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San Borondón o las Islas Felices

La legendaria octava isla canaria es un territorio que aparece y desaparece. La razón: es el Paraíso en la Tierra, abundancia para toda la eternidad. Los exploradores la buscaron durante siglos. Aún hoy, muchos siguen creyendo en ella.

San Borondón es una isla legendaria que sigue viva a día de hoy en el imaginario colectivo del archipiélago canario. Tiene su origen en el viaje mítico de San Brandán de Clonfert que a su vez tiene su origen en la antigua Grecia. Alude a una isla que aparece y desaparece, por lo que ha sido también llamada «la Inaccesible», «la Non Trubada», «la Encubierta», «la Perdida» o «la Encantada».

Existen, desde el siglo XIII, relatos de su avistamiento y posterior desaparición, también otros que aseguran que su visión no es más que un espejismo o una engañosa acumulación de nubes. Hay incluso algunos que afirman haberla pisado y haber visto allí huellas de gigantes y vegetales extraños.

Según esos testimonios la isla se encontraría al oeste del archipiélago canario, a 550 km en dirección oeste-noroeste de El Hierro y a 220 km en dirección oeste-sudoeste de La Palma, aunque otros afirman haberla visto en un punto situado exactamente entre las islas de La Palma, La Gomera y El Hierro.

Mediría 480 km de norte a sur y 155 km de este a oeste, formando hacia el medio una marcada concavidad y elevándose por los lados en dos montañas considerables, siendo la mayor la de la parte septentrional. Leonardo Torriani, sin embargo, la dibujaría en tiempos de Felipe II alargada, con colinas dispersas y cruzada por una baja cordillera.

San Borondón es el nombre que recibió en Canarias un santo irlandés del siglo VI, San Brandán (Brendán, Brandano o Brandon), que según los documentos sobre su vida de los siglos IX al XII, recorrió el océano Atlántico durante siete años en compañía de catorce monjes, fundando conventos mientras buscaba la isla del Paraíso. De esa búsqueda procede la conexión entre la isla errante y la abundancia, pues el Paraíso, como todo el mundo sabe, es el espacio de abundancia total. Es lógico que un lugar así se escondiera de los ojos de los hombres. Imaginen el lío que se armaría si la isla estuviera permanentemente accesible a los touroperadores y agencias de viajes.

Pero, como decíamos al principio, esta leyenda se inspira a su vez en un mito de la antigua Grecia, el de las «Islas Felices» (o Islas Afortunadas), y es que ni en la Edad Media encontramos ya historias realmente originales. En la Grecia clásica se creía en la existencia, no ya de una isla, sino de todo un archipiélago, donde «las almas virtuosas gozaban de un reposo perfecto después de su muerte», o lo que los cristianos llamarían El Paraíso. Estas islas tenían localización concreta y parece que en aquella época no se escondían. Los griegos las situaban justamente en la parte más cercana a África del Atlántico norte. La Macaronesia, el conjunto geológico de archipiélagos del Atlántico norte en el que se incluyen las Canarias, recibe su nombre del griego makárôn nêsoi que significa «Islas Felices».

El mapa más antiguo conservado en el que aparece San Borondón es el Planisferio de Hereford, un mapa de T en O de finales del siglo XIII realizado por Richard de Haldinghan. En el Planisferio de Ebstorf, similar al anterior y más o menos de la misma época, aparece la isla junto a una inscripción que advierte: «Isla Perdida. San Brandán la descubrió pero nadie la ha encontrado desde entonces».

El Tratado de Alcaçovas, suscrito entre España y Portugal en 1479 para repartirse el Atlántico, especificaba claramente que San Borondón («aún por ganar») pertenecía al archipiélago canario. La bahía de Samborombón (Provincia de Buenos Aires, AR) recibió ese nombre durante la expedición de Magallanes, en la creencia de que había sido formada por el desprendimiento de la isla de San Borondón del continente americano.

Desde el siglo XIII hasta el siglo XVIII, San Borondón aparece al menos en 10 mapas, incluido el mapa de Fra Mauro y el mapa específico de la isla errante que realizó en 1590 Leonardo Torriani, ingeniero militar enviado a Canarias por Felipe II y firme defensor de la existencia de San Borondón.

En Canarias, la leyenda se volvió tan importante que desde el siglo XVI al XVIII, hubo al menos 8 expediciones en busca de la isla, todas fallidas. Desde entonces no hay noticias de aventureros pero los canarios (algunos) siguieron avistando la isla. En 1958, ABC publica la primera fotografía de San Borondón, 5 años después del último testimonio de avistamiento.

«San Borondón o las Islas Felices» recibió 3 desde que se publicó el martes 7 de febrero de 2017 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por María Rodríguez.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. Qué bueno el descubrimiento etimológico de la Macaronesia! Con San Borondón redescubro mi fe en la abundancia, y je,je, consciente de su imposibilidad… no diríamos por esa foto que podría ser plausible? 😉

  2. El otro día me preguntabas y hoy al leer esta magnífica entrada me he puesto a trastear, vualá, de la prehistoria: http://islasenlared.blogspot.com.es/2005/03/el-hombre-que-estuvo-en-san-borondn-me.html

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