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Sexo y sangre

La era de los vampiros y nosotros que la quisimos tanto

Dracula de CoppolaCuando Anne Rice publicó Entrevista con el vampiro en 1976 el género estaba seco y el público confinado a las tribus góticas que se habían formado alrededor del primer glam. Si Bram Stocker había hecho con Drácula una metáfora de su propia sífilis, Rice con Entrevista… había desahogado parte de cuanto había vivido con la leucemia de su hija cuatro años antes.

Pero el libro no salió del mundo oscuro hasta 1985, casi diez años después. En ese año tuvo su primera secuela, Lestat el vampiro, primer hito de la vampiro-manía de la cultura de la década. No olvidemos el Drácula de Coppola que se estrena en 1992 y la versión que Neil Jordan hace con Tom Cruise y Brat Pitt de la novela de Rice.

El vampirismo, confinado desde la universalización de la penicilina a la serie B, retorna con el SIDA, origen de uno de los cambios culturales que dieron forma a mi generación. Y es que el vampirismo, como explicaba el hemólogo Van Helsing, en el guión de la versión de Coppola, es una enfermedad sanguinea y por tanto venerea.

Pero la propia metáfora ha cambiado. El vampirismo no es ya sólo la enfermedad que obliga a Lestat a matar a aquel a quien le atrae, que imposibilita a Drácula unirse a Mina sin condenarla a sufrir como él. Ese era el vampirismo de Stocker.

El vampirismo que prepara la cultura del cambio se siglo para una nueva aproximación al sexo, es diferente. Sus amores, en las novelas de Rice, son puros, no dependen de la edad o el sexo original de los protagonistas. Imposibilitados para tener relaciones sexuales, los vampiros gozan sin embargo de una sexualidad física harto intensa. La metáfora popular del orgasmo como muerte (la petit mort de la lengua francesa) se invierte del mismo modo que la cultura sexual se estaba invirtiendo en nuestra cultura social. Rice, que no en vano ganó fama como escritora de novelas eróticas, juega muy bien con la metáfora en La reina de los condenados:

Ya sabéis, nunca fue sólo la necesidad de sangre, aunque la sangre es lo más sensual de todo lo que una criatura pueda desear; es la intimidad del momento (beber, matar), el gran baile cuerpo a cuerpo que se danza cuando la víctima se debilita y yo siento que me dilato, engullendo la muerte que, por una fracción de segundo, arde con tanta magnitud como la vida.

Es la nueva promiscuidad de los 90: intensa y superficial al tiempo. Divina y perversa. Vampírica:

Sin embargo, es una ilusión de los sentidos. Ninguna muerte puede durar tanto como una vida. Y ése es el motivo por el cual continúo tomando vidas, ¿no? En estos momentos, estoy más lejos que nunca de toda salvación. El hecho de que lo sepa, sólo empeora las cosas.

No todo el mérito fue sin embargo de los nuevos vampiros. En 1989-90 habían triunfado en las taquillas de todo el mundo Valmont de Milos Forman y Las amistades peligrosas de Stephen Frears. Versiones cinematográficas del clásico erótico de Choderlos de Laclos que recuperaban el vampirismo emocional de la decadencia aristocrática del Antiguo Régimen. El paralelismo no es mío, sino de Dan Simmons que publicó, también en 1989, Vampiros de la mente.

Y no olvidemos los juegos de rol, tan importantes para comprender la cultura de los avatares y de Internet. En 1991 aparece Vampiro: la mascarada. Un juego que podía ser completamente conversacional, es decir, no requerir siquiera los clásicos dados del rol. Una representación repetida en miles de lugares del mundo por millones de jugadores, de aquellos juegos de poder que hacían tan adictiva las tramas de Laclos y Rice. Con Vampiro una generación entera afiló sus armas de seducción y contención.

Por cierto, en 2003 la serie del juego se discontinuó. La última entrega es de 2002, el mismo año en que Warner lanza la versión cinematográfica de La reina de los condenados. Podemos decir que el ciclo vampírico termina entonces. Hace un lustro. Triunfarán entonces los neozombies bacteriológicos de la mano de los bodrios de Boyle y sus secuelas. Con ellos los vampiros volverían a las profundas oscuridades… de la serie B.

«Sexo y sangre» recibió 0 desde que se publicó el sábado 9 de agosto de 2008 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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