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¿Qué son las «compañías comunitarias» y cómo se organizan?

Empresas familiares, sociedades de estructuras comunes, kibbutz… las compañías comunitarias toman casi tantas formas como comunidades las sustentan. Sin embargo los elementos comunes son más fuertes que las diferencias.

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inventingourlifeAyer, tras argumentar por qué crear una compañía comunitaria nos preguntaban en comentarios por los manuales de su modelo de gestión. Antes de eso queda definir el concepto un poco más y entender las principales formas en que puede organizarse.

¿Qué es una «compañía comunitaria»?

Una «compañía comunitaria» es una estructura económica orientada al mercado de la que se dota una comunidad para desarrollar su autonomía. Lo particular respecto a otras formas de empresa es que no es la actividad económica la que impulsa a que las personas que trabajan juntas desarrollen relaciones comunitarias más o menos fuertes. Al revés, se trata de una comunidad, un conjunto de personas que se conocen y comparten una reflexión común como pares, que forma empresa y la dirige según los intereses comunitarios.

Formas de una compañía comunitaria

Puede ser una cooperativa, una fundación-empresa (solo en Suiza), una SL o una SA. Nuestra experiencia nos dice que las sociedades por acciones ofrecen mayores trabas e inseguridades al desarrollo de una empresa comunitaria. De hecho, nuestra forma favorita es la cooperativa tanto por regular los mecanismos de entrada y salida de socios de forma mucho más sencilla sin agregar incentivos a potenciales conflictos, como por permitir hasta un 30% de «gastos sociales» libres de impuestos bajo el concepto de «fondos de formación y promoción del cooperativismo». Pero evidentemente la elección dependerá en cada caso de las formas jurídicas a disposición, de las prioridades organizativas y sobre todo de la forma de relación con la propiedad que desee tomar cada comunidad.

La relación entre propiedad y comunidad

Basicamente hay tres tipos de compañías comunitarias:

  1. Sociedad de estructuras comunes. Es el modelo más laxo y normalmente está restringido a profesiones liberales y comerciantes. Los miembros comparten determinadas estructuras a partes iguales además de agendas comerciales e información, a veces políticas de precios, desarrollan una imagen y estrategia común frente al exterior y mecanismos de financiación y solidaridad entre ellos. Su facturación se divide en dos partes: la individual y la que se pone en común bajo la forma de pago de los servicios comunes. El ejemplo clásico sería un despacho cooperativo de abogados o una pequeña clínica propiedad de los médicos que trabajan en ella, pero también una cooperativa de desarrolladores de software que comparte casa o/y oficinas. Lo particular de estos casos es que el peso de la apropiación colectiva dedicado a estructuras y causas comunes supera por lo general la mitad de los ingresos. La sociedad es a las finales una forma de ahorro e inversión colectiva. De hecho, es relativamente corriente el paso de sociedad a kibbutz así como que la salida de miembros de un kibbutz para desarrollar una nueva actividad tome esta forma.
  2. Empresa familiar comunitaria. Su demos -los que tienen capacidad decisoria- generalmente está formado por los miembros de una cohorte generacional (un grupo de hermanos y, en muchos casos, sus parejas) que con el tiempo se va abriendo a los hijos de unos y otros y tal vez algún colaborador. Normalmente se produce una confusión de patrimonios: todas las propiedades son de la empresa familiar, que aglutina el ahorro colectivo.

    En estas empresas los socios, los miembros más o menos sanguineos de la familia, suelen mantener una relación asalariada con su propia empresa, cobrando un salario igual unos a otros.

  3. Kibbutz. La palabra kibbutz significa «comunidad» en hebreo. La ligazón del movimiento kibbutzim original (fundamentalmente agrario) con el nacionalismo israelí les permitió a partir de 1948 disfrutar de una legislación específica sumamente favorable. Los kibbutz eran originalmente israelíes, agrarios y rurales, pero en el mismo Israel fueron evolucionando hacia la industria y los servicios al tiempo que surgían los primeros «kibbutz urbanos» y se reformaban las normas internas más restrictivas. Además, el modelo se fue extendiendo fuera del ámbito ideológico y geográfico del sionismo que le dió nacimiento. La forma-kibbutz existe hoy en todo el mundo ligada a todo tipo de movimientos: desde comunidades católicas y protestantes a comunidades anarquistas alemanas pasando por ecoaldeas inglesas o norteamericanas. Se calcula que más de dos millones de personas viven en organizaciones bajo la forma kibbutziana.

    El kibbutz es la cooperativa de una comunidad de libre agregación -es decir, sus miembros no se basan en relaciones familiares previas sino en procesos de deliberación y confianza anteriores- gestionada asambleariamente en la que se maximiza el ahorro compartido bajo la forma de patrimonio de la cooperativa. Los socios por lo general no tienen salario, solo un pequeño adelanto sobre excedentes que les ha de permitir cubrir sus «gastos personales», por lo general escasos pues en un kibbutz desde la vivienda a la comida diaria pasando por los medios de trabajo y transporte se comparten.

    Los kibbutz son así más resilientes y suelen ofrecer cuentas de excedentes más abultadas -dado que no reparten más que un mínimo entre los socios- de las que una parte sustancial se dedica a acciones sobre el entorno (formación, impulso de nuevas cooperativas, coberturas sociales, etc.)

Las bases de una compañía comunitaria

Podríamos resumir los elementos comunes de estas tres formas en tres puntos:

  1. El origen es una conversación, una deliberación (y por tanto una cierta forma de conocimiento profesional o ideológico) propios de la comunidad. La estructura se forma como parte de ese proceso, con la idea de asegurarlo y darle autonomía.
  2. Económicamente existen ditintos grados de confusión patrimonial, pero sobre todo una renuncia clara a la apropiación individual total del excedente característico de la empresa capitalista clásica.
  3. La gestión es «plana», con distinas formas de asambleismo que priman el consenso sobre la votación, aunque normalmente existen figuras electivas que protagonizan la representación hacia el exterior y, en ciertos momentos, pueden tener capacidad decisoria en caso de ausencia de consensos ante una urgencia.

Pero más allá de esta anatomía, seguramente lo que mejor explique el espíritu y la cotidianidad común de las compañías comunitarias sea la famosa frase de «Islas en la red»:

No tenemos puestos de trabajo. Sólo cosas que hacer y personas que las hacen.

«¿Qué son las «compañías comunitarias» y cómo se organizan?» recibió 0 desde que se publicó el Lunes 21 de Enero de 2013 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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