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San Marino: La libertad para separarse o el «nemini teneri»

La historia de San Marino y el «Libertas» de su escudo nos ofrecen un interesante ejemplo de la capacidad de los pequeños para mantener su «libertad para separarse», basada en la construcción de alianzas en el extranjero.

El futuro aquí y ahora: Keynes, Marx, Dewey, Foucault, Dreikurs, Zamenhof, etc.

titano¿Cómo ha logrado, siendo así de pequeño y pobre, convertirse en un estado? Esta pregunta aparece con frecuencia en la introducción de algunos relatos históricos sobre la República de San Marino. Como hemos visto en a las historias de otros microestados Europeos como Mónaco y Liechtenstein, el territorio tiene un carácter meramente utilitario y al hecho de ser pequeño se le puede sacar mucho partido.

Si bien el nacimiento de Liechtenstein ilustra una concepción del territorio que es fundamental para que la Europa de hoy llegue a cobrar sentido, la historia de San Marino es un continuo de luchas para mantener un segundo factor clave para una Europa confederal: La «libertad para separarse» o el «nemini teneri» (no depender de nadie), consagrado en 1296 en un documento en el que los habitantes de San Marino exigen la exención del pago de tributos a la iglesia.

Del «nemini teneri» hasta convertirse en la república más antigua del mundo

Según cuenta la leyenda, San Marino fue fundada en el 301 por un cantero llamado Marinus el Dálmata que dejó la isla de Arbe para escapar de la persecución del emperador romano Diocleciano. Marinus se escondió en la cima del monte Titano, el más alto de los siete que posee San Marino, y fundó una pequeña comunidad cristiana. Una mujer rica de Rímini les dejó el territorio en herencia. Esta herencia fue la base para el «nemini teneri» y los primeros pasos hacia el reconocimiento de la libertad de San Marino.

El territorio de San Marino se limitó al monte Titao hasta finales de 1463, cuando siendo ya una república, entra en la coalición que derrotó a Segismundo Pandolfo Malatesta, Señor de Rímini. En recompensa, el Papa Pío II cedió a San Marino las ciudades de Fiorentino, Montegiardino y Serravalle. Ese mismo año la ciudad de Faetano se unió a la república por su propia voluntad. Desde entonces, la superficie de la república ha permanecido invariable.

Pero más allá de las conquistas territoriales, el gran éxito de San Marino es la resistencia a las constantes amenazas a su autonomía a lo largo de las historia. Desde las disputas medievales con los Malatesta a las ocupaciones militares en 1503 por César Borgia, el Cardenal Alberoni en 1739 y la última ocupación en 1944 durante la Segunda Guerra Mundial. Pero en gran parte de los casos no fue la fuerza y el combate directo la principal fortaleza de la pequeña república, sino sus aliados. Aliados que supo encontrar unas veces entre las familias de la región, otras en la iglesia, y según la época, presentándose como refugio frente al absolutismo.

La historia de San Marino y el «Libertas» de su escudo nos ofrecen un interesante ejemplo de la capacidad de los pequeños para mantener su «libertad para separarse», basada en la construcción de alianzas en el extranjero.

«San Marino: La libertad para separarse o el «nemini teneri»» recibió 7 desde que se publicó el Sábado 17 de Mayo de 2014 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Manuel Ortega.

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