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Questi xe monsignor el Doxe, se ve piaxe

El sistema político veneciano evolucionó a lo largo de los siglos hasta hacerse más y más colectivo y anónimo, encontrando una distribución de poder que no permitía a ningún grupo una hegemonía, siquiera temporal, clara. Esta búsqueda se resumió en la evolución de la figura del Doxe (Dogo) desde el siglo XII, de un caudillaje no hereditario con contrapesos, hacia una mera representación del estado en un sistema de complejos equilibrios entre cámaras y órganos colectivos.

Durante el año que ahora se cierra, los indianos hemos avanzado siglos. El primer gran éxito ha sido la Carta de las Indias. Hemos conseguido convertir nuestra pequeña nube de empresas, asociaciones y emprendimientos en instrumentos de nuestra comunidad, sometidas a un sistema de gestión y control colectivo con garantía de derechos individuales que toma como horizonte la plurarquía.

Primera constación: funciona.
Segunda constación: Sigue estando basada en la buena voluntad de algunos indianos, que como yo mismo, fuimos fundadores de la red y accionistas de las empresas. Nos falta una pieza para engarzar completamente en el sistema legal de los países por las que nos movemos: la redefinición de la propiedad.

Al final, las empresas siguen teniendo propietarios formales que en cualquier momento pueden hacer valer frente a las leyes nacionales de cada país los derechos de la legislaciones estatales. Derechos que para cada estado están por encima de la ordenación interna de la que nos hemos dotado.

Superar esa fragilidad es, para mi, el gran reto del año que viene.

Existen distintas formas que atiende a distintas tradiciones, desde el modelo de corporación cooperativa de Mondragón al modelo suizo de la fundación-empresa (relativamente parecido al de las Cajas de Ahorro), pasando por la opción de que una fundación con unos fines propios, ajenos a la gestión empresarial, sea la propietaria de las acciones de nuestros negocios y que como tal les garantice el funcionamiento autónomo.

Curiosamente en un modelo así, acabaríamos teniendo, al modo veneciano, un patronato que ejercería como Tribunal de conflictos de último recurso y representación exterior de la red. Una especie de senado sin poderes ejecutivos (salvo en caso de desastre), un Consiglio Maggior conformado por todos los indianos o cuando menos por un grupo revocable que lo recibiera a modo de reconocimiento, con un Doxe electo por consenso e igualmente desprovisto de control ejecutivo, una figura representativa, una referencia moral como hoy es Juan Urrutia para nosotros.

Como se decía frente a la asamblea ciudadana cuando alguien era elegido Doxe y formalmente convertido en prisionero de la República:

Questi xe monsignor el Doxe, se ve piaxe

«Questi xe monsignor el Doxe, se ve piaxe» recibió 0 desde que se publicó el miércoles 17 de diciembre de 2008 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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