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Qué nos cuenta el mapa electoral en EEUU

El progresismo americano ve los resultados como una sorpresa porque eran impredecibles bajo el marco de la «identity politics». En realidad es la «identity politics» la que le ha llevado al desastre.

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La descomposición de las élites es un fenómeno global y dramático. En estas elecciones, ambos candidatos eran, en las encuestas a pie de urna, considerados «ni honestos ni confiables» por aproximadamente la mitad de los encuestados. No es un hecho puntual, no son solo Clinton y Trump, lleva largo tiempo incubándose y desarrollando un patrón fácilmente reconocible. Un patrón que, en esta fase, se traduce electoralemente en bofetones al establishment. Lo hemos visto ya en el Brexit, en el referendum colombiano y en los resultados electorales de no pocos países europeos.

mapa-trump-condadosPero si ese era el marco, el resultado electoral puesto sobre el mapa, nos está hablando de una sociedad que se fractura siguiendo líneas de conflicto nuevas haciendo suyos relatos subyacentes que no caben en las divisorias partidarias tradicionales.

  1. Por encima de las divisorias sociológicas habituales en el análisis político americano (sexo, raza, nivel de estudios) emerge una fractura entre el centro y la periferia del relato nacional muy similar a la del Brexit: las zonas rurales, los distritos obreros desindustrializados… todo lo que normalmente se interpreta en la lógica social desde los ejes políticos definidos en las grandes ciudades de servicios, ha dado la sorpresa. Sorpresa porque eran impredecibles bajo el marco de la «identity politics», de las estadísticas desde las que la universidad y la ciudad postindustrial se piensan a sí mismas. Ni siquiera hicieron falta grandes vuelcos, igual que en el mapa británico, ha bastado que se produzca una reducción de la ventaja esperada de Clinton en unos pocos lugares clave para que la noche electoral se tornara una pesadilla para la favorita.
  2. Las élites progresistas debían electoralmente al sindicalismo más de lo que admitían. La incapacidad de su acción para jugar un papel efectivo contra la desigualdad ha abierto la puerta a buenos resultados de Trump en ciudades industriales devastadas por la crisis como Detroit o Pittsburgh en las que a más de un tercio de los votantes les cuesta ya creer en el optimismo globalizador de los demócratas. Dicho de otro modo: el liderazgo de las élites postindustriales, globalistas y tecnocráticas ya no es hegemónico entre las grandes concentraciones de trabajadores de «cuello azul», el proletariado «de toda la vida».
  3. michigan-trump-clintonLa pérdida de credibilidad de las élites urbanas ha dado rienda suelta a un localismo xenófobo, nacionalista y victimista en el mundo rural, creando por primera vez desde el georgismo una conciencia rural diferenciada que tensa la cohesión territorial y cultural no solo donde ya esta era más frágil -entre las grandes regiones- sino dentro de los propios estados.
  4. EEUU no ha acabado de pagar el precio de la orfandad de las clases trabajadoras industriales y agrarias en descomposición. Están desprovistas de instituciones y discursos que les permitían representarse como una parte valiosa de la sociedad. No se consideran dueñas de su destino en un mundo financiarizado y globalizado en el que nadie parece ver un lugar para ellos y se les considera obsoletos. En el viejo relato social eran el motor de una economía productiva, ahora son «blancos sin estudios universitarios incapaces de actualizarse a la realidad de una América multicultural». Resentidos, enfadados y acorralados en las coordenadas de la «identity politics» su afirmación tiene pocas salidas posibles. El trumpismo muestra las más fáciles y por tanto probables: chovinismo, racismo y rechazo a todo lo que se identifique con la élite, desde los «expertos» a la cocina sana. Y no ha hecho más que empezar.

Moraleja para las élites europeas y latinoamericanas

trumpistasTanto el Brexit como el triunfo de Trump nos hablan de una «revolución plebeya» en marcha liderada por sectores más o menos descompuestos y periféricos de la tercera fila del poder. En sus filas, cada vez más secciones de esa clase trabajadora que siente en sus carnes la descomposición y no encuentra en los nuevos discursos identitarios del progresismo complicidad ni consuelo, solo culpabilización y aislamiento.

Es difícil culpar a las clases trabajadoras por su rencor. El poder económico se ha demostrado tóxico y ajeno, negando cínicamente toda responsabilidad en la fractura social ahondada por la crisis. La élite política parece sencillamente irredimible, atrincherada contra toda renovación de fondo. Y para rematar, las élites universitarias y alternativas, embriagadas por el narcisismo de la «identity politics», están encantadas de hacer el relato de sus propias subjetividades y representar a la sociedad como un «patch-work» de texturas mal cosidas y ajenas entre sí. Un relato que anunciaba una y otra vez el desastre ecológico pero era insensible a la debacle social, que aceptaba como deseable el decrecimiento y como irremediable la precarización. Un relato al fin, que solo guardaba para ellos el reproche, la culpabilización, el desamparo y un puñado de futuros sin lugar para todo aquello que alguna vez les hizo sentirse orgullosos: la identidad mediante el trabajo, el ideal igualitario, la previsión social o el sentimiento de pertenencia.

fiesta-trumpLa «revolución plebeya», cuyo 18 Brumario -en realidad 19– vivimos hoy es, en muchos sentidos, un bonapartismo descompuesto, un protofascismo zombi. Lleva razón Zizek cuando dice que es la izquierda quien debe reaccionar para pararle los pies. Pero para eso tiene que cambiar el discurso, abandonar el narcisismo de las «identidades» y la vacuidad de la mera «indignación», volver a sus raíces reivindicando la centralidad del trabajo, y sobre todo, hacer un relato creíble de una sociedad cohesiva construida sobre el pleno empleo y en movimiento hacia un mundo nuevo. O al menos, hacia algún lado.

«Qué nos cuenta el mapa electoral en EEUU» recibió 18 desde que se publicó el Miércoles 9 de Noviembre de 2016 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. Dediqué buena parte de la mañana a leer estadounidense y europea. Es muy llamativo que no haya ni rastro de autocrítica. Todo el peso recae en una ciudadanía que se deja atrapar por el populismo y las paradojas del sistema democrático. Por otro lado, ante la estupefacción general por el resultado no puedo dejar de recordar las primeras elecciones que ganó Evo Morales. Iba en contra de todas las estadísticas, las conversaciones en los entornos corporativos y políticos. Desde entonces, una y otra vez hemos visto que se repite la misma situación. No creo que sea casualidad, sino más bien uno de los productos de la fragmentación social y el aislamiento de los llamados grupos de poder.

  2. Juan Urrutia dice:

    Magnífco post y dos muy buenos comentarios. Creo que habéis encontrado la clave de lo que está pasando hace tiempo en el mundo y sobre todo en un mundo basado en un sistema económico que no consigue arreglar el problem de la desigualdad.

    • ¡¡¡Gracias Juan!!! Tener un buen diagnóstico nos ha llevado mucho y tu has sido muy importante para conseguirlo… ahora nos queda acertar en la misma medida en la construcción de alternativas. Y aun nos queda mucho, pero creo que, entre lo que nos va enseñando práctica y los toques que nos das cuando nos pasamos en nuestras tendencias aislacionistas, estamos llegando a algo interesante…

  3. Todavía recuerdo mi primer encuentro con vosotros, oír hablar a David de la descomposición de los Estados. Lamentablemente muchas de vuestras ideas de entonces aparecen confirmadas ya. Esperemos que vuestras perspectivas positivas también nos lleguen.
    Enhorabuena por el análisis

    • Gracias Maribel!! Lo que no deja de sorprendernos es la velocidad que está tomando la descomposición en los países centrales. Piensa en la sucesión de noticias de 2016 y no hay casi país desarrollado que se libre del susto. Lo malo es que la respuesta primaria ante un susto es quedarse paralizado, «congelarse»… y eso hace que sea cada vez más difícil impulsar las alternativas productivas y cooperativas posibles. Es muy difícil coordinarse, agruparse, ponerse en marcha cuando constantemente las perspectivas temporales del entorno se derrumban… eso es lo que nos toca aprender ahora, cómo esquivar el efecto paralizador del miedo que se renueva a cada susto.

  4. Curiosamente, uno de los pocos intelectuales de izquierda occidentales capaz de meterse en un bar en “territorio comanche”, invitar a los parroquianos a unas cervezas y dejarlos hablar anunció este resultado, con argumentos cercanos a lo que comentas en esta estupenda entrada: http://michaelmoore.com/trumpwillwin/

    • Lo tenía pendiente!! Efectivamente pilló los mismos memes que estábamos viendo y los analizó de forma parecida. Además, y esto es un poco fetichista, las curvas de encuestas se parecían demasiado a las del Brexit como para descartar que hubiera una cantida similar de voto oculto en las encuestas…

      Me ha encantado la referencia a las formas que está tomando la cultura de la adhesión: «a good chunk of the electorate would like to sit in the bleachers and watch that reality show». Me recuerda tanto a España…

  5. Leía ayer sobre Bauman y su “modernidad líquida”, con la pérdida de solidez de los principios básicos que definían la identidad: familia estable, casa en propiedad, empleo indefinido, ambición profesional…Y la sensación de fragilidad y miedo a quedarse atrás que ello implica. Miedo aprovechado y amplificado por los poderes en descomposición como última oportunidad para justificar su existencia.

    Y siguiendo ese hilo llegaba a una interpretación desde la perspectiva de la psicoterapia de la que os hacíais eco en Las Indias y que encierra una imagen muy poderosa (http://www.simbolics.cat/cas/busca-la-solidez-perdida/): la de un exoesqueleto social que definía y delimitaba las identidades (aunque en algún caso el caparazón encerrarse a un individuo ya muerto) y que ahora se ha licuado; con la propuesta de encontrar a cambio una nueva forma de solidez representada ya no por un esqueleto externo sino por una columna vertebral que surja desde dentro, pasando desde “estructuras externas rígidas y pétreas, a otras internas más flexibles, que permiten mayor crecimiento orgánico, más capacidad, y más éxito evolutivo”.

    Me viene hoy todo esto a la cabeza al ver cómo las respuestas más básicas a la incertidumbre, la desigualdad, la pérdida del horizonte, parecen consistir en buscar un nuevo exoesqueleto que defina al individuo, lo delimite y lo proteja de la amenaza exterior (vuelta a lo antiguo). Y me atrevo a apostar por que la reacción y cambio de discurso que apuntas como necesarios pudieran basarse en la sustitución de este caparazón por una columna vertebral que lo sustente desde dentro pero sin constreñirlo.

    En términos indianos extraídos del mismo artículo: “Parecería que algo de allí fuera se debilita y otro algo de aquí dentro se refuerza. Es como si el peso de lo social, del orden social, de las verdades y las praxis estandarizadas, de la moral heteronómica, fuesen cada vez menos constrictivas y determinantes, o más ligeras y dispersas, y de algún modo el peso del existir estuviera recayendo cada vez más en cada uno de nosotros: la responsabilidad, la libertad, el sentido de la vida… Pero no como un movimiento individualista y de cierre personal, sino todo lo contrario. Desde el individuo como nodo último y primero de todo lo demás. Nodo a partir del cual tejer vínculos -la comunidad real-, sustentar una ética autónoma, nodo a partir del cual construir una sociedad en red distribuida, nodo desde donde ejercer una economía directa y p2p.”

    • Efectivamente… estamos en el campo de lo posible. Nos falta un modo de hacer el puente, de relatar la posibilidad que funcione, es decir, que se perciba como una alternativa más beneficiosa que la pasividad y la irresponsabilidad de la cultura de la adhesión… y no es tan fácil. Responsabilidad y descomposición se llevan mal.

      Off topic! Qué grande verte por aquí de nuevo!! Bienvenido a la nueva Matriz 🙂

  6. Gracias David!!

    He seguido por aquí cerca al tanto de la actualidad indiana, pero es verdad que poco participativo. Por suerte o desgracia ahora estoy temporalmente de baja por un pequeño accidente y aprovecho el tiempo 🙂

    En cuanto a la dificultad para tener el puente, siguiendo la imagen que proponía al menos parece claro que buscar un caparazón protector que nos aporte una identidad dentro de un grupo imaginado es un error y un espejismo del pasado, y el reto es encontrar ese sentido de la responsabilidad personal, la libertad individual y el encaje en una comunidad real que defina nuestro nuevo esqueleto…y que se pueda presentar como una alternativa beneficiosa. Cómo dices, nada sencillo.

    Un abrazo.

  7. Ah, sobre el Brumario, que lo he visto mencionado en alguna otra parte, no sé, quiero creer que estamos más en el de Luis Napoleón (el Napoleon verdadero sería Reagan) y que estaríamos en la fase de la farsa tirando de la famosa cita de Marx. Ojo, esto no minusvalora el riesgo. Luis Napoleón lió unas pocas bien gordas también. Lo otro que me “anima” es pensar que Trump no tiene 45 años, sino 70. Por muchas propiedades que tenga la viagra… Tampoco Clinton era una jovencita, creo que andaba por los 69, lo que tiene que ver con el problema de renovación de las élites de la que hablabas en otra entrada estupenda, pero parece que no sólo la oficialidad hasta los outsiders son señores mayores (Trump, Sanders, Corbyn). Gracias a que la vida humana tiene un límite igual escapamos… Ahora, resulta que el futuro vicepresidente es un fundamentalista religioso. Yo prefiero de todas todas vérmelas con un negociante sin vergüenza, que con un fanático religioso. Con el primero se puede hablar, piensa en pérdidas y ganancias, con el segundo…

    • Desde luego! Pero nos llevaremos sorpresas ahí, creo. Al margen de lo que hay debajo del voto de Trump, la gente que lo va a representar va a ser una clase de «emprendedor» de orígenes diversos y de los que aquí tenemos cierta memoria histórica: aquellos que ven su negocio en la creación de redes clientelares. Alguien decía hoy que Trump se parece más que a Mussolini a Jackson, el creador del partido demócrata americano… y tanto!! Porque los demócratas fueron durante mucho tiempo el partido de las redes clientelares, con raíces bien profundas en las mafias de los barrios de inmigración y en los caciques rurales…

  8. Juan Ruiz dice:

    Me parece muy acertado el diagnóstico,y los comentarios muy oportunos. Realmente, mucho más cercanos a la realidad de lo que oigo pregonar a los que se rasgan las vestiduras y continúan con el orgullo elitista de la teoría crítica de la posguerra y sus delirios sobre la cultura de masas. Gracias. Creo que es por estos caminos que nos alubráis por donde hay que seguir hsmeando en busca de salidas. Y el concepto de decomposición cada vez me parece más adecuado.

    • Gracias Juan! Durante mucho tiempo el concepto de descomposición ha sonado exagerado y apocalíptico a la mayoría, incluso en nuestro entorno. Por desgracia, los síntomas son ya tantos que eso está cambiando. Como apuntaba arriba, esto va tan rápido que lo que me inquieta es su efecto sobre las posibles salidas, y no solo sobre aquello que los marxistas llamaban «los factores subjetivos»…

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