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São Paulo y Estambul: guía de viaje a la movilización social que viene

Estambul y Sao Paulo, suponen el paso a una nueva fase en los movimientos sociales distribuidos

3-20-naoHoy la prensa turca abría con la noticia del desalojo final del parque Gezi tras una noche de batallas campales urbanas. El mundo comenta mientras cómo las movilizaciones en Sao Paulo aumentan su intensidad. Esta vez la prensa no insiste en poner el foco en la tecnología, la comunicación social distribuida y cómo ha transformado las movilizaciones sociales. Parece que ya, doce años después de sus primeros avisos, está asumido. Y eso que el uso de drones por los manifestantes en Estambul daba juego para mucho porque, como veremos, seguramente sea más importante simbólicamente de lo que parece.

Pero ¿qué hay de nuevo?

  1. Son movilizaciones urbanas, que se plantean en ambos casos desde la resistencia a decisiones municipales, que sin embargo rápidamente involucran al estado y entran en la agenda informativa porque concretan en una reivindicación específica y comprensible el rechazo a una política estatal global. No se trata solo de destacar la diferencia con el quincemismo y su ausencia de programa fruto de una previa carencia de deliberación frente a la concentración programática en una única reivindicación. Se trata sobre todo de remarcar el terreno de la batalla: la gran ciudad, no la nación, como espacio simbólico y político de la sociedad red.
  2. No por casualidad se producen en el corazón de dos estados «emergentes» que se pretenden modelos y discursos sociales alternativos y que intentan conjugar un fuerte nacionalismo interno con una política de hegemonías regionales. Pero los protagonistas -y beneficiarios- de ese crecimiento, precaria primera generación de una nueva clase media, llevan una vida dura, intensa entre trabajos mal pagados y esfuerzos formativos constantes. Y no se ven reflejados ni reconocidos por un discurso social que es, ya, de otra época. La lucha por el espacio público en Estambul o por la accesibilidad del transporte en Sao Paulo, tienen mucho más fondo que el de meras políticas municipales:

    Ser «classe C» no Brasil não é uma benesse. É ter uma vida de dificuldades e sacrifícios. Ninguém pode estar satisfeito ou feliz pelas parcas conquistas que foram alcançadas nos últimos anos em termos de redução da pobreza ou da desigualdade. O Brasil, no fundamental, ainda é um dos países mais desiguais do mundo e, por consequência, um dos países mais injustos do mundo. Ainda é um país onde os direitos e os serviços são negados a parcela importante da população.

    Os jovens de classe média baixa são movidos pela angústia de dormir pouco, de ter que chegar na hora certa no trabalho, de sair do trabalho e chegar na hora certa na faculdade ou na escola. O trânsito e a tragédia do transporte público fazem com que a conta do tempo não feche. São esses jovens, que precisam trabalhar, estudar, se divertir e dormir, o principal alimento dos protestos. Se se fizer um confronto de contas tendo de um lado a qualidade do transporte público que é oferecido e, do outro, o valor da passagem, o tempo perdido e o quanto é desagradável andar de ônibus, metrô e trem, os protestos são mais do que justificáveis. O espantoso é que não tenham ocorrido há mais tempo.

  3. Tanto en SP como especialmente en Estambúl, las movilizaciones han hecho un discurso claro sobre el desarrollo del autoritarismo estatal, no desde el ombligo, no quejándose porque la policía cargaba contra ellos, sino desde las políticas públicas que globalmente apuntan hacia un modelo de capitalismo autoritario y rentista a la singapuresa. No es casual tampoco la coincidencia con el escándalo «Prism». El estado turco, como todos, hace tiempo que intenta desarrollar una «inteligencia total» controlando las trazas y las comunicaciones de sus ciudadanos.

    Esta deriva autoritaria, pareja a los discursos reaccionarios sobre la propiedad intelectual que culpabilizan a una generación que hace de la cultura P2P un signo de identidad cotidiana, parece la única forma en la que el estado nacional sabe reaccionar al cambio tecnológico, haciendo sentir excluidos no solo del presente sino del diseño del futuro a los que sienten que, de alguna manera, podrían compartir cómo armarlo.

    El resultado es que la «seguridad», una bandera de las viejas clases medias, se ha convertido para la nueva generación en un cínico eufemismo para llamar a un creciente sistema de control cotidiano que a las finales pone en cuestión la esencia misma del principio de ciudadanía. Como señalaba ayer mismo John Robb:

    Dado que el estado nación deriva la mayor parte de su legitimidad de su capacidad para proveer de seguridad a sus ciudadanos, este fallo es la prueba de que el estado nación está en decadencia como forma de gobierno

    Y de hecho, que estas movilizaciones urbanas, «municipales», hayan ocupado el lugar de las «grandes movilizaciones nacionales», no es sino el mejor refuerzo posible de su tesis.

Conclusiones

sp-nao-mudaComo hemos visto, estamos lejos -social y estrategicamente- del norteamericano «Occupy», del quincemismo y de sus antecedentes (las manifestaciones por la vivienda) pero seguramente no tanto del «noviembre francés» del 2005 y los injustamente denostados macrobotellones de 2006 en España. Lo que entonces eran, para el discurso mediático movimientos de la periferia digital, social e incluso geográfica han generado su propia centralidad y una lógica propia que podríamos resumir en tres puntos a tener en cuenta de cara al futuro:

  1. El punto de arranque/choque con el poder está en las políticas urbanas más cercanas. El mapa político de la globalización es un mapa de ciudades, no de territorios.
  2. Las reivindicaciones son concretas y claras, podrían satisfacerse de hecho desde una administración local, pero resumen sin embargo una situación social mucho más amplia, describen un modo de vida y una relación con el trabajo y la formación.
  3. Cuando el debate se amplia, por la propia repercusión de las manifestaciones, se orienta hacia el desarrollo autoritario del estado nacional en términos amplios (sistemas de control, leyes «moralizantes», etc.) y solo en ese marco, la inevitable represión callejera de las propias movilizaciones, pasa a ser significativa y recibe desaprobación generalizada

Estambul y Sao Paulo, suponen el paso a una nueva fase en los movimientos sociales distribuidos, con nuevos escenarios políticos y nuevos puntos de convergencia pero también con nuevos perfiles sociales y discursos incipientes sobre el estado, su naturaleza y su futuro.

«São Paulo y Estambul: guía de viaje a la movilización social que viene» recibió 0 desde que se publicó el domingo 16 de junio de 2013 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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