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¿Qué pasó con Periodista Digital?

Hace un año y medio, cuando todos atacaban a Periodista Digital y su director, David Rojo, la Bitácora de las Indias y Ciberpunk salían en su defensa. Hoy, cuando PD es posiblemente la referencia más importante de la web española, Iñigo Medina, Natalia Fernández y David de Ugarte piden la baja en su recien nacido Consejo Editorial. ¿Qué ha pasado? ¿Llevaban razón los que atacaban al joven medio? ¿Avala nuestra experiencia la imagen que los medios quieren dar de su director?

Hace un año todo eran malos augurios para Periodista Digital. La arriesgada entrevista de David Rojo a Tony King, el asesino de la Costa del Sol, en la cárcel de Málaga no fue interpretada por los medios como lo que realmente era: un hackeo de nuestro lamentable sistema penitenciario (y periodístico). Porque aunque físico y no virtual, lo que Rojo hizo entonces fue un hacking clásico: entró en un sistema aparentemente cerrado y seguro, asumiendo su propia lógica, para sin violentar sus reglas internas, “liberar” información.

Un moralista editorial del diario El Mundo abrió entonces el fuego mediático que habría de caer sin piedad sobre el diario online más leído de España. Fuego mediático que no era, en realidad, sino antesala de una batalla mayor: la de la libertad de enlace y clipping que habría de protagonizar Rojo. No era casualidad: los asesores del diario El Mundo y su director convencieron a GEDEPRENSA de que Rojo, con tan reciente y violenta campaña de descrédito personal, sería un blanco fácil. Se trataba de focalizar en PD su intento por destruir la libertad de clipping y conseguir refrendo judicial a su pretensión de hacer que les pagara todo aquel que quisiera hacer un resumen de prensa, controlando de paso la información difundida. Una pretensión que el Tribunal de la Competencia, intuían entonces, no estaba por aceptar. Y como GEDEPRENSA en aquel momento estaba de hecho “congelada” por este Tribunal, fueron las editoriales de El Mundo y El País las que amenazaron con acciones judiciales a Rojo y su periódico si insistía en enlazar y reproducir sus contenidos.

Internet en Defcon4

Fue entonces cuando en esta bitácora lanzamos un artículo en el que analizábamos y criticábamos los términos de las demandas de ambos medios, levantando frente a ellas las de enlace y clipping propias de la esencia de la web y descubriendo las contradicciones implícitas en las pretensiones declaradas por estos mismos medios en su argumentación sobre la aplicación del derecho de autor. Algunos de nuestros argumentos serían después recogidos, casi en idénticos términos, por la sentencia del TDC contra GEDEPRENSA, pero entonces nos cayeron encima todo tipo de críticas moralizantes por “apoyar a Rojo”. Y es que cuando los dos principales diarios se alían -aunque sea para defender intereses estrictamente privados y empresariales- no les faltan valientes defensores.

Entre ellos Libertad Digital, periódico con el que en las semanas anteriores habíamos llegado a un acuerdo de republicación gratuita de contenidos a cambio de enlace a lasindias.com, que criticó en una nota editorial nuestro artículo sobre la “caza de brujas” contra PD en duros términos que como puede verse al releer hoy, no eran sino tinta de calamar sobre las cuestiones en discusión.

Una empresa de Barcelona especializada en formar y conseguir prácticas para jóvenes periodistas, Jovepress, promovió entonces hacer debates públicos en los que ambas partes fueran escuchadas. Lo que consiguió realmente fue algo más: unir por primera vez en una única mesa a buena parte de la prensa digital, los boletines “confidenciales” y representantes del mundo de las bitácoras. En las tertulias bitacoreras de los días anteriores el debate estaba servido. Y del debate surgieron una serie de puntos de consenso que recogimos en una plataforma. Su título: Diez propuestas urgentes para asegurar las libertades civiles en la Sociedad de la Información. En la elaboración de este listado, que después hizo suyo Ciberpunk.org, habían tomado parte firmas muy conocidas de la web española, entre ellos dos conocidos articulistas de la sección de Internet de Libertad Digital. Tiempo les faltó tras escuchar los primeros comentarios de sus mayores, que posíblemente veían la cuestión más en la pelea gremial periodística que en la de las libertades, para que se echaran atrás en lo dicho y escrito.

Claro que no fueron los únicos. Bienintencionados bloggeros de ideas avanzadas tuvieron una aproximación al debate a nuestro juicio también miope. Nos decían: la plataforma esta bien, pero no podemos apoyarla porque os juntáis en debates públicos con “los malos” como Rojo. A nosotros nos parecía que bueno o malo Rojo, lo importante era la libertad de enlace, republicación y cita. Y que eso bien valía la soledad. Aunque eso diera ocasión para que, con intenciones menos honrosas, personas vinculadas a los grandes medios nos tacharan de “intrusismo profesional“, intentando cerrarnos la puerta de foros y debates públicos sobre periodismo y bitácoras, sin que nadie levantara entonces una sola voz en contra.

¿Hacia el periodismo participativo?

¿Qué quedó de todo eso? Las conferencias y debates fueron un éxito en toda España. Conocimos casi a un millar de personas. PD multiplicó su audiencia e incrementó dramáticamente el número de suscriptores. Pudimos conocer a los directores y responsables de casi todos los “confidenciales”… para descubrir que no había tampoco entre ellos grandes preocupaciones por los derechos civiles o las libertades en la red y mucho menos por el desarrollo de la batalla de la propiedad intelectual. A la gran mayoría les faltaba pura y dura cultura de Internet, su modelo sólo usaba la pantalla como sustitutivo del papel sin comprender los cambios sociales, las oportunidades y los nuevos tipos de tratamiento informativo y organización que las tecnologías de red permitían.

Y conocimos a David Rojo. El que era pintado como un ogro inmoral, resultó ser un periodista vocacional, apasionado, generoso en lo personal y con todo el ánimo de divertirse y aprender de la red. Su principal objetivo: crear un periódico participativo que involucrara a los lectores.

De los comentarios al sin comentarios

Desde luego las intenciones no podían ser mejores ni más auténticas: ahora que PD se había convertido en la gran referencia periodística en la Internet española, era el momento de “abrirlo”, de hacer cómplices a las decenas de miles de lectores que lo abrían cada día y darles protagonismo. Corren los días de Navidad y fin de año. El contacto con David Rojo se hace entonces intenso: alrededor de los kebabs de mediodía se articulan debates y se relatan experiencias. Rojo está fascinado con el caso Ohmynews e intercambia correspondencia continuamente con Corea. El diario online coreano ha llegado a ponerse por encima de la prensa en papel de su país y tiene doce millones de lectores… que a su vez envían sus crónicas y artículos a redacción, donde una docena de profesionales selecciona y cose las fuentes directas de la noticia y las publica incorporando las firmas de todos en una suerte de autoría colectiva. Nosotros en aquel momento estamos experimentando con tecnologías RSS para crear portales que funcionen como un gran mosaico de bitácoras. Sobre el papel se testan, comparan e intentan hacer casar ambos modelos, centralizado y federal. Es un muy buen debate del que surgen ideas y conceptos que aún hoy estamos procesando.

Implementar sin embargo un modelo u otro en un medio del tamaño que tiene PD ya por aquel momento es ya una labor costosa. Y Rojo, que tiene el verdadero espíritu del hacker en la sangre, opta por experimentar sobre lo que ya hay y ver qué pasa. Un día nos presenta su “primer paso”: la inclusión de un sistema de comentarios. Acaba de implementarlo y por primera vez aparece la opción al final de cada noticia. Rojo está emocionado y entrando cada poco tiempo para ver qué han escrito sus lectores. La cara que se nos queda a Fernández, Medina y yo es de cuento. La inclusión de comentarios es un viejo tema en Ciberpunk. Hace años, cuando la explosión del modelo Slashdot, ya habíamos criticado el modelo subyacente. Como recoge hoy el FAQ de Ciberpunk.net:

Entendemos en debate en la web como un debate entre sitios, no como un debate “en” sitios. Eso es propio del viejo sistema informativo, dado que era sumamente costoso mantener un periodico (imprentas, rotativas, salarios, oficinas…), no se podía exigir a quien quisiera tomar parte en el debate que construyera su propio medio de comunicación y los períodicos tenían por tanto la obligación “moral” de albergar en sus páginas el “derecho de réplica” y espacios específicos para los lectores. La esencia de la web es jústamente la contraria. ¿Quiéres debatir publicamente con otros medios? Haz tu propio blog y debatamos de igual a igual.

Y es que frente al modelo igualitario de la web (todos emisores y receptores), el modelo que nos proponen las comunidades abiertas de comentarios es el de emisores que modulan, comentaristas/receptores que opinan a partir de los primeros en un espacio ajeno. Resultado: no suelen salir bien, quien quiere aportar y se ve con fuerzas acaba teniendo su propio blog, los espacios abiertos acaban convertidos en nidos de trolls. Sería largo de especificar las causas, pero a nadie se le escapa el hecho empírico: sitios tan importantes e inovadores de la red española como “Barrapunto” o “Periodista Digital” han visto como perdían calidad en la percepción de sus lectores gracias al tono acre impuesto por pequeñas facciones de comentaristas tan habituales como sectarios.

Y efectivamente la sección de comentarios de PD se llena de hoolligans y exaltados… manchando la imagen del periódico. Rojo, asustado por el monstruo que está alimentando, intenta dotar a los foros de comentarios de herramientas de autorregulación. Pero es imposible: ni el sistema de “purgatorio” ni la inclusión del “nombre real” consiguen cambiar la naturaleza del intercambio que tiene lugar en sus páginas. Sólo añadiendo adhoc un eficaz de moderación que eliminara las intervenciones fuera de lugar hubiera podido pararse lo que era una marea creciente de malos modos y palabras. Pero eso supone horas de redactores, coste. Día a día la bilis come espacio a la participación. Sólo queda una opción final: volver atrás y quitar el sistema entero. Según nos cuenta entonces David Rojo, la “comunidad” de comentadores de PD es en realidad extremádamente pequeña: 200 extremistas aburridos de todo signo que se conectan desde la oficina en las horas de escaqueo de principios del día. El clásico “troll español”.

Según nuestro análisis de entonces el principal problema que sufre PD es la percepción que de él tienen sus lectores y la confianza que en consecuencia, depositan en él. El perfil medio del lector de PD tiene una cultura tecnológica escasa y reciente; apegado a los medios de papel ve la prensa online como un mero cambio de formato. La campaña “antiRojo” ha llamado su atención pero no ha dejado de hacerle mella. Visita PD pensando que hace algo que en cierta manera está mal. Y se engancha, vuelve cada día… pero no acaba de entender el trabajo y la voluntad que hay detrás.

Sobre ese medio, el papel jugado por los “comentaristas” es demoledor: el lector lee todo y evalúa el contenido como una media, poniendo en el mismo saco hoollingans y redactores. Y acaba, dado el transfondo, equiparando selección de información con pirateo, como defienden los grandes medios.

La receta que aconsejamos entonces a PD es radical: resaltar el carácter periodístico de la labor de selección de información sustituyendo la reproducción de contenidos por el enlazado directo, eliminando de paso y consecuentemente los espacios para comentarios. Pero la lógica del público que se ha estado formando domina ya al director del periódico, que no quiere renunciar al espacio participativo que ha creado por mucho que cada día más, sea un fanguizal. Rojo, sinceramente y contra toda experiencia, todavía cree que un espacio irrestricto, sin moderación y anónimo de comentarios puede acabar siendo un espacio de debate decente. Pero se equivoca.

De todas formas a David Rojo no se le puede acusar en ningún caso de no escuchar. Pocos líderes de la red están más abiertos que él a discutir e incorporar ideas ajenas. Consciente de que realmente le están causando daño a la imagen de sus redactores, relega los comentarios a una página separada, separando las “aportaciones de la comunidad” del trabajo periodístico y nos invita a formar un Consejo Editorial con firmas y personas de la red de donde obtener ideas para reformar el periódico en un sentido más participativo.

Del Consejo Editorial de PD a Ciberpunk.net

Corren ya días los días finales de primavera e invitamos a un panel de gentes de la red de enfoques diversos. Además de los propios ciberpunks (Medina, Fernández y Ugarte), se unen al consejo maestros de la red como Luis Angel Fernández Hermana (En.red.ando), del periodismo (Francisco Rubiales) y de las bitácoras, como Guillermo López (creador además de La Página Definitiva).

Rubiales comenzará a impulsar una línea de opinión fresca, profunda y atrevida, incitadora del debate tanto cuando se está de acuerdo como cuando no, republicando artículos de su bitácora colectiva Votoenblanco.com. Guillermo López publicará dos artículos especialmente creados para el periódico argumentando contra la reproducción de contenidos de pago de otros medios. En las puertas del verano PD empieza a dar signos de renovación a pesar de la omnipresencia de los groseros artículos de Ussia en su portada, muy en línea con el tono de los comentarios de la comunidad de hoolligans en sus páginas interiores.

La llegada de las vacaciones junto a un error técnico, sin embargo, evitarán un desarrollo mayor del proceso. El correo electrónico de David Rojo está mal escrito en la lista de distribución y no recibe los emails con aportaciones e ideas del Consejo… que inevitablemente se va sintiendo más frustrado y poco escuchado.

Los ciberpunks decidimos entonces experimentar por nuestra cuenta el modelo que proponemos para PD… aunque claro está, a una escala mucho menor: nace, en agosto, Ciberpunk.net. Se trata por un lado en la sección diaria de noticias, de hacer un press-clipping de la prensa internacional con contenidos abiertos. Los enlaces se acompañan de un “microeditorial” que explica el porqué de la selección, el punto de vista previo. Por otro de independizar el análisis y la opinión del propio periódico, enlazando automáticamente mediante RSS a los artículos de los autores del grupo ciberpunk en sus propios blogs. De este modo, el periódico pasa a ser algo colectivo y federativo, en el que es imposible la censura de contenidos. El debate se realiza entre iguales, entre páginas y blogs con su propia identidad y no siguiendo el modelo de los comentarios anónimos. Ni siquiera moderados, pues no se trata de dividir la web en “protagonistas” y “seguidores que hacen comentarios”, se trata de defender un modelo universal de confusión entre emisor y receptor, una red de iguales.

Conclusiones: levantando nuestro propio modelo

A la vuelta del verano -y las vacaciones de Rojo- Guillermo López, al ver la falta de respuesta (involuntaria) de Rojo, plantea su dimisión y le seguimos casi todos los miembros del Consejo. Cuando se descubre que en realidad David Rojo no ha recibido ni un sólo mensaje del Consejo que creía asesorarle, la situación ha cambiado. Ciberpunk.net ocupa ya casi todo nuestro tiempo y a pesar de que tiene casi diez veces menos lectores que PD, nos resulta mucho más enriquecedor que sufrir cada día viendo como se devalúa el periódico ante el tono exaltado de los comentarios y la incomprensión de los lectores respecto a los objetivos de la dirección al reproducir contenidos de pago que ellos mismos exigen.

Tal vez Rojo vuelva a ser pronto objeto de una campaña con la que hacer más presentable a la opinión pública un ataque contra la libertad de enlace y clipping. Podrá, sin ninguna duda, contar con nosotros que tanto hemos aprendido con y de él. Ahora nos toca sin embargo, experimentar en vivo aquello que defendemos, siquiera sea a una escala menor. Mientras tanto, gracias David, eres sin duda nuestro gran hacker de los medios… aunque eso sí, por favor, si te gusta este artículo, enlázalo, no lo reproduzcas 🙂

«¿Qué pasó con Periodista Digital?» recibió 0 desde que se publicó el Martes 2 de Noviembre de 2004 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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