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¿Qué rumbo tomar en un mundo que cae hecho pedazos?

Un escenario terrible, amenazante y grandioso exige trabajar y comprometerse desde lo pequeño, pero no a costa de perder la perspectiva ni el gran sueño de nuestra especie.

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Empieza ahora un nuevo momento económico y político global. Un nuevo escenario donde el antagonista global ya no es una netocracia terrorista sino un estado jihadista que gobierna un territorio del tamaño de Francia, donde es china en crisisChina quien sufre la sobre-escala del capital y son esos capitales sobre-escalados los que ahora capturan innovaciones distribuidas como el blockchain para escapar de todo posible control y extraer rentas extra-mercado de cualquier situación. La descomposición entra en una nueva etapa en la que los estados no solo han recortado las rentas sociales más allá de lo sensato, como vimos en Grecia, sino que la mismísima Europa tiene que admitir que las fronteras entre estados ya no responden a la realidad o abocarse a la complicidad activa en un nuevo genocidio del que el éxodo sirio solo representa una pequeña parte.

El mismo problema de siempre

población vs producciónDebajo de todo esto, tenemos un sistema económico exhausto, atascado en la extracción de rentas y lastrado por el gigantismo y el inmediatismo de sus principales agentes. Y frente a él solo cabe levantar el mismo sueño que cruza la Historia de nuestra especie: la abundancia.

Porque es verdad que hay problemas ecológicos y hay, localmente, sobre-explotación de algunos recursos. Pero no es ese el problema, no es de ahí de donde nace todo el cuadro de horrores que se despliega ante nosotros al entrar en cualquier página de noticias del mundo.

Lo que nos muestran las estadísticas históricas es que la capacidad para crear riqueza ha crecido más rápido que la población global y como consecuencia la pobreza ha disminuido drásticamente en una escala en la que las destrucciones medioambientales tienen una proporción muchisimo menor sobre el conjunto del que que tuvieron las talas o la minería en la Antiguedad o el Renacimiento. Es decir, el «problema medioambiental» es un problema de gestión que lejos de agravarse se ha reducido más que proporcionalmente, aunque nos asuste porque se da a una escala mayor que la del escenario cotidiano de nuestra vida. En pocas palabras, la crisis ecológica no es el motor de todas las demás crisis, no es un «aviso» de que si producimos más nos «cargaremos» el planeta sino una consecuencia más, dramática y costosa pero no central de un modelo económico distorsionado.

el libro de la abundanciaTampoco estamos, exclusivamente, ante un problema de distribución: la desigualdad expresa y agrava las consecuencias de las rentas creadas por la sobre-escala y alimentadas por las fronteras nacionales. Pero aun si pudiéramos de la noche a la mañana repartir a partes iguales la producción mundial seguiríamos necesitando un empujón tecnológico no solo para llegar a todos sino para producir para todos desde lo más básico -alimentación y energía- a lo más sofisticado -sanidad y educación.

La cuestión de fondo es que toda perspectiva que no abogue clara o implícitamente por una «reducción poblacional» solo puede promover producir más para más gente, igual que a lo largo de toda la vida de nuestra especie. Y eso solo puede conseguirse produciendo mejor, a la escala que corresponde a la tecnología actual y por tanto más comunitaria y democráticamente. Y por supuesto seguir apostando por mejorar la tecnología, por desarrollarla de un modo que empodere a las comunidades humanas reales respondiendo a las necesidades productivas de esa gran mayoría que aun vive bajo una escasez escandalosa.

Un futuro que merezca la pena, comunidad a comunidad

exuperyCon todo ese cuadro wagneriano en la cabeza nuestra pequeña comunidad, que es además una comunidad igualitaria, un pequeño kibutz, no una gran corporación ni un club de capitanes de industria, se plantea cómo orientar su trabajo en el próximo año. El resultado es modesto. Puede incluso parecer decepcionante a algunos. No nos gusta hablar para decir «lo que los demás deberían hacer», sino lo que nosotros podemos comprometernos a hacer. Y es que solo así, estableciendo compromisos, las palabras cambian el mundo.

Y en estos días, con este gigantesco y terrible escenario emergiendo ante nuestros ojos, nada hay más transformador ni más emocionante que tomar la responsabilidad de materializar la perspectiva de la abundancia en nuestro entorno, cambiando la forma de aprender, la forma de producir y sobre todo, creando una red con todos los que quieran empezar a pensar y construir su comunidad desde la abundancia, porque como aconsejó una vez Saint Exupery:

Cuando quieras construir un barco no comiences por juntar la madera, cortar las planchas y distribuir el trabajo, despierta en el interior de los hombres el deseo de la mar grande e inmensa.

«¿Qué rumbo tomar en un mundo que cae hecho pedazos?» recibió 3 desde que se publicó el sábado 5 de septiembre de 2015 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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