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Conquistar el trabajo es reconquistar la vida

Grupo de Cooperativas de las Indias

¿Quién mató a «los pioneros de Rochdale»?

Solo el cooperativismo de trabajo, la forma contemporánea del comunal, puede ofrecer al mismo tiempo un «ganarse la vida» y un modo de vivir con sentido propio.

El futuro aquí y ahora: Keynes, Marx, Dewey, Foucault, Dreikurs, Zamenhof, etc.

La Historia «perezosa», esa que se reproduce cuando se copia y pega de la Wikipedia, nos dice que el cooperativismo moderno nació en 1844 como cooperativismo de consumo en Rochdale, Inglaterra. Este relato, que nadie hubiera sostenido en Europa cuando se hizo por primera vez, casi treinta años después, fue parte en realidad del esfuerzo del social-liberalismo anglicano por mantener alejados a los obreros ingleses de las ideas revolucionarias continentales. La herramienta que crearon para darle materialidad y difundirlo a través de las redes imperiales británicas de la época, la ACI, consiguió hacerla «historia oficial»… a pesar de que hace mucho que la historiografía social lo refutó sobradamente.

Lo que los historiadores británicos aprendieron de la guerra civil española

De forma muy interesante, esta refutación será producto de la investigación de autores británicos como Langdon DaviesBehind the Barricades») y especialmente de Gerald BrenanEl laberinto español»). Enfrentados a algo para ellos sorprendente -las comunidades agrarias y las colectividades anarquistas en la Guerra Civil- buscarán antecedentes. Descubrirán entonces en obras de autores decimonónicos tan poco sospechosos como Joaquín Costa o Juan Antonio Possé, el relato de algo que rompía el relato historiográfico anglosajón y que cambiará su mirada sobre el cooperativismo y los orígenes del socialismo europeo: la conversión progresiva a partir del siglo XVIII y en contextos culturales y políticos muy diferentes, de las tierras y explotaciones comunales en cooperativas modernas y «municipalidades comunalistas».

En el primer apéndice de «El laberinto español», Brenan se da cuenta de que las tierras comunales no son nada original de la península, que «el sistema comunal de cultivar la tierra (…) en un tiempo fue general» en toda Europa y que es su conversión, con el desarrollo de «servicios municipales» y cofradías de pescadores, la que desemboca en «una cooperativa moderna incrustada en una organización comunal antigua y funcionando perfectamente (…) que precede en al menos sesenta años al movimiento cooperativista europeo». Cabría corregir a Brenan: no europeo, sino británico, porque en la Europa latina, no solo en España sino en Italia, Francia y Portugal, estaban sucediendo en ese momento fenómenos similares.

Brenan se da cuenta de que el movimiento político cooperativo en España, que data en 1860 con el activismo de los primeros socialistas alrededor del discípulo de Fourier Fernando Garrido, es decir casi una década antes del «Co-operative Congress» del que nacería la ACI y el movimiento cooperativo anglosajón, tiene resultados tan notables y se expande rápidamente por toda la península porque, como las colectividades aragonesas, encuentra un suelo y una memoria histórica fértil: una larga tradición democrática en la gestión del comunal que comienza en la Edad Media y que pronto incluye actividades artesanales y a partir del XVIII pequeña industria agraria y de transformación pesquera. El cooperativismo original no solo era productivo en vez de comercial, era un cooperativismo de trabajo, protagonizado por lo que Fernando Garrido llamaría «el trabajador asociado».

¿Qué oculta el mito de los «pioneros de Rochdale»?

Cuando entendemos que el cooperativismo es el resultado de la evolución de la producción comunal se hace evidente que el cooperativismo no podía «nacer» en Rochdale, simplemente porque ya existía, y que si había un lugar improbable para que tomara su forma moderna era precisamente el país que había abolido las tierras comunales más de siglo y medio antes. No conviene olvidar que cuando se crea el mito de Rochdale en el primer congreso de la ACI (1895), la audiencia es casi exclusivamente británica: la gran mayoría de delegados «extranjeros» vienen de las colonias de Australia, India e Irlanda y solo da una nota de color la pequeña representación del socialcristianismo protestante del Norte alemán, donde las tierras comunales no habían evolucionado o se habían abandonado en el siglo XVII.

La idea según la cual el centro del problema social, medioambiental o la desigualdad tendrían solución cambiando los modos de consumo nos parece hoy tipicamente anglosajona. Hasta hace poco, las cooperativas norteamericanas definían cooperativa en su página web como una organización «propiedad de sus consumidores». Por eso cuando hoy decimos lo mismo -cooperativa- queremos decir en realidad cosas diferentes, sobre las que tenemos listones y expectativas aun más diferentes.

Y así cuando discutimos sobre cooperativas plataforma -que el anglomundo acaba de «inventar» aunque el modelo tenga más de medio siglo de experiencia entre taxistas, traductores, etc.- nosotros las comparamos con el nivel de control, compromiso y participación de las cooperativas de trabajo, en los que los socios comparten jornada, objetivos y resultados, mientras en el mundo anglosajón la referencia es todavía la de las cooperativas consumo, habitualmente controladas por una capa tecnocrática de «administradores cooperativos» y con una participación históricamente baja incluso en las asambleas, porque, a fin de cuentas el coste de participar en una reunión o en comité es mucho más alto que lo que la cooperativa representa en la vida cotidiana de sus socios, que no es más que un lugar donde comprar una parte de sus compras. De hecho incluso el concepto de «cooperativa de trabajo» en Gran Bretaña sería, para estándares continentales, demasiado ambiguo: la mayoría de lo que la legislación británica considera cooperativas de trabajo en Europa serían «sociedades anónimas laborales» o «fundaciones empresariales».

Eleanor Roosevelt y John F. Kennedy en la inauguración de la International Ladies' Garment Workers' Union co-op n 1962.Lo que es más importante aun, la desaparición de la centralidad del trabajo en el discurso, no es ni nunca ha sido inocente. Si originalmente el cooperativismo británico puso el acento en las cooperativas de consumo para desplazar las revolucionarias «ideas continentales», en los sesenta la «Alianza por el progreso» de Kennedy, lo puso para «vacunar» a sus países satélites, especialmente en «las Américas», contra las ideas socializantes; el resultado fue la fundación de cooperativas financieras y de consumo según el modelo anglosajón en toda Iberoamérica.

Por qué el cooperativismo necesita superar el mito de Rochdale

Como decíamos en el Manifiesto Comunero:

Entramos en un tiempo en el que ningún relato podrá ser creído si no puede demostrar, aquí y ahora, que sirve para que una nueva generación se desarrolle y viva decentemente mediante el trabajo.

Solo el cooperativismo de trabajo, la forma contemporánea del comunal, puede ofrecer al mismo tiempo un «ganarse la vida» y un modo de vivir con sentido propio. Capacidad no solo de trabajar sino de transformar, aprender y desarrollarse en comunidad. Desde ese centro, cooperativizar consumos o servicios, una plataforma o una infraestructura, puede ser una extensión natural y empoderadora. Pero por sí mismos, los «otros cooperativismos», no pueden ofrecer una alternativa real que responda al mismo tiempo a la necesidad económica y a la social.

Rochdale es una bonita historia sobre cómo algunas formas cooperativas de distribución y consumo pudieron arraigar en plena era industrial incluso allí donde la tradición del comunal se había perdido. Pero sin recuperar su origen en la propiedad comunal, sin recuperar el trabajo colectivo y su significado, el cooperativismo no podrá dejar de ser el contrapunto de un sistema que se cae para convertirse en una alternativa viable ahora que la tecnología y la Historia le dan su oportunidad.

«¿Quién mató a «los pioneros de Rochdale»?» recibió 3 desde que se publicó el Miércoles 15 de Febrero de 2017 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. Hola David. No sé si conoces el trabajo que ha estado haciendo el profesor Richard Wolff sobre el cooperativismo. Me gustaría tu opinión. Aquí un enlace hacia su último “Economic Update”,

    https://youtu.be/GlNmm-OoNvE

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  1. […] interesante el artículo que David de Ugarte ha publicado en el blog de Las Indias. Lo ha titulado ¿Quién mató a los “pioneros de Rochdale”? y en él reflexiona no solo sobre el origen del cooperativismo industrial sino también sobre su […]

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