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¿Qué tienen de diferente los «pies polvorientos»?

Los «pies polvorientos» suponen una ruptura con la dinámica de fomento del emprendimiento que hemos conocido en estos años.

Hace poco, en la estación de buses de Gernika nos encontramos con dos chicas mochila al hombro. Tendrían unos 19 o 20 años. Nos contaron que habían sido ruteras y que su red de amigos se había formado allí. «El viaje» había sido su primera red de afinidad. Y, claro, era transnacional. Así que los del lado europeo, pasaban el verano haciendo una especie de viaje de hormigas: habían pensando en la red, por su cuenta, una ruta juntos y al final de cada tramo se unían o regresaban algunos. Cada cual en función de dónde vivía, a quién quería encontrarse y qué lugares quería conocer, decía su punto de salida y de destino. Me gustó la idea, pero me gustó más el espíritu: ahí tenemos una iniciativa con jóvenes que ha tenido éxito -pensé- se autoorganizan, se autofinancian y se recorren Europa en autobuses incómodos y baratos simplemente para descubrir nuevos lugares y hablar entre ellos.

Todo lo contrario que el típico emprendedor subvencionado que no hace nada sin riesgo o del «emprendedor universitario» al uso que al parecer requiere el «apoyo» de créditos universitarios o becas y una legión de tutores para cualquier cosa. Y no hablemos del emprendedor social, un término que se ha ido deslizando desde un sitio bonito -la empresa que asumía ser dinamizadora de su entorno- a emprendimientos asistenciales, de ahí al entretenimiento ocupacional y finalmente a designar a quien pone en marcha un proyecto filantrópico aunque practicamente todos ellos estén completamente al margen del mercado.

Construyendo una alternativa

Por eso me gusta tanto el proyecto que andan madurando Javier y Nat y que ayer presentaban como el renacer de los «pies polvorientos», me parece una idea tan brillante como emocionante. Dicho aún más claro, me gusta por sus elementos de ruptura.

  1. Rompe con la idea de la beca y el premio como único motor posible. Asusta acercarse a muchas actividades «emprendedoras» con jóvenes en la que las ganas de los patrocinadores choca con la pasividad de los asistentes. ¿La razón? No están ahí para emprender, atraídos por el reto y el riesgo, sino por todo lo que acompaña a la actividad: coleccionar cursos que mostrar en el CV, obtener viajes gratis o dejarse ver por las empresas.

    Me gusta mucho la idea de que los nuevos «pies polvorientos», lo sean de verdad, que por norma nadie nadie les pague viajes, les de créditos académicos o les ingrese una beca. Las cosas que nos marcan las hacemos porque nos generan significado, porque aprendemos con ellas. Por eso tiene todo el sentido del mundo limitar la actividad de los «consulados», es decir, de los grupos de soporte, a facilitarles herramientas de conocimiento -sin título ni sello- y organizar «ferias» para que comercien entre si. Y aún apuntaría que las «ferias» deberían acabar siendo organizadas por grupos locales que apuesten por ahí.

    Cuando de lo que se trata es de que los participantes aprendan a valerse por si mismos en un escenario global de ciudades, a pensar como un mercader que escucha necesidades y busca donde pueden encontrar respuesta, cualquier otra cosa abriría las puertas a la selección adversa distorsionaría los resultados.

  2. Supone una ruptura con la orientación infantil de los entornos lúdicos de socialización como los scouts, los grupos de montaña, las ligas de fútbol escolar o los clubs de lectura, que cuando los chicos llegan a la mayoría de edad desaparecen. Al salir de la franja 8-18 lo y colocarnos en la 18-28, es decir, con jóvenes adultos que están desarrollando sus criterios, vemos que en realidad este tipo de socialización organizada aporta un tipo de experiencia sin la que es extremadamente difícil individualizarse… que es el objetivo: darles herramientas para que sean libres, autónomos y tengan capacidad de organizar el mundo a su alrededor.
  3. Supone una ruptura en los valores. Cuando Baden Powell escogió los mitos de Kipling para los scouts, formaba en los valores de la época lo que la Inglaterra victoriana necesitaba: militares y funcionarios para el Imperio. La lógica era aportar un entorno estructurado al modo del ejército británico. Ni hablemos de mendigotzales, macabim o pioneros y los mitos políticos del siglo XX. Los valores de los militares y los funcionarios coloniales tienen que ver con el nacionalismo, la jerarquía, el orden y la predecibilidad que nos encierra en la mediocridad. Pero nuestro mito es el de los mercaderes y los mercaderes de hoy requieren otros valores, otra forma de ser: transnacionalidad, imaginación, ética hacker, individualización…
  4. Supone una ruptura con el discurso del emprendedurismo como conocimiento profesional universitario. Si somos sinceros, mucho de lo que vemos por ahí nos produce la misma urticaria que antes nos producían las escuelas de negocios y sus discursos. El discurso de la formación de emprendedores no escapa de ser una versión cool de lo mismo de siempre: conciencia de élite, discurso sobre el líder que sustituye a una comunidad implícitamente inane, etc. Lo que me gusta de los «pies polvorientos» es que no pretenden ocupar ese espacio ni alimentarse de los mitos de poder de la Academia, sino que se plantea tan sólo un juego autodidacta -es decir, lleva la ética hacker en si- y desde la práctica mochilera no desde la misión comercial o el intercambio académico y sus visitas a fábricas.
  5. Vindica de alguna manera los juegos de rol: Afirma el reto, el viaje, la escucha, la resistencia al fracaso… Pero se solapa con la realidad: si las cosas van bien, el negocio creado como un juego se sostiene por si mismo. Si una iniciativa no cuaja solo habrá sido una pantalla que no se pasa, no un «game over». No hay otros examinadores que la propia satisfacción y la respuesta del mercado. Y como en los juegos de rol, se juega por gusto, por amor al Arte.

Conclusiones

La dinámica que el proyecto «pies polvorientos» pone en marcha bebe del espíritu de la Ruta Quetzal, saca las junior empresas de la Universidad y pone barreras a la selección adversa. Tal vez no se convierta en un movimiento masivo, pero es seguro que nos permitirá conocer jóvenes pares.

«¿Qué tienen de diferente los «pies polvorientos»?» recibió 0 desde que se publicó el lunes 10 de diciembre de 2012 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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