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Rumanía juega al Brexit

No estamos ante un debate entre lo que los anglos llaman «real food» y unas fantasmagóricas verduras mutantes y cosmopolitas, estamos hablando de si se acepta o no que el nacionalismo económico y el proteccionismo dentro de la Unión pueda restringir a su antojo el espacio europeo.

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En Rumania el Parlamento ha aprobado una ley que obliga a los supermercados a dedicar más de la mitad de su oferta agroalimentaria a «productos nacionales». Se trata de un ataque directo a la esencia de la Unión, una carga de profundidad tan insidiosa o más que el Brexit, porque si la salida de Gran Bretaña tiene efectos políticos y económicos para todo el continente, al menos no dinamita por sí misma las reglas básicas de convivencia y construcción de un espacio económico igual para todos.

parlamento rumaniaPor supuesto el decrecionismo ha aplaudido la decisión unánime del Parlamento rumano pasando a demonizar a la Comisión por las previsibles sanciones. En una confusión típicamente norteamericana, el argumento es simplemente ridículo: confunde comida local con producto nacional o ecológico, cuando basta mirar un mapa para darse cuenta de que Bucarest, el gran consumidor de productos agrarios del país, está mucho más cerca de la frontera búlgara que de Timisoara o Transilvania y analizar los datos del sector agrario rumano para descubrir el peso de la agricultura industrial. No estamos ante un debate entre lo que los anglos llaman «real food» y unas fantasmagóricas verduras mutantes y cosmopolitas, estamos hablando de si se acepta o no que el nacionalismo económico y el proteccionismo dentro de la Unión puedan restringir a su antojo el espacio europeo.

El mercado único y los «nuevos países miembro»

mercado unico europeoLa gran aventura europea no es otra cosa que la construcción progresiva de un estado anacional transeuropeo o de un metaestado transnacional. Se fundamenta en la creación de un mercado único porque, con economías mínimamente equiparables, los costes de integrarse en un mercado de escala mucho mayor son menores que el impulso económico que la economía local recibe por el hecho de participar en una competencia ampliada. Rumania es un ejemplo. En solo cuatro años, en plena crisis global y europea su producción per capita ha pasado de 6.214€ en 2011 a 8.097€ en 2015. Un verdadero «milagro económico» que no hubiera ocurrido si su integración en la Unión no hubiera servido para que las empresas locales encontraran nuevos mercados, tecnologías e inversiones, la competencia exterior redujera los precios internos y la libertad de movimientos permitiera encontrar trabajo en otros países de la Unión a cientos de miles de trabajadores a los que las carencias estructurales rumanas condenaban al paro y la miseria.

A pesar de que no faltaron las voces que advirtieron que muchos de los países integrados a partir de 2004 no eran «economías de mercado eficaces», el peligro de la «ampliación hacia el Este» no estaba tanto en que sus economías no pudieran soportar la competencia en un mercado europeo abierto, sino en la solidez de sus culturas democráticas y el peligro nacionalista.

jobbikEl régimen de apartheid étnico establecido constitucionalmente en Estonia, que excluye al tercio rusófono de su población de derechos políticos y la evolución del ultranacionalismo en Hungría y Polonia bastan como ejemplos de que la ampliación hacia el Este solo era justificable desde una mirada muy concreta: la impulsada por Gran Bretaña y apoyada desde el exterior por la diplomacia de Estados Unidos. Para Gran Bretaña la heterogeneidad política y la superficialidad del espíritu europeista en aquellos países, debilitaría las tendencias federalistas de la Unión consagrando a la UE tan solo como un espacio de mercado. Para EEUU la integración de las repúblicas que habían estado en la órbita soviética hasta los noventa, depositaría buena parte de los costes de la estabilidad europea en los grandes estados de la Unión, dando un respiro al esfuerzo presupuestario americano en la nueva OTAN.

mercado unico trabajoLa estrategia que el conservadurismo británico siguió durante veinte años pretendía reducir la UE no a un mercado único, como proclamaba, sino a un TLC, es decir a un espacio de libre movimiento de capitales y mercancías, no de personas. El debate británico del Brexit siempre fue un debate sobre si era posible imponer esa mirada al conjunto de la Unión (el «remain») o si la forma de conseguirlo era salir de la UE e imponer finalmente el movimiento asimétrico de personas (libertad de movimiento y residencia para los británicos en Europa pero no al revés) en las negociaciones de salida, lo que está todavía por ver.

Los monstruos rumanos del Brexit

billa rumania verdura supermercadoRumanía recibe de forma directa del presupuesto de la Unión más de un 4% de su PIB. Restringir la competencia en productos agroalimentarios puede parecer una mera torpeza, el intento de un gobierno con pocas ideas de conseguir una renta extra para los productores nacionales. Sin embargo el voto unánime del Parlamento rumano nos habla de otra cosa.

La negociación entre Cameron y Tusk, amparada por un verdadero clima de histeria continental ante el «desastre en caso de producirse el Brexit» legitimó la idea de que un país puede obtener ventajas particulares y excepciones fundamentales al derecho europeo si amenaza directamente los principios de la Unión. Como sabe cualquier economista, si en un juego se premia al traidor la maquinaria de los incentivos fomentará la traición. En ese marco ¿qué fuerza política puede enfrentar en un Parlamento nacional a un nacionalismo envalentonado que plantea el dilema entre beneficiar a productores locales y «ser sumisos a Bruselas»?

¿Y ahora?

tusk cameronEl destrozo moral y político de las negocionaciones de Tusk con Cameron no tiene arreglo. Como apuntaba Juan Urrutia hace unos años:

Se trata, en efecto, de comportarse de acuerdo con esa idea tan básica y querida para los economistas de que los costes hundidos no deben condicionar el comportamiento ulterior del agente económico de que se trate ya que, haga lo que haga, no puede recuperarlos. Una vez que pagas la entrada del cine es ridículo que no abandones la sala, si la película no te gusta, por el hecho de haber incurrido en un coste si éste es irrecuperable. Lo racional es largarte siempre que tengas algo mejor que hacer que sufrir atornillado a la butaca.

europa flagoO aplicado a este y otros casos que vendrán: Europa se mostró dispuesta a pagar un altísimo coste con tal de evitar el Brexit. No sirvió de nada y a nada está obligada ahora la institucionalidad europea ante nuevas amenazas. Lo único racional ahora es actuar con contundencia y reafirmar con claridad no solo la base sino el objetivo del proceso europeo: los tratados no tienen ni tendrán excepciones y no se tocan si no es para avanzar hacia la unión política. Solo así los europeistas en parlamentos locales con nacionalismos emergentes podrán levantar la voz y no ser presentados como fuerzas extranjerizantes, sino como lo que son, la expresión del interés de sus representados en tanto que ciudadanos europeos.

«Rumanía juega al Brexit» recibió 35 desde que se publicó el Domingo 14 de Agosto de 2016 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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