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Razones y sinrazones para la indignación

Que hay razones para una «indignación» ciudadana en Europa es casi un lugar común. Otra cosa es cómo se explicitan y narran. Y lo mínimo es pedirles un poco de coherencia lógica. Lo contrario, personalmente me indigna tanto o más como los hechos. No me gusta que insulten mi inteligencia. En «Españistán», un vídeo que se ha difundido ampliamente por la base quincemista por ejemplo, se culpa del incremento sostenido de precios de la vivienda al incremento de suelo edificable generado por la ley del suelo de Aznar. ¿Desde cuándo un incremento de oferta produce una subida de precios? ¿No es justamente al revés? Obviamente el vídeo «olvida» que la ley -que efectivamente pretendía desinflar la burbuja vía aumento de oferta- se vió en su día «moderada» por la FEMP (el poder municipal, entonces en manos del propio partido de Aznar) que vía la inclusión de la figura del «interés ecológico» dejó la ley en papel mojado. Eriales y descampados sin el menor interés se declararon masivamente zonas municipales protegidas para asegurar que la oferta siguiera creciendo más lentamente que la demanda y los ayuntamientos pudieran cobrar impuestos de plusvalías suficientes como para poder seguir invirtiendo en las obras e infraestructuras que los nuevos barrios demandaban. En la base de la especulación y la burbuja estaba la escasez de una financiación municipal siempre postergada por las administraciones autonómicas y el gobierno del estado. Pero por lo visto eso era demasiado difícil de explicar. Era más fácil seguir una lógica goebbelsiana y probar una cosa con su contraria, culpando al aumento de oferta de la subida de precios contra toda lógica y sin ninguna evidencia empírica.

Afortunadamente no todo indignado resulta indignante. En un artículo en Deia que al parecer se ha borrado pero que todavía conserva en caché Google, Jose Antonio Díez Alday recoge muy bien el conflicto de intereses entre la ciudadanía -que vive mayoritariamente de la pequeña empresa-, los bancos y los estados mismos en las soluciones a la crisis de deuda. En el centro el llamado «carry trade» y la alternativa entre sanear el tejido financiero y aliviar la deuda de los estados o dar crédito y reanimar el tejido productivo:

Ahí están, sin ir más lejos, las manos libres que tendrán las 523 entidades bancarias que esta semana pasada se han llevado 489.000 millones de euros en la subasta celebrada por el BCE, la primera que realiza para conceder préstamos amortizables en tres años a un interés del 1%, lo que les permitirá utilizar casi 300.000 millones en la refinanciación de los vencimientos que la banca tiene a siete días, tres meses y un año vista con unos tipos de interés más altos. Es decir, consiguen dinero para refinanciar la deuda a corto plazo y la sustituyen por otra a medio plazo (3 años) e interés más bajo (1%).

Con el capital sobrante, la banca bien podría abrir el grifo de los créditos a familias y empresas, lo que impulsaría un aumento del consumo y la inversión. Pero no hay que hacerse ilusiones, seguirán teniendo las manos libres para, por ejemplo, comprar deuda pública con una rentabilidad entre el 4 y 5%. Un negocio mucho más rentable que captar dinero y prestarlo a precios de mercado libre, al tiempo que incrementan sus avales para acudir a las subastas del BCE. Así que compran bonos soberanos, reciben rendimientos elevados y los descuentan ante el BCE para tomar dinero prestado al 1%, un fenómeno conocido como carry trade.

Y si alguien piensa que, gracias a estos recursos frescos y baratos, la subasta interbancaria diaria del Euribor va a seguir la senda marcada por el BCE que ha bajado medio punto porcentual el precio oficial del dinero (25 puntos básicos en noviembre y otros tantos en diciembre) pues también se equivoca, porque su evolución apenas refleja un descenso de una décima desde la media registrada en octubre (2,111%) a la provisional de este último mes (2,013%) lo que significa que cobran una décima menos que hace dos meses, mientras que pagan cinco décimas menos. Lo dicho, negocio redondo y manos libres para seguir marcando el ritmo de la doble moral financiera.

Fíjense, por ejemplo, en el presidente del BCE, Mario Draghi, declaraba, tras prestar ese descomunal dineral a la banca europea, que no sabe si esos bancos utilizarán el dinero para financiar directamente a familias y empresas (lo que definió como la opción deseable) o si los usarán para comprar deuda pública. Son palabras vacías. Un alarde de cinismo.

Y lleva razón. Pero explicar los mecanismos de la crisis y la lógica de poder y prioridades de las respuestas institucionales resulta demasiado difícil para los hacedores de consignas. Aunque sea imprescindible para pensar y defender alternativas viables.

«Razones y sinrazones para la indignación» recibió 0 desde que se publicó el Lunes 26 de Diciembre de 2011 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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