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Referencias para inmunizarse contra el discurso esencialista

Algunos autores que a pesar de no haber disfrutado de una popularidad masiva, presentan argumentos particularmente esclarecedores frente al esencialismo

existence-essenceUna característica bastante común de los discursos que arraigan en la descomposición es la de definir a la gente según supuestas características esenciales que definen a una nacionalidad particular. Y desde que llegué a Venezuela hace unos días, he notado que ese argumento está hoy más vivo que nunca en el país.

La versión local del discurso le achaca al venezolano una especie de astucia exacerbada, lo que coloquialmente se denomina aquí como «viveza criolla». La referencia intelectual a la que generalmente se recurre es una conferencia de José Ignacio Cabrujas en la que expresa la idea con florido estilo literario.

Y aunque quizás la versión de Cabrujas no lo implique directamente, sirvió para consolidar la noción de que todos los problemas del país se solucionarían de la noche a la mañana si no fuese por esa característica supuestamente esencial del venezolano.

Por ejemplo, he conversado con varias personas suficientemente sensatas para aceptar que en cualquier país del mundo en el que el estado establezca rígidos controles cambiarios mientras monetiza un déficit fiscal creciente, creando un diferencial importante entre la tasa de cambio oficial y la del mercado negro, se dispararía una epidemia de fraudes para aprovechar la obvia y extremadamente rentable oportunidad de arbitraje.

Sin embargo, nunca dejan de aclarar que porque «los venezolanos son todos unos vivos», una proporción sumamente alta de la población se ha enriquecido a través del fraude cambiario. Ven la viveza criolla como causa fundamental del fenómeno, más importante aún que el hecho de que prácticamente en ningún otro país el diferencial cambiario oficial/negro supere el 700%. Y los más radicales pasan rápidamente a explicar la viveza criolla en términos que cuando no son explícitamente racistas, lo insinúan de maneras no demasiado sutiles.

Si la descomposición proporciona el caldo de cultivo ideal para la reproducción viral del discurso esencialista, resulta hoy más útil que nunca repasar algunas referencias poderosas que lo deconstruyen.

La existencia precede a la esencia

sartreEl lema que caracteriza al movimiento existencialista resume su legado fundamental y el impacto altamente disruptivo que ha tenido en la consciencia occidental durante el siglo XX.

Por eso es que el discurso esencialista nos resulta tan fundamentalmente opresivo, porque niega de raíz una de las nociones más genuinamente progresistas e iluminadoras de la condición humana que jamás hayan arraigado en nuestras psiques.

Los lectores de este blog encontrarán el condimento existencialista en lo que Juan Urrutia denomina individuación; en Michel Foucault, una de nuestras referencias fundamentales, que puede decirse que criticó tanto como elaboró y llevó a sus últimas consecuencias las implicaciones libertarias del existencialismo; y en general, en nuestra arraigada creencia en la responsabilidad individual como requisito fundamental para la libertad.

El existencialismo y sus protagonistas, entre los que se encuentran algunos de los pensadores más reconocidos de la historia reciente, no necesitan demasiada introducción, por lo que a continuación presentaremos a algunos autores que a pesar de no haber disfrutado de una popularidad masiva, presentan argumentos particularmente esclarecedores y corrosivos para la falacia esencialista.

De Gustibus Non Est Disputandum

Gary-BeckerGary Becker, premio Nobel de economía en 1992 por haber extendido el análisis económico riguroso a ámbitos convencionalmente considerados como fuera del alcance de los mercados, introdujo en el análisis económico convencional la noción de que las preferencias de la gente evolucionan con la experiencia y el aprendizaje.

Así, la «viveza criolla» sería interpretada por el analista beckeriano como una respuesta racional a los incentivos económicos y sociales a los que se confronta el venezolano, o sea, a los precios de mercado y los precios sombra que entran dentro de su cálculo decisional. Confrontado con el mismo conjunto de precios, cabría esperar que cualquier ciudadano de otro país del mundo se comportara con tanta «viveza» como el venezolano.

La formulación más extrema de esta idea, un tanto rebuscada al suponer que las preferencias de la gente son exactamente iguales y constantes en el tiempo, y refinada en trabajos subsiguientes de Becker, fue planteada en un famoso paper escrito con su colega de la universidad de Chicago, George Stigler, titulado «De Gustibus Non Est Disputandum».

Uvas amargas

jon-elsterJon Elster, teórico político y social de origen noruego que en su momento también enseñó en la universidad de Chicago a pesar de ubicarse en el extremo ideológico opuesto a Becker–quizás su marxismo analítico se debe a una fé desmesurada en la replicabilidad del éxito del modelo escandinavo ;)–escribió una serie de libros extraordinarios en donde analiza la manera en la que creencias y preferencias interactúan y se retroalimentan mutuamente, iluminando ampliamente lo que determina lo que convencionalmente denominamos vagamente como «características culturales» — ese tipo de comportamientos idiosincrásicos como la «viveza criolla» venezolana.

Quizás su libro más contundente es «Uvas Amargas», cuyo título hace referencia a la fábula en la que una zorra, al ver un racimo de uvas que cuelga tan alto que queda fuera de su alcance, se convence a sí misma de que no están maduras, por lo que no le gustarían. Siempre en el marco de la teoría de juegos, Elster analiza en el libro una amplia variedad de contextos, eventos históricos y experimentos en los que este tipo de preferencias adaptativas surgen como consecuencia de los incentivos económicos, normas sociales y otros elementos institucionales que conforman el ambiente en el que se desenvuelven las personas.

Elster es particularmente agudo en resaltar cómo las preferencias, y más en general, las costumbres y la idiosincrasia de la gente, se adapta para racionalizar entornos políticos y económicos particularmente perversos, reduciendo la disonancia cognitiva que se produce cuando el entorno premia acciones que violan nociones morales fundamentales. «Uvas Amargas» le aporta profundidad psicológica al entendimiento de una serie de fenómenos sociales perversos que van del síndrome de Estocolmo al Experimento de Milgram.

Modelos mentales compartidos: ideologías e instituciones

dougas-northUno de los más completos marcos teóricos que explican la evolución de la cultura y su impacto en el desempeño económico es sin duda el de la economía institucional.

En particular, el trabajo de Douglas C. North, otro premio Nóbel de economía, enfatiza la conceptualización de las instituciones y las ideologías como modelos mentales compartidos, y por lo tanto susceptibles de cambio evolutivo a través del tiempo por medio de procesos de aprendizaje.

Si esto es así, entonces el marco institucional de una economía determinada, que es lo que a la postre determina su estructura de incentivos, es a su vez determinada por los modelos mentales compartidos por las personas que interactúan a través de dicha estructura.

Y la persistencia del desempeño económico subóptimo queda bajo esta perspectiva explicada por el hecho de que

La presencia del aprendizaje crea dependencia de la trayectoria en las ideas, las ideologías y luego en las instituciones. Los sistemas de modelos mentales exhiben dependencia de la trayectoria, por lo que la historia importa, y en ambos puede persistir el desempeño subóptimo durante largos períodos de tiempo.

Bajo esta perspectiva, la «viveza criolla» sería un aspecto de los modelos mentales compartidos por las personas que interactúan bajo un marco institucional determinado, que a su vez los refuerza y se sostiene gracias a ellos.

El hombre en busca de significado

viktor-franklSi bien el trabajo de los autores anteriores tienen la enorme virtud de inmunizarnos del discurso esencialista, puede prestarse a interpretaciones equivocadas que nos lleven a una visión determinista de la conducta humana en la que la acción depende exclusivamente de los incentivos impuestos por el sistema económico y social.

Y aquí es donde es supremamente relevante el trabajo de Viktor Frankl, y en especial su libro «El Hombre en Busca de Sentido», en el que narra su experiencia como superviviente de los campos de concentración nazi durante la segunda guerra mundial.

En su libro, Frankl interpreta lo que le permitió sobrevivir al holocausto como un empeño en encontrarle significado a la vida incluso en las circunstancias más dolorosas, absurdas y deshumanizantes. Esto a su vez sirvió de base para su logoterapia, que hoy en día es una rama establecida de la psicoterapia existencial.

En otras palabras, Frankl nos recuerda que incluso en los entornos sociales más descompuestos, en los que prevalecen los incentivos más perversos, la responsabilidad última de superar las limitaciones impuestas por los modelos mentales predominantes reside en cada uno de nosotros. Al fin y al cabo, el cambio social verdaderamente revolucionario, empieza con una idea que en principio es siempre minoritaria.

Y los pocos que suelen adoptar ese tipo de ideas por lo general ni siquiera se preocupan activamente de cambiar el mundo. Simplemente se dedican a construir y refinar su visión y a compartirla con aquellos con los que tienen una afinidad genuina, con los que pueden conversar; con los que pueden compartir una vida interesante.

«Referencias para inmunizarse contra el discurso esencialista» recibió 7 desde que se publicó el Martes 24 de Diciembre de 2013 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Alan Furth.

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