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Ser digitalmente cultos

Hechos que no pueden ser productos de la casualidad y nos permiten identificar una tendencia al alza en los próximos años: ser digitalmente cultos.

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digitalmente cultos
En 1972 Vinton Cerf y Robert Kahn presentaron el protocolo TCP/IP. En 1989 Tim Berners Lee conectaba un cliente y un servidor usando el protocolo HTTP. Los esfuerzos de todos ellos estaban dirigidos a crear un sistema que permitiera el intercambio de datos, el envío de documentación o el acceso a repositorios de información. Al estilo de los filósofos clásicos y de los científicos a lo largo de la historia, buscaban la forma de compartir conocimiento, de conectar los equipos de investigación de las Universidades.

Vinton CerfEl nacimiento de Internet y de la web iniciaba una nueva época. Se empezó a conocer a este nuevo tiempo como la era de las Telecomunicaciones, la Sociedad del Conocimiento, la Sociedad de la Información. Como todas las cosas nuevas, tuvo y tiene todavía muchos nombres. Su capacidad para incidir en la forma de vida, en la forma de consumo, de producción o de relación es el signo de identidad de este tiempo. Hay un consenso social global que establece un antes y un después de su aparición.

Con la extensión de la tecnología creció la Generación X, nació la generación Y, y llegó la Milenio. Tres generaciones se han desarrollado bajo los parámetros de un gran cambio social, y sin embargo, el conocimiento sobre la lógica de Internet sigue siendo bajísimo en términos absolutos. Tanto, que está socialmente aceptado. Perder un quesito por no decir el nombre del inventor del teléfono, de la radio o de la electricidad es algo que tus amigos nunca te perdonarán. Pero ¿cuántos de tus amigos tienen algún conocimiento sobre la historia de Internet?

El uso práctico de la tecnología

En los años 80 y 90, sólo un porcentaje reducido de la población joven y una parte de profesionales formados en disciplinas científicas (ingenieros, matemáticos, físicos, informáticos) tenían la capacidad de sacarle rendimiento al uso de los ordenadores y a Internet. Era el territorio de los «raritos», la sociedad se dividía entre los que tenían capacidad para desarrollar, y los que no tenían ni idea de mover un ratón.

Generacion YRomper la brecha digital fue la primera respuesta, el primer esfuerzo masivo por parte de instituciones públicas pero también de la sociedad civil. Los «raritos» concebían Internet como algo que servía para trabajar y producir mejor, pero sobre todo para organizarse mejor porque toda innovación tecnológica significativa lleva asociada cambios en los comportamientos sociales.

Las campañas para facilitar el acceso introducían a los ciudadanos en el uso de herramientas. Explicaban la tecnología haciéndola accesible a cualquier usuario, abrían un mundo de nuevas palabras, manejo de unidades de información, tipos de memoria, nombres de archivos. El relato de cómo se había llegado hasta ahí, el significado de todo eso, era lo de menos. La experiencia por lo tanto se volvía meramente utilitaria.

Aunque precisamente por tener utilidad, a mediados de los años 2000 los programas de intervención social comenzaron a desarrollarse de forma experimental sobre la tecnología. Formarse profesionalmente como programador web, diseñador gráfico o técnico multimedia permitía la incorporación al mercado de trabajo de miles de chicos de zonas social y económicamente deprimidas.

La trampa de los saberes prácticos

Era digitalEn 2001 sólo el 18,1% de los hogares en España tenía conexión a Internet. Los datos del último trimestre de 2014 sitúan esta cifra en el 74,3%. Si a esto le añadimos conexiones móviles, conexiones en puesto de trabajo y centros de conexión de diferente tipo, se puede decir que el acceso es universal. Con un grado de penetración tan elevado resulta llamativo seguir escuchando como inicio en muchas conversaciones la frase de «yo de tecnología no sé nada». Periodistas, políticos y directivos de empresas casi hacen alarde de su absoluto desconocimiento. Y socialmente está aceptado, cualquier planteamiento teórico es algo exclusivo de un tecnólogo. Un saber especializado que sigue correspondiendo a unos pocos.

Pero, ¿será esto algo transitorio? ¿puede el desconocimiento pasar factura? o visto al revés, ¿puede el que se presenta como interesado en conocer ganar un ventaja en su ámbito?

Conocer para modificar

Douglas RushkoffCuando en 2010 Rushkoff publicaba «Program or Be Programmed: Ten Commands for a Digital Age» su argumentario buscaba dar respuestas y provocar al público en torno a una única cuestión. Estás involucrado en el tecnología o te dejas dirigir por ella y por los que le dan forma. Se trataba de un llamamiento a la acción, diez capítulos revulsivos con un objetivo: Incitar al lector a conocer los lenguajes con los que se programa el mundo. Rushkoff recuperaba así la máxima de los principios de la informática y los primeros tiempos de Internet. Todos debemos aspirar a ser hackers. Un esfuerzo menor, si tenemos en cuenta lo que podemos hacer a partir de ese conocimiento adquirido.

A partir de este libro, Rushkoff volvió a acaparar la atención del público masivo, de los medios de comunicación. El discurso de la soberanía asentado sobre la responsabilidad tenía muchos más receptores de lo que cabía esperar, incluso para él mismo. Conocer para modificar, como lema y llamada a la acción funcionaba.

Hace unos meses, en un evento de conmemoración de Grace Hopper, la Casa Blanca organizó un evento del proyecto «The hour of code». Obama conseguía pasar a la historia como el primer presidente en escribir una línea de código. Sentado en una mesa con un grupo de niños recibía las indicaciones de una de ellos para completar una orden que ponía en movimiento un robot. Sencillo y dirigido, pero suficiente para poner de manifiesto la fascinación y las perspectivas que para esos niños abre el aprender a programar.

Is this pretty interesting the idea that you might be able to code and make your own games and things like that. It’s pretty cool

Qué necesitas saber para ser digitalmente culto

Topologías de redAmbos casos siguen atendiendo a la parte utilitaria de la tecnología, poniendo énfasis en lo usos prácticos, en los incentivos económicos (aprender a programar puede ser la base de tu desarrollo profesional), en la elaboración de tus propias herramientas. El mensaje y sus campañas pueden resultar inspiradores, generar réplicas en distintas instancias. Pero las bases de la tecnología, los fundamentos teóricos siguen estando fuera de escena.

Aprender a programar abre mundos, muchos de esos niños encontrarán un vía de desarrollo personal, pero no se trata de convertir a toda la población en programadores sino de evidenciar la importancia que tiene el entender cómo funcionan los programas.

Algo tan básico pero tan importante como para poder entender el trabajo del equipo de programación en tu empresa, determinar si un proyecto que te plantean puede resultar viable, ser capaz de estimar tiempos, adjudicar recursos. Más allá del ámbito de desarrollo de proyectos o implementación de herramientas informáticas, conocer el significado social de la tecnología puede ayudarte a elaborar un criterio propio frente a servicios o plataformas que te permitan decidir más allá de las modas o las tendencias del momento.

No es únicamente aprender a programar lo que te permite comprender los usos sociales o las ventajas competitivas de la tecnología. Es más, puedes conocer un lenguaje de programación y no ser digitalmente culto. Como todas las disciplinas, lo que vemos es el resultado de corrientes de pensamiento, de planteamientos filosóficos que se traducen en aplicaciones, en plataformas o en protocolos.

Bajo toda arquitectura de información se esconde una estructura de poder. Ningún servicio o aplicación es simplemente una herramienta. Conocerlas te permitirá adoptarlas, amarlas o simplemente desecharlas.

«Ser digitalmente cultos» recibió 26 desde que se publicó el Martes 5 de Mayo de 2015 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Natalia Fernández.

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