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Retos sociales

La mejor forma de predecir el futuro es conseguir que se haga realidad.

Prácticas en las Indias

Lindbergh
Los años que dieron paso al siglo XX estuvieron plagados de emociones. Tras la invención de la máquina de vapor se comienza a pensar en formas de transporte autónomas. Se gestan el automóvil y el avión. Es la era de la velocidad. Hay que llegar el primero. La primera máquina a motor en despegar del suelo, el primer carro sin caballos. Muchas de estas carreras eran empeños personales. Otras, no menos mediáticas, respondieron a retos sociales.

Uno de ellos es el primer vuelo transatlántico, resultado del reto lanzado por Raymond Orteig. Emigrado francés en los EEUU y propietario de dos hoteles en Nueva York, en 1919 hizo público un desafío:

Señores: Como un estímulo para los aviadores valientes, deseo ofrecer, a través de los auspicios y reglamentos del «Aero Club of America», un premio de $25.000 para el primer aviador de cualquier país aliado que cruce el Atlántico en un vuelo de París a Nueva York o Nueva York a París, todo lo demás corre de su cuenta.

Durante los siguientes 5 años el premio quedó desierto obligando al señor Orteig a renovar el depósito bancario. hasta que en 1927 Charles Lindbergh, tras 33 horas de vuelo, consigue aterrizar en París.

El logro de Lindbergh tuvo un reflejo directo en el mercado. El valor de las acciones de las compañías de aviación se disparó en bolsa. El número de pasajeros en EE.UU. pasó de 5.782 a 173.405 entre 1926 y 1929. El Orteig Prize conseguía así su propósito y mucho más, la consolidación de un nuevo sector industrial.

La filantropía convencional

Peter DiamandisHace unos días, María contaba cómo en los países protestantes la filantropía responde a una necesidad de compensación o de devolución que parece darse de forma natural entre las grandes fortunas. Es frecuente encontrar referencias a grandes donaciones en arte, educación o investigación científica. Sin embargo, no todos piensan que donar a organizaciones sin ánimo de lucro sea el sistema más efectivo para cambiar el mundo. Si tenemos dinero suficiente, ¿por qué no cambiar los incentivos de una sociedad entera?

Retos sociales

En 1995, Peter H. Diamandis, inspirado en el Premio Orteig, crea la Fundación X Prize, destinada a convocar retos para estimular el desarrollo en torno a «grandes desafíos de la Humanidad». La idea es que la mejor forma de predecir el futuro es conseguir que se haga realidad, porque «desde tu propia organización, se puede crear el marco que incentive a la gente a trabajar para que ciertas cosas ocurran».

Ganadores de X PrizeUno de los primeros retos sociales que lanzó fue el Ansari X-Prize, un premio de 10 millones de dólares al primer grupo privado capaz de construir una aeronave, lanzarla al espacio y llevar a tres personas 100 kms por encima de la superficie de la Tierra dos veces a la semana. Como su predecesor, buscaba crear una industria, el turismo espacial, en un ámbito hasta entonces reservado a los gobiernos.

En el panel de promotores del X Prize hoy figuran Google, Nokia, o consorcios familiares como el de los mismos Ansari. Cada uno de ellos, aporta el dinero y delimita el área de acción y el reto a conseguir en áreas que van desde la investigación científica, la salud, la educación o el medio ambiente. Equipos de todo el mundo compiten por el premio sabiendo que sólo habrá un ganador.

La lógica de los retos sociales

retos socialesLos retos sociales resultan chocantes. Los competidores asumen ese riesgo, dedicando trabajo, esfuerzo y tiempo sin tener la certeza de una compensación. Y si pensamos en los promotores, la sabiduría convencional les recomendaría dedicar su dinero a formar el mejor equipo posible y hacerlo por sí mismos.

Y sin embargo promover y participar en un reto social es la mejor opción para todos. ¿Por qué? Porque ninguna carrera por el conocimiento es solo la meta, ni siquiera es fundamentalmente la meta.

El conocimiento tecnológico y científico es por lo general «dependiente del recorrido». Si los promotores se pusieran a perseguir el objetivo por sí mismos abrirían un camino determinado. Al fijar un reto social y dejar «lo demás por su cuenta», dan pie a que todos los caminos posibles compitan entre si. Amplían el abanico de lo posible, no solo en una cosa -el objetivo del reto- sino en todas las que puedan surgir a partir de cada una de las sendas de los competidores.

Por otro lado, los participantes no pierden todo el esfuerzo realizado si su camino no es el más rápido. Solo perderán el premio. Tendrán en cualquier caso todo lo aprendido a lo largo del recorrido como un patrimonio propio y con valor en el mercado. Basta con que obtengan hitos que puedan convertirse en algo valioso para alguien. El primer automóvil no usó un motor a explosión, pero desarrollar el motor a explosión, hito de un camino alternativo, tampoco fue una mala cosa para el señor Benz.

Los retos sociales aplicados a la innovación y el desarrollo social multiplican el efecto de los objetivos que persiguen. Hacen posible no un futuro, sino muchos. Y todos a la vez. Son generadores de abundancia.

«Retos sociales» recibió 14 desde que se publicó el Miércoles 12 de Febrero de 2014 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Natalia Fernández.

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