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Sin perdón

Hace 11 años Clint Eastwood protagonizaba y dirigía un western crespuscular y triste: Sin perdón, Unforgiven, no olvidados. La web española vive en estos días el ocaso de sus últimos hombres de frontera.

Clint Eastwood y Morgan Freeman son dos viejos pistoleros reinsertados como campesinos miserables. Leyenda no olvidada. Sus huesos son quebradizos. El riesgo les sabe a hastío. El dinero les hace cabalgar de nuevo. Sólo por instantes las praderas huelen a libertad como antes. Sólo un joven tan cegato como mitómano puede seguirles. Es inútil, la frontera ya no está ahí. Acabó el tiempo de los pioneros que abrían fronteras a herradura y pistola. Son tiempos de hazada y martillo. Reinan, brutales y rancios los nuevos sheriffs, pistoleros reinsertados. Al final de la cabalgada sólo quedan el frío, la soledad y la muerte.

Nosotros tampoco olvidábamos a nuestros primeros hombres de frontera. Hackers y crackers de un tiempo en que la única forma de enfrentarse a los monopolios era liberar la información al asalto. Héroes individualistas de un tiempo solitario en un territorio sin mapas.

Ésta semana Carlos Mesa -Conde- de Infohackers, era detenido por los Mossos d’Esquadra acusado del asalto a los servidores de la Generalitat de octubre del año pasado. Le acompañaban entre los interrogados un viejo amigo y un joven estudiante.

Pero el escalofrío llegaba cuando unos días después el propio Mesa acusaba en el boletín de Infohackers a Albert Gabàs -Lethan- de Hispahack, de haberles acusado en falso a la policía.

El western está servido: Lethan es todo un Gene Hackman al que gusta de pasearse por el saloon luciendo la ambiguedad fanfarrona y misteriosa del pistolero reciclado. Ambos se habían encontrado tiempo atrás en una party. Se habían mirado mal. El ciberespacio está lleno de servidores listos para jugar al OK corral. Pero hace mucho que eso no basta. Como en los videojuegos, hay personajes obstáculo, inútiles hasta para argumentar la represión, capaces de ofrecer como prueba incriminatoria una foto estúpida.

Tal vez alguien se preguntó si no sería más barroco, más excitante, usar el obstáculo, disparar sobre la lámpara para que cayera sobre el viejo pistolero. Tal vez alguien quiso gritar Look out Shane!! como en los viejos tiempos. Pero no se oyó nada. Ninguna garganta se desgarró. Definitivamente son otros tiempos. Sólo el plumilla toma unas notas. Algunos niños admiran la osadía. La feligresía mira a todos por un instante y pide otro vaso. El salón ya no es un lugar apropiado para un hombre de frontera.

«Sin perdón» recibió 0 desde que se publicó el Martes 15 de Julio de 2003 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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