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Sistematizando la deliberación

Para hacer buenas herramientas hay que tener bien fundadas sus bases conceptuales… y aún así no es tan fácil.

Es escasísimo el software dedicado a servir a procesos deliberativos. Lo poco parecido que existe desarrollado, como ACH, está pensado para un único usuario y procesos de comparación de afirmaciones alternativas. A diferencia de las valoraciones (que son meramente coherentes o incoherentes dado un contexto), las afirmaciones de hechos son verdaderas o falsas y por tanto no construyen contextos interpretativos en el tiempo, tan sólo repositorios de datos comprobados.

Pero en una deliberación real, el problema no es descartar lo falso eliminando lo inconsistente como en ACH, sino descubrir qué implícitos hay en común entre distintas valoraciones de una situación para hacer más clara la discusión y las distintas tendencias de consenso, permitiendo localizar los disensos más básicos y reenfocar la discusión ahí o dividir el grupo para desarrollar las distintas alternativas.

Evidentemente un software así tendría muchas aplicaciones desde el elearning a la creación de consensos en un grupo de inversores y en general en cualquier espacio deliberativo.

Se trataría sobre todo de establecer claramente una metodología, un protocolo analítico que tras limpiarse pudiera convertirse en código. Para hacer buenas herramientas hay que tener bien fundadas sus bases conceptuales. Toca profundizar, en primer lugar, sobre la naturaleza de la deliberación.

Una aproximación a los procesos deliberativos

La deliberación es un proceso conversacional en el que distintos sujetos ponen en común valoraciones sobre un tema o un hecho. Para que un proceso deliberativo tenga sentido es necesario partir de contextos comunes explícitos, si no, la deliberación no será tal sino una confrontación de contextos que muchas veces acabará en mera discusión nominalista.

Si las distintas valoraciones se complementan (emerge un consenso), la deliberación tiende a formar un único relato colectivo a partir de los contextos comunes.

Si hay contraposición de valoraciones es cuando el proceso se orienta hacia atrás volviéndose realmente interesante. En ese caso toca preguntarse no sólo dónde está el eslabón que se rompe sino también cual es el último compartido. Veamos un ejemplo:

Las personas 1 y 2 defienden la valoración a basándose en los argumentos c y d. Las personas 3 y 4 defienden la valoración b basándose en d y e.

La deliberación se focalizaría en la discusión del argumento d entre los cuatro, el último argumento común. Tratarían de desarrollarlo juntos profundizando en sus consecuencias y repasando sus orígenes. Este bucle a las finales supone ampliar el campo de d una y otra vez, con nuevos ejemplos, casos, orígenes históricos, consecuencias en distintos ámbitos, etc. Y por tanto en realidad un desarrollo de su contexto que a su vez permite una resignificación de d. Por eso es posible llegar a un nuevo consenso sobre d (que se suponía era el último eslabón de consenso) que a su vez desatasque todo el debate.

Si por el contrario emergen diferencias sustanciales en la forma de resignificar el argumento d, la deliberación debería seguir hacia atrás una y otra vez, clarificándose la separación de contextos y formándose dos subcomunidades dedicadas a reelaborar todos los argumentos desde el último argumento en común. Estas dos subcomunidades prefiguran dos líneas posibles de decisión posteriores a la deliberación. La reagrupación de la deliberación en esta rama argumental podrá producirse tras la evaluación de los resultados de las decisiones de ambos grupos, reforzándose o poniéndose en cuestión la reinterpretación que cada subgrupo hizo de los contextos.

Otra línea posible es que desde su d reinterpretado alguna de las subcomunidades siga hacia atrás reelaborando todo el contexto previo. Este es el caso en el que la deliberación lleva a la escisión en dos comunidades distintas.

En cambio, si el trabajo común sobre el argumento d ha consolidado un terreno común la siguiente cuestión a trabajar sería ¿Cómo se enlaza el nuevo consenso sobre d con los argumentos c y e? ¿Son compatibles entre si dado d? ¿Emerge una nueva base de consenso sobre d+c+e? ¿Quedaron c y/o e obsoletos por la reelaboración y profundización en d? En ese momento la discusión original de valoraciones que enfrentaba los argumentos a y b quedará superada y entraremos en un nuevo círculo de complementariedad argumental en la deliberación.

¿Una herramienta posible?

Ha de quedarnos claro que a diferencia de en ACH se trata de impulsar consensos sobre valoraciones. Al contrario que las interpretaciones de datos por un analista, las valoraciones de una idea por un grupo de elearning o de un emprendedor por un grupo de inversiones no son verdaderas ni falsas. Simplemente pueden ser coherentes o no con un contexto previo y por tanto suscitar consensos con mayor o menor facilidad.

La primera conclusión es que la sistematización de la deliberación necesita de “diccionarios causales de argumentos“, lo cual quiere decir que estructuralmente se parecerá mucho a un software de traducción: un motor común, distintos diccionarios y “gramáticas” para cada tema o comunidad.

Los diccionarios son repositorios de argumentos, las gramáticas cómo se estructuran y apoyan entre si los argumentos y el motor lo que une una cosa y otra.

Así los usuarios, por ej, inversores de la red de capital semilla, fundamentarían sus valoraciones sobre un proyecto eligiendo los argumentos de una “nube de tags”. El programa los ordenaría generando las distintas líneas argumentativas enfrentadas posibles.

Tras presentar el listado argumental y tras dejar que los usuarios las redujeran a las más claras (permitiendo al sistema “aprender” el tipo de argumentaciones complejas que más satisface a la comunidad de usuarios), les invitaría a reconsiderar el último punto argumentativo en común -y con la posibilidad siempre de enriquecer el diccionario con un nuevo argumento- permitiría a quien quisiera reordenar sus argumentos hasta llegar a un consenso mínimo o bien fundar distintas alternativas fundamentadas para la decisión.

«Sistematizando la deliberación» recibió 0 desde que se publicó el viernes 24 de septiembre de 2010 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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