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Sarkozy y el temor a la guerra privada

El bonapartismo de Sarkozy se está tornando un juego peligroso. Sin rentas extra que repartir desde el estado, la escalada disciplinaria -orientada antes de nada a los propios cuerpos de seguridad- en vez de cohesionar el estado y contener a la sociedad, parece que apunta a alienar a unos y a otros.

SarkozyEl post de Nat me lleva dos páginas de Foucault en las que, de pasada, data en el fin de la guerra privada, la aparición del estado moderno. Ese momento en el que

la guerra, las prácticas de guerra, las instituciones de guerra tienden cada vez más a existir en las fronteras, en los límites exteriores de las grandes unidades estatales, como una relación de violencia efectiva o amenazante entre estados. Pero poco a poco el cuerpo social se limpió en su totalidad de las relaciones belicosas que lo atravesaban integramente durante el periodo medieval

Y recuerdo cómo no, cómo nobles como los Pérez de Ayala hacían la guerra para conseguir la herencia de un señorío y sus rentas. Como señala Nat, el «salvaje Oeste», esa sociedad de frontera, conoció también las guerras privadas entre ganaderos y campesinos. Y su fin, como en la etapa medieval europea, coincide con la expansión de la frontera a costa de México y las comunidades indígenas, es decir, con el momento en que «la guerra comenzó a convertirse en patrimonio profesional y técnico de un aparato militar cuidadosamente definido y controlado».

Es decir, el ejército es el resultado historico y tangible de la desbelicización de la sociedad. ¿Qué caracteriza a la descomposición? La autonomización y desestatalización de unos cuerpos armados que retornan a la «guerra privada» por las rentas allá donde el estado pierde capacidad para seguir pagándoles (desde Somalia a Brasil). Hoy, la vuelta a la guerra privada es el principal horizonte y peligro de la descomposición del estado y por eso ahí se centran sus esfuerzos disciplinarios. Esta es la clave para entender el comportamiento de Sarkozy en esta crisis.

¿Qué tiene todo esto que ver con Sarkozy y las declaraciones de su ministro del Interior? Veamos la secuencia:

  1. 2005: Sarkozy es Ministro del Interior y alberga intenciones presidenciales. Unos policías acorralan a unos chavales de barrio y uno de ellos muere. Se produce un estallido social que descubre la impotencia de la represión para mantener la cohesión social. Si el movimiento muere es por su propia incapacidad para dotarse de un programa mínimo: a pesar de haber hecho un uso de las herramientas distribuidas muchísimo más potente que el quincemismo, el conocimiento común se centró en cuestiones «técnicas» -cómo enfrentar las batallas con los antidisturbios- y no en políticas, evidenciando que la propia respuesta de las barriadas estaba ya muy tocada por la descomposición social. Sarkozy se sa cuenta de que el peligro desestabilizador reside tanto en un lado (la autonomización de los cuerpos represivos del estado) como en otro (la descomposición social en los barrios). Como buen bonapartista su posicionamiento público será el de quién, «con toda la firmeza del estado» -osea disciplina- quiere llevar a las cosas a un equilibrio que contenga a unos y controle a otros en el estado.
  2. 2006-2009. Sarkozy toma la bandera de la vuelta a la «vieja escuela» de los cincuenta, la disciplina en las aulas, la «identidad republicana»… pero cada vez es más claro que el estado tiene serias dificultades para el encuadramiento identitario en los arrabales… lo que lleva a que en los cuerpos de seguridad se sientan cada vez más «en guerra».
  3. 2009. El identitarismo nacionalista se convierte en política de estado en una ola neo-nacionalista que sumerge a Europa.
  4. 2010-2011. Con el avance de la crisis, cuerpos del estado «sacrificados» en sus rentas, como los controladores, empiezan a tomar posiciones de fuerza. La respuesta disciplinaria -que es pronto replicada en España por Rubalcaba- pretende escenificar la fortaleza del estado tanto para movilizar a la sociedad contra sectores díscolos de su propia organización como su propia efectividad represiva.
  5. 2012. Con la crisis de deuda y los recortes de gasto, empieza a ser cabal temer que la «guerra por las rentas» deje de ser una expresión estrictamente metafórica. Los estados europeos intensifican señales que muestran su capacidad disciplinaria, haciendo de la desproporción, discurso. La relativa paz social en la parte occidental del continente -e incluso en la Grecia zaherida por la crisis de deuda- parecen mostrar que la estrategia que combina nacionalismo y disciplina funciona. Mientras el estado se mantenga como un bloque la crisis social y económica, puede asumirse como «una mala racha».

Y en esto, un jihadista que ha ido trepando en la pirámide del compromiso del entorno AlQaeda a vista de todos, Mohamed Merah, conmociona con sus asesinatos a sangre fría la agenda pública.

Se evidencia un gran fallo de los servicios de seguridad del estado, producto de una doctrina politicamente interesada. En un primer momento, los servicios inteligencia y seguridad se centran en militares y policías perdiendo un tiempo precioso. Esto no es casualidad: el nervio estaba tensado «mirando hacia dentro del estado», no hacia fuera.

Sarkozy teme entonces que los cuerpos de seguridad le devuelvan el error en coste electoral y condiciona en un mensaje presidencial las formas de la operación. El «lo quiero vivo» en realidad es «todos quietos». El resultado, según los dirigentes de los cuerpos de élite de la policía judicial no es más que «una mierda»: Merah les está esperando y la operación de captura, tras largas horas de tensión e inacción, acaba con el jihadista muerto.

Y de nuevo el bonapartismo como salida: Sarkozy intenta desviar el debate proponiendo nuevas medidas disciplinarias pretendidamente «antiterroristas» tan peligrosas como -por lo mismo- poco aplicables. Lo que en apariencia es un gesto a los cuerpos de seguridad en realidad es un regalo envenenado.

Pero la verdad es que el bonapartismo de Sarkozy se está tornando un juego peligroso. Sin nuevas rentas que repartir desde el estado, la escalada disciplinaria -orientada antes de nada a los propios cuerpos de seguridad- en vez de cohesionar el estado y contener a la sociedad, parece que apunta a alienar a unos y a otros.

«Sarkozy y el temor a la guerra privada» recibió 1 desde que se publicó el Domingo 25 de Marzo de 2012 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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