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Qué necesita un relato para cambiar el mundo

Se trata de darle los elementos suficientes al lector para que sienta la curiosidad de imaginarse en un escenario social distinto. Pero nada más, si acaso una insinuación, un suspense, la promesa de una sorpresa.


Todas las historias de innovación de éxito tienen ganchos contraintuitivos. Es su forma de capturar a la audiencia. Hay un elemento de sorpresa, de incredulidad, que despierta la curiosidad. La historia de la literatura popular está llena de ejemplos: dioses que mueren y resucitan, animales que hablan, seres con poderes maravillosos… Y no es diferente en el pensamiento social: la autonomía de las leyes respecto a los poderosos, el sueño de un mundo sin patronos, la igualdad entre hombres y mujeres… Si la respuesta conseguida es un «¿te imaginas?» la idea puede prender. Los estudiosos aseguran que un relato de éxito tiene al menos tres ganchos. Pero la clave es que encajen entre sí para generar una suspensión del pragmatismo y la conformidad con la que solemos conducir nuestras vidas.

Sarah Perry argumentaba en un artículo ayer que sólo cuando todas las piezas encajan entre sí una innovación se hará viral. Daba dos ejemplos: la extensión del timón de bisagra, carácterístico del Atlántico, en el Mediterráneo y las novelas de detectives victorianas. Todas las piezas que caracterizaron las novelas de Sherlock Holmes ya estaban antes en otros autores, pero sólo cuando Doyle integró las pistas y el razonamiento deductivo en una narración lineal que permitía jugar y autoimaginarse al lector en el relato, el fenómeno se globalizó.

Es más, parece que cuanto más esfuerzo requiera el lector para casar coherentemente los elementos sorprendentes del relato, más memorable le resultará. Ni siquiera Buber parece haber entendido el efecto del farragoso «Viaje a Icaria» de Cabet sobre miles de obreros y artesanos de la época. Pero para ellos leer el libro fue una experiencia inolvidable, entre otras cosas porque era pesado y simplón y les costaba casarlo todo para poder verse a si mismos en un mundo nuevo. La historia les resultó inolvidable y marcó sus vidas: porque no pararon hasta hacer realidad esa imaginación. Los tres elementos básicos para la transferencia de ideas mediante un relato –suspense, curiosidad y sorpresa– funcionaban a toda máquina… pero no en el relato mismo, literariamente lamentable, sino en la imaginación del lector al ponerse a sí mismo en la narración.

Esta es la fuerza que invocan, a otro nivel, la ciencia ficción utópica y distópica, el steampunk o la Historia alternativa. Se trata de darle los elementos suficientes al lector para que sienta la curiosidad de imaginarse en un escenario social distinto. Pero nada más, si acaso una insinuación, un suspense, la promesa de una sorpresa. Los elementos de un relato coherente y atractivo sin la descripción explícita y con cierto rango de diversidad posible. Es lo que hicieron muy bien, la Renta Básica Universal para cierta clase social y entorno generacional, el iPhone y su pantalla táctil, o facebook y su muro.

¿Lo consigue el «Manifiesto Comunero»? ¿Da las suficientes pistas para que alguien desee y quiera imaginarse en la ética hacker, creando abundancia, viviendo de forma comunitaria? Dependerá obviamente del espíritu de época pero también de nuestra capacidad para relatar lo que hoy parece inimaginable.

«Qué necesita un relato para cambiar el mundo» recibió 4 desde que se publicó el Sábado 4 de Junio de 2016 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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