda. Cada vez es mayor el % de gente que entiende que sólo puede trabajar con otro si media una coacción salarial, una necesidad vital, si existe un poder legal o económico que obliga.

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  1. Barcelona dice:

    […] la centralidad del trabajo, de nuestra capacidad para transformar el mundo y deshacer un sistema en descomposición cada vez más violento y excluyente… y por tanto más proclive a alimentar identitarismos con […]

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