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¿Qué quedó del 15M?

El reto está en volver a construir aquí y ahora una experiencia de pertenencia abierta, de aprendizaje, de hacer común, aun más potente que aquella que se vivió hace cinco años. Ese es el lugar donde tenemos que encontrarnos, donde se les espera con los brazos abiertos y mucho por hacer y discutir. Ese es el lugar donde son imprescindibles.

xnet en el 15M

Hoy toda la prensa española celebra el aniversario del 15M con las primeras encuestas que apuntan al sorpasso del PSOE por Podemos. El País titula: «Cinco años después, el 15M quiere gobernar», una versión periodística de la idea de Podemos como «institucionalización de las luchas» en la que ya insistiera Toni Negri.

En realidad el debate sobre la herencia simbólica del 15M no dependía de la sanción de intérpretes intelectuales o mediáticos: el significado de los grandes movimientos sociales está limitado por aquello a lo que la gran mayoría de la gente que se siente convocada puede aspirar e imaginar y las masas de personas que se sintieron convocadas por el 15M estaban muy lejos de las capacidades, deseos e imaginación de algunos de sus activistas. El 15M pasó ya a la Historia como «el primer aviso», deliberativo, no programático, expresivo, antes de «las Mareas» y la institucionalización de las reivindicaciones de estas en un partido político que refunda la izquierda española: Podemos. Y por cierto, no hacía falta ser un profeta en los primeros días del 15M para darse cuenta de que ese era el curso casi inevitable.

asambleas15mY sin embargo el mismo nombre sigue teniendo magia. El 15M como tal se autoconvoca de nuevo, levanta tantas esperanzas como nostalgias entre muchos que por allí andaban por mucho que el entorno haya cambiado. ¿Por qué?

Esto es, desde mi punto de vista lo más interesante. En todo movimiento social que alcanza el protagonismo mediático queda siempre una estela de nostalgia, de personas ancladas que «siguen ahí» hasta que la realidad, esa cabezota, hace evidente su soledad y el discurso de la nostalgia se convierte en estética de una derrota imaginaria. Los del sesenta y ocho estuvieron treinta años friéndonos con sus llantitos… hasta reverdecer como «yayoflautas» viéndose a si mismos en el 15M. Sería de agradecer que el legado del 15M al menos no incluyera una pack similar. Aunque hasta cierto punto parece inevitable.

El 15M como experiencia comunitaria

puerta del sol 15mPorque lo realmente importante del 15M, lo que era absolutamente igual en Sevilla, Barcelona, Murcia o Madrid, no estaba en el campo de lo político ni de lo social. Maria definió el 15M como «el primer movimiento artístico de masas del siglo XXI». No era una boutade; lo que surge una y otra vez en los relatos de muchos veinte y treitañeros de entonces no es un momento de iluminación ideológica, sino una experiencia, que aunque fugaz, les transformó personal y profundamente. ¿Experiencia de qué? De algo extremadamente importante: pertenencia.

El recuerdo de la pertenencia, de la fraternidad, es la madre de todos los anclajes y las nostalgias, pero también puede ser un puente hacia el futuro. La herencia del 15M es de Podemos, por mucho que a muchos hiera el contraste entre el recuerdo de sus primeros afectos comunitarios en la plaza y la evidencia de la nueva izquierda. Pero la posibilidad de crear y poner en valor las pertenencias comunitarias de cada cual está en otro lugar, el del hacer juntos y construir juntos. Todo lo demás no puede ser sino «exilio» autoinfligido:

Ser comunero es un modo de vivir, aprender y construir compartiéndolo todo con los demás. Necesitamos crecer con otros para poder reconquistar la vida de verdad. Toda «salida individual» no es más que una forma más del «sálvese quien pueda». Por supuesto que ante un entorno en descomposición se puede intentar acumular algo de dinero, encontrar una casa lejos de todo y vivir sin querer saber nada de nadie; o ganar un empleo estable aunque mal remunerado, interactuar lo menos posible en él y relegar la vida a lo que queda del día tras la jornada. Pero todas estas estrategias no son realmente satisfactorias sino distintas formas de hacer una retirada más o menos ordenada. A medio plazo son una autocondena a la melancolía. Aislarse, ponerse al margen, aun si llevara a vivir sin el apremio constante de la supervivencia monetaria, significaría renunciar a crecer, a desarrollarse, a realizar los ideales personales en la propia vida. Es otra forma de exilio.

La cita es del Manifiesto Comunero. El reto, la alternativa a la nostalgia y el exilio, especialmente para los que fueron quincemistas, está en volver a construir aquí y ahora una experiencia de pertenencia abierta, de aprendizaje, de hacer común, aun más potente que aquella que vivieron hace cinco años. Ese es el lugar donde tenemos que encontrarnos, donde se les espera con los brazos abiertos y mucho por hacer y discutir, empezando por los comentarios de este post. Ese es el lugar donde son imprescindibles.

«¿Qué quedó del 15M?» recibió 6 desde que se publicó el Domingo 15 de Mayo de 2016 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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