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¿Quién es Javier Lorente?

El lanzamiento del primer canal español de novelas para móviles en e-moción ha lanzado a Javier Lorente como el nuevo líder del movimiento ciberpunk español. Un lingüista barcelonés profundo conocedor de la cultura tecnológica asiática que a pesar de haberse convertido en el escritor español de ciencia ficción con más relevancia mediática en este momento, sigue manteniendo el encanto y la timidez del underground. David de Ugarte, entrevista en profundidad al hombre del momento en la tecnoficción española.

Viernes 6 de febrero, 22:00hh. El grupo ciberpunk español celebra frente a la televisión un pequeño reportaje en la 2. Javier Lorente es entrevistado sobre su primera novela keitai: BCN: No Future. Los SMS y las llamadas de felicitación se cruzan. Javier, tímido incurable, prefiere preparar el curso de Redacción Electrónica que impartirá el próximo sábado en Córdoba dentro de las Jornadas de Tecnologías y Redes Sociales (inscripción gratuita).

DdU: Con “BCN No Future” te has convertido en el autor ciberpunk español de referencia, de hecho podríamos decir que por primera vez el ciberpunk se asocia con un nombre español…

JL: Vaya, es todo un cumplido, aunque creo que es pronto para afirmar algo así. Hay que esperar a que los lectores vayan dando su opinión.

DdU: “BCN No Future” es, que yo sepa, la primera novela de CF española que alcanza una repercusión mediática generalizada. ¿Crees que se debe sólo a lo novedoso del soporte?

JL: Sin duda. Lo que ha llamado la atención de los medios ha sido el hecho de que se publicase en una versión para teléfonos móviles. Si la hubiese presentado a una editorial, el resultado habría sido mucho más discreto. No obstante, este interés da cuenta de la importancia y la aceptación que tiene la telefonía móvil en nuestra sociedad.

DdU: Recuerdo que hace cuatro o cinco años ciberpunk.com intentó lanzar concursos de relatos, Mariano Gistaín publicaba entonces su primera novela electrónica, “El Hombre Virtual” y Suso de Toro alcanzaba los 60000 ejemplares de “La Sombra Cazadora”. Parecía que con la explosión de la web e internet se relanzaría la CF… pero finalmente no fue así…

JL: Sí. Hay un prejuicio negativo hacia la CF bastante extendido, si bien es un género que siempre ha contado con muchos seguidores y en especial entre los estudiantes y los profesionales de disciplinas científicas y técnicas. De hecho, la primera lista de correo que existió fue precisamente “SF Lovers” y el ciberpunk, como corriente estética dentro de la CF, se articula mediante el boletín “Cheap Truth” que publicaba Sterling. En España -y eso puede decir bastante de nuestro problema con la tecnología-, Internet vino de rebote. Era necesario que el país entrase en la Sociedad de la Información al precio que fuese, sin que nadie se hubiese preocupado por preparar su llegada. Ni siquiera en las universidades los profesores estaban habituados a trabajar con ordenadores y los alumnos -en muchos casos- acababan por saber más que ellos en estas cuestiones, lo cual da una imagen bastante ilustrativa de la preparación con la que contábamos… y que todavía tenemos.

DdU: ¿El fracaso de la extensión de Internet y la web en España ha sido el fracaso de la “Generación Spectrum”?

JL: No estoy muy seguro. La desaparición de los ordenadores de 8 bits nos dejó a los veinteañeros de principios de los noventa en mantillas. Sin saber cómo, aquellos equipos con los que programábamos y hacíamos nuestros propios juegos se habían quedado obsoletos y sólo nos quedaban dos opciones: o pasarnos a las videoconsolas o ahorrar y comprarnos un PC286. Las revistas desaparecieron y el bullicio de los ochenta dio paso a un interregno de tres o cuatro años bastante gris. Esa época de transición fue para mí un marasmo: comencé la carrera con una máquina de escribir, sin tener un aula de informática en la facultad (hablo de 1989) y no fue hasta 1991 cuando volví a conectarme y me metí de lleno en un grupo de maqueros que acabarían formando el germen de un grupo “ciber” que no llegó a ninguna parte.

Por lo que he podido comentar con otros amigos y conocidos, esta situación fue bastante similar en todas partes. Los ordenadores de 8 bits tenían un fin eminentemente lúdico, aunque gracias a publiaciones como “Microhobby” nos dimos cuenta de que aquel cacharro era algo más que un matamarcianos. Y sin duda creo que gracias a ellas muchos de los que jugamos con nuestros Spectrum o Commodore los conservamos todavía y los recordamos con cariño.

DdU: ¿Con quién has buscado conectar el imaginario de tu novela? ¿Qué hay en ella de “Generación Spectrum” y qué de “Generación Keitai”?

JL: Al principio, cuando escribí las primeras entregas, adopté un tono muy coloquial, como si estuviese explicando una historieta a cuatro amiguetes en una cafetería. No pensé en ningún tipo de lector en especial, sino en situaciones en las que me relacionaba con otras personas. Vi que los posibles lectores serían muy distintos, por lo que debería recurrir a motivos y referencias diversos, desde los tecnothrillers de Tom Clancy a los manga, pasando por la narrativa ciberpunk y los elementos “ocultistas”. La idea era construir un decorado muy heterogéneo en el que todos nos sintiésemos cómodos y tuviésemos curiosidad por descubrir nuevos elementos. Poco después me di cuenta de que aquella forma de narrar era muy limitada y podía acabar en una suma de clichés de la que me cansaría pronto, por lo que decidí cambiar de actitud, corregir el texto y tomarme el trabajo más en serio. No sé qué hay de “Generación Spectrum” y “Generación Keitai” en la narración. Todavía no puedo decirlo.

DdU: Las diferencias entre los Chongqing Cowboys y Lote 49, los dos grupos de hackers -uno chino, otro español- de tu novela representan la perspectiva de un relevo tecnológico y geopolítico, pero también un cambio de imaginario social. Piensas que Asia jugará pronto el papel que hoy juega EEUU y sobre todo Hollywood en la definición del imaginario de las nuevas generaciones?

JL: Sí. Mucha gente nos espera a la vuelta de la esquina para saldar viejas cuentas. En Europa estamos viviendo los últimos años de una época. Nos guste o no, hemos estado muy cómodos a la sombra de EE.UU., formando parte de un tablero de juego mucho más reducido que el actual. Durante la guerra fría, los límites de nuestro mundo estaban en las costas americanas del Pacífico o en las inmediaciones de Moscú. El resto del planeta era una amalgama de referencias lejanas más o menos exóticas con las que jugábamos. De hecho, nuestra fascinación adolescente por Japón en los ochenta puede compararse en cierto modo por el interés de ciertos sectores de la izquierda europea de finales de los sesenta y los setenta por China y las corrientes maoístas: una suma de esnobismo un tanto provinciano y de recuperación de lo exótico a cualquier precio.

Hoy ya no hay exotismo que valga para los europeos. En la situación actual, estamos a punto de convertir el proyecto europeísta en un fracaso que nos lleve a sistemas cada vez más totalitarios que nos hagan soñar con un futuro más propio de un parque temático que con un lugar real.

DdU: Tus protagonistas españoles ya no son hackers al uso, quedan lejos de los “vaqueros de consola” de Gibson, son en realidad netócratas, pequeños empresarios de red, gente con referencias cultistas que tienen además un pie en la tecnología y otro en el mundo del manga, el rol o la cultura de masas. ¿Ha acabado el ciberpunk siendo el bardo de la netocracia?

JL: No lo sé. La imagen de esos netócratas es menos complaciente de lo que podría pensarse. Más que empresarios emprendedores son trabajadores muy cualificados que por falta de estímulos y un mercado profesional a la altura se han convertido en buscavidas que acaban sobreviviendo al amparo de las mafias.

El ciberpunk es el reverso tenebroso del optimismo de la CF clásica. Gibson, en “El continuo de Gernsback” (cuya traducción publicada en “Quemando cromo” es excelente), describe el horror que supondría vivir en un mundo como el soñado por los escritores pulp de los cuarenta y los cincuenta.   El ciberpunk -considerado como corriente de la CF– pone en duda la mitomanía en torno al progreso e intenta especular en torno a las consecuencias que tendrá la imbricación de las tecnologías de la información en la vida pública y la privada. Que el tono sea complaciente o no es una opción personal.

DdU: Las Mafias juegan un papel importantísimo en tu trama. De hecho parecen un tejido a medio camino entre el estado y las empresas. Es sólo ambientación o realmente ves la descomposición social como una perspectiva inmediata. ¿O ni siquiera lo entiendes como descomposición sino como evolución?

JL: Más que mafias, me gustaría utilizar otra expresión: “estados alternativos”. Sé que puede parecer pedante, pero es bastante más exacta. De hecho, en algunos países de Europa del Este, y también en nuestras ciudades, el Estado no puede garantizar los mismos servicios a todos los habitantes, por lo que muchos recurren a organizaciones paraestatales, legales o no, para obtener ciertas garantías. Si bien el crimer organizado es reprobable y debe combatirse sin descanso, no puede pasarse por alto que esas mafias operan precisamente en las zonas de sombra a las que el Estado no llega. Evidentemente, no creo que contratar los servicios de una organización criminal sea aceptable, pero me interesa jugar con la idea de que algunas personas se ven obligadas a hacerlo para sobrevivir. Y no creo que eso sea una evolución, sino más bien la descomposición de un orden en crisis.

DdU: ¿Por qué elegiste Chongqing como escenario?

JL: Porque es una ciudad que me fascina. He visitado algunas ciudades del Sureste Asiático (Singapur, Hong Kong y Taipei), y dispongo de bastante información de otras como Shanghai, Pekín, Tokio, Seúl, Kuala Lumpur o Chongqing, un gigante de acero y cristal rodeado de centrales térmicas, con lluvia ácida, bañado por los ríos Ynagtze y Jialing… En la actualidad, Chongqing está a punto de convertirse en la ciudad más poblada del planeta y compite por superar a Shanghai en importancia. ¿Cómo podría resistirme a no incluirla en la novela?

DdU: Políticamente tu novela es tremendamente subversiva, podría entenderse como un órdago global a las corrientes dominantes hoy en Europa y España: nacionalistas, multiculturalistas, antiglobis…

JL: Ojalá sea tan subversiva… Pero sí, intento mostrar mi desacuerdo con el nuevo orden ideológico (venga de donde venga). Como decía Negroponte, en Europa hablamos y escribimos demasiado, pero hacemos poco, tanto en lo tecnológico como, sobre todo ahora, en lo político.

DdU: ¿Tienes pensado simultanear “No Future” con otras obras para keitai?

JL: Sí, en cuanto consiga centrarme un poco, comenzaré a escribir una serie mucho menos pretenciosa a la que por ahora llamo “Las aventuras del Capitán Píxel” en la que jugaré con muchas referencias de los ordenadores de los ochenta para describir un futuro cercano. Además, si consigo hacerme con ella, incluirá elementos hipertextuales.

DdU: ¿Qué sentido global te gustaría dar a tu trabajo como novelista?

JL: No lo sé. Creo que es muy pronto todavía. De lo que sí estoy seguro es de mantener unas ciertas constantes temáticas, como la relación que establecemos con la tecnología, el peso de la cultura popular en nuestro imaginario, el nuevo orden mundial (que poco tiene que ver con los Bush), la nostalgia de un pasado que inventamos…

DdU: A partir del momento en el que Gibson o Sterling rechazan seguir siendo identificados como parte de un grupo han sido muchos los que se han apresurado a imprimir titulares tipo “el ciberpunk ha muerto”. Sin embargo en paises como España o Hungría, el ciberpunk sigue resultando novedoso y empieza a despuntar ahora. Por otro lado, personalmente encuentro a Cadigan o Stephenson más ciberpunks que nunca… por no hablar del Sterling-GNU que se abre con “Green days in Brunei”… ¿Han sido demasiado prematuros los titulares o es que el ciberpunk se ha convertido en el romanticismo de la época tecnológica y ya no hay quien lo mate?

JL: Ignoro si el ciberpunk ha muerto o no. La estética del primer ciberpunk se colapsó por culpa de la poca traza de muchos escritores de segunda que tomaron los elementos propios de Gibson, Sterling o Cadigan y crearon novelitas de detectives llenas de cables, trodos y conexiones a realidades virtuales que se caían por su propio peso. Los buenos autores de ciberpunk meditan sobre la tecnología y su impacto en las esferas públicas o privadas.

Desconozco el caso de Hungría, pero en España no tendríamos que sorprendernos demasiado, viendo el atraso tecnológico del que no nos libramos. Es más, durante los años setenta tuvimos el lujo de poder disfrutar de un escritor que, si hubiera sido bien valorado y comprendido por la crítica, sería el predecesor directo del ciberpunk: Mariano Antolín Rato. Sin embargo, no ha sido así y su obra ha sido completamente olvidada. La lectura de “Cuando 900 mil mach aprox”, “Entre espacios intermedios: Whaaam!”, “De vulgari Zyklon B manifestante” o “Mundo araña” es mucho más sorprendente y actual de lo que nos imaginaríamos. Si hubiese que buscar al primer autor ciberpunk español, sería él.

DdU: En 2004 se cumplen 20 años del nacimiento del ciberpunk y 15 de la formación del grupo español del que formas parte. Tu novela está en prácticamente todos los móviles de última generación del país (los imode). Los artículos de la Bitácora de las Indias aparecen reseñados en media prensa online. La historia del grupo ciberpunk español empieza a merecer bibliografía académica y aparecer en libros de papers. Proyectos como “Como una enredadera…” han calado hasta en el lenguaje y ya hay varias asociaciones con ese nombre que no están relacionadas directamente con ciberpunk. Dáis conferencias por media España. Y el otro día hasta Felipe Gonzalez citaba a David Teira en el club siglo XXI… ¿Qué es ésto? ¿Los ciberpunks de stablishment tecno-literario?

JL: Ya veremos. Todavía queda mucho por hacer.

«¿Quién es Javier Lorente?» recibió 0 desde que se publicó el lunes 9 de febrero de 2004 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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