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Las bases económicas de la abundancia

Una aproximación al concepto de abundancia y los elementos que hoy la hacen más posible y cercana que nunca hasta ahora en la historia de nuestra especie.

pais de la abundancia
Todos entendemos que existe abundancia cuando se vuelve innecesario dirimir qué se produce y qué no y sobre todo cuánto acceso a un determinado producto tendrán unas personas u otras.

Schlaraffenland - JaujaPor eso resulta intuitivo entender que la abundancia es una cuestión de costes. Todos entendemos que si producir algo «no cuesta nada», ese algo será abundante. El problema es que resulta difícil pensar algo cuya producción «no cueste nada» y más aún una sociedad donde «nunca cueste nada» producir cualquier cosa.

La verdad es que no hace falta una situación así para imaginar una sociedad de abundancia. Solo necesitamos distinguir entre valor y precio por un lado y por otro entre los distintos tipos de costes de producción.

Valor, precio y costes

Como vimos en la entrega anterior, los humanos como especie estamos abocados a transformar la Naturaleza para sobrevivir. En esa transformación las «cosas» incorporan conocimiento, se «humanizan» en el momento en que se convierten en productos. Esta incorporación no es otra cosa que el efecto de la misma transformación, el efecto del trabajo. Es a esto a lo que llamamos valor.

Valor y precio

Schlaraffenland - Jauja 3Valor no es precio. El precio es una medida que intenta cuantificar la relación entre distintos recursos dentro de la escasez general. El valor en cambio, es la medida del trabajo y por tanto del conocimiento «incorporado» por un objeto o un servicio.

La diferencia entre valor y precio es todo un clásico de la teoría económica. Los primeros economistas de los siglos XVIII y XIX, «los clásicos», abrazaron teorías del valor-trabajo y equipararon en sus modelos las diferencias de «trabajo incoporado» a los precios relativos a largo plazo. A finales del siglo XIX, cuando se formó el corpus de la teoría económica marginalista, el fundamento filosófico (el valor) se dejó de lado en favor de una explicación eficaz del mecanismo de precios. Entender bien el mecanismo de precios y la distribución eficiente de recursos escasos no necesitaba más que entender bien la relación entre demanda y oferta, es decir la medida relativa de la escasez entre recursos.

En realidad, todo objeto o servicio, en la medida en que es necesariamente un producto, en la medida en que siempre incorpora trabajo humano, tiene valor, pero solo las mercancías, los productos escasos que salen al mercado, tienen precio.

Cuando algo se torna abundante deja de tener precio, o mejor dicho, tiene precio cero. Un ejemplo cercano es el software libre. Evidentemente tiene valor: incorpora conocimiento y sirve a su vez para producir otros bienes y servicios. También tiene costes: las horas de trabajo que miles de desarrolladores dedicaron a su elaboración y los ordenadores que usaron para hacerlo, el mantenimiento de los servidores desde los que cada programa se distribuye, etc. Y sin embargo, su precio es cero. ¿Por qué? ¿Cómo puede ser que algo con costes tenga un precio nulo aun cuando tiene una demanda establecida y seguro que habría gente dispuesta a pagar por acceder? ¿Es solo una donación?

Precio y costes

Para responder debemos entender primero en qué consisten los costes. Intuitivamente cuando pensamos en ellos pensamos en el coste total: cuánto me cuesta producir una determinada cantidad de copias de algo. En realidad este coste, tiene una parte fija -lo que tengo que gastar sí o sí para empezar a producir- y una parte variable que es función de la cantidad producida.

costes variablesPor ejemplo, si quiero hacer azúcar, mi coste fijo será, simplificando, el coste de la máquinas azucareras, mientras que los costes variables serán la suma de los costes de las horas de trabajo que dedique, de las toneladas de remolacha que compre y de la electricidad consumida por las máquinas. El coste fijo, el coste de la máquina de hacer aúucar, no depende de la cantidad que elija producir. Sin embargo, los costes variables tenderán a crecer conforme produzca más cantidad. Intuitivamente entendemos que el coste medio, el resultado de dividir los costes totales entre la cantidad producida, al menos en un primer momento, tenderá a decrecer porque al producir más, la parte del coste fijo que corresponde a cada taza será más pequeña, pero a partir de cierta cantidad empezaría a cumplirse la famosa «ley de rendimientos decrecientes» y los costes variarían (tres personas trabajando en la máquina no producen tres veces más que la primera, sino un poco menos).

costes marginalesPero aun hay una medida más del coste y especialmente interesante, el coste marginal: el coste extra en el que incurriría para producir una pequeña cantidad extra de producto. Matemáticamente es la derivada de la función de costes totales, pero su interés viene de que nos servirá para determinar cuánto producirá una empresa en un mercado en competencia perfecta.

La competencia perfecta es un modelo que aprenden todos los estudiantes de Economía en su primer año, en él todas las empresas de una industria producen bienes idénticos, no hay trabas para que nuevas empresas entren el mercado, tampoco las hay para salir o adquirir tecnologías nuevas y ninguna empresa tiene poder para determinar el precio por su cuenta. En otras palabras, por definición ninguno de los sujetos disfruta de rentas, beneficios debidos a algún tipo de diferenciación o ventaja extramercado.

En realidad, en un modelo así, el precio lo marca la empresa que es capaz de producir a menor coste y las demás ajustan su producción a ese precio competitivo, que a las finales no es otro que el que reduce los beneficios extraordinarios -las rentas- a cero. En este modelo, la curva de oferta de las empresas se construye pensando, para cada precio, hasta dónde querrían producir las distintas empresas para ese precio.

producción competencia perfectaLa respuesta parece de sentido común: como el precio es igual al ingreso que produciría la última unidad vendida, no querrían producir si el coste marginal fuera mayor que el precio, porque entonces esa última unidad le costaría más que los ingresos que generaría y reduciría el beneficio total. Pero si el coste marginal fuera menor que el precio, produciendo un poco más todavía podría ingresar un poco más y dar un mayor beneficio total. Resultado: la empresa se situará en un máximo de beneficios totales cuando la cantidad producida iguale coste marginal y precio.

Y así nace uno de los mantras de todo economista: en competencia perfecta, es decir, cuando no existen rentas, el precio es el coste marginal.

La abundancia como hija del mercado

Schlaraffenland - Jauja 2Al introducir el tiempo en este modelo, los estudiantes de economía aprenden que lo previsible a largo plazo, para cada industria es que las curvas se desplacen a la derecha, es decir, que los precios a largo plazo bajen. Pero imaginemos que aparecen una serie de tecnologías, de formas de producir, que llevan a la curva de costes marginales hacia abajo, de modo que, a largo plazo, pudiéramos pensar en costes marginales iguales a cero.

Si lo pensamos un poco, eso ya ha ocurrido con algunos bienes inmateriales: hasta determinadas cantidades, que una persona más baje uno de nuestros libros de nuestro servidor no supone ningún coste extra. El coste marginal de distribuir un libro en dominio público es cero. Y quien dice un libro dice una copia de la última distribución de Debian.

En mercados como el del software libre estaríamos por tanto dentro del paradigma de la competencia perfecta: Coste marginal cero y precio cero. El producto habría llegado a un punto en el que la solución eficiente es el precio cero. Ya no se cambiaría por dinero, ya no sería mercancía: la desmercantilización habría llegado como producto de la evolución del mercado.

Críticas y matices

Redes distribuidas y abundancia

Topologías_de_redLa primera crítica del ejemplo anterior sería que solo sería cierto para un cierto número de copias, pero si nuestro servidor pasara cierto punto crítico, tendríamos que incrementar el ancho de banda y en realidad, si lo viéramos a largo plazo, tendríamos un coste variable creciente y por tanto un coste marginal positivo.

Pero esto en realidad solo es cierto si solo hay un servidor desde el que descargar el producto. Si lo compartimos en una red P2P, como las que se crean con el protocolo bittorrent estaríamos en un escenario radicalmente diferente: cada nueva descarga, cada nuevo usuario, significaría un lugar posible de descarga más para el siguiente. Cuantas más personas «consumieran», menos le tocaría aportar a cada uno de los que ya forman parte de la red. No solo estaríamos bien asentados en el coste marginal cero, en el límite, el coste total soportado por cada uno sería también cero.

Este es solo un ejemplo de la lógica de la abundancia producida por las redes distribuidas enunciada por Juan Urrutia en 2001. A los efectos red como el descrito, habría que añadirle un elemento más: la drástica reducción de los costes de transacción que aparece cuando la red social real une comunidades identitarias.

bittorrentLos costes de transacción son otro concepto de la Teoría económica. Se crearon para explicar por qué, si los mercados tienden a la eficiencia, la gente no se pone a producir las cosas por su cuenta, contratando los factores de producción y hasta la coordinación del proceso ad hoc. Es decir, los costes de transacción son la explicación primaria de la existencia de empresas. Incluyen cosas como el coste de negociar con proveedores y clientes, los derivados de la necesidad de obtener información y los de supervisar a proveedores y clientes. Todos ellos tienen que ver con las asimetrías de información y con la desconfianza entre los sujetos, es esa desconfianza la que hace racional montar una empresa, es decir una institución, un conjunto de contratos, que va a permanecer estable en el tiempo.

Pero todos esos costes se disipan dentro de una comunidad real -que por definición es una pequeña red distribuida- de personas basada en la confianza. La unión en grandes redes distribuidas de comunidades identitarias solapadas -es decir, que como media cada individuo tendrá más de una comunidad identitaria- es tanto sobre el papel de los modelos como en la realidad posible que nos ha avanzado Internet, el «caldo original» donde germina la abundancia por primera vez, aunque sea en unos pocos ámbitos, a escala masiva.

Las otras rentas

El capitalismo que vieneOtra crítica evidente nos recordaría que «en la vida real», las grandes empresas no viven en mercados de competencia perfecta, sino acaparando rentas de todo tipo: rentas de posición, rentas regulatorias…

Pero aquí de nuevo, la emergencia de las arquitecturas distribuidas cambia el juego. La clave es un concepto enunciado por primera vez en otro libro de Juan Urrutia: la disipación de rentas. La idea es que la unión de redes distribuidas y globalización erosiona de un modo cada vez más intenso todas las rentas, incluidas las regulatorias como la propiedad intelectual.

Para entender las causas últimas debemos añadir un factor más: la reducción de las escalas óptimas de producción, resultado del desarrollo tecnológico. El mismo movimiento de fondo que produce una verdadera crisis de las escalas hace que cada vez sean necesarias menores inversiones y menos tiempo para replicar una innovación en cualquier industria, incluidas algunas tan complejas como la farmacéutica. Por eso incluso las rentas de innovación, el beneficio derivado de crear algo nuevo el primero y disfrutar de un pequeño monopolio temporal, son cada vez más breves.

Por supuesto, eso no quiere decir que las rentas derivadas de cosas como la legislación de propiedad intelectual o de las regulaciones «hechas a medida» para oligopolios como el eléctrico hayan desaparecido o se hayan anulado en la práctica. Solo quiere decir que, de momento, se ven erosionadas continuamente, en un ciclo inacabable de innovaciones que erosionan rentas, represión legal y nuevas innovaciones en el que hemos visto caer ya a las industrias audiovisuales, las editoriales y hasta la producción de energía, y que a largo plazo parecen reforzar la extensión de tecnologías y redes cada vez más distribuidas y opacas para el estado.

Los mimbres de la abundancia

mosaico abundanciaLos mimbres desde los que pensar una sociedad de la abundancia están ya entre nosotros. Algunos, como el desarrollo vertiginoso de la productividad o la posibilidad de costes marginales nulos, ya estaban en los utopistas y los economistas del XIX. Otros, como el papel de la reducción de escalas, las redes distribuidas y lo comunitario, solo han aparecido con claridad en las últimas tres décadas.

Esos mismos elementos nos permiten ver con más claridad algo no menos importante: qué no lleva a la abundancia, qué es verdaderamente «reaccionario» en nuestros días. Hablamos de estrategias como la recentralización de Internet, el nacionalismo económico y la expansión de las rentas corporativas que conlleva, acompañadas habitualmente de la exaltación de unos mercados financieros sobre-escalados y por tanto necesariamente destructivos. Pero también de los discursos que nos presentan el crecimiento y el desarrollo tecnológico y de la productividad como enemigos a batir.

En las siguientes entregas de esta serie profundizaremos en la comprensión de las nuevas bases de la abundancia para, a partir de ellas imaginar cómo es el mundo posible que dibujan ante nosotros.

«Las bases económicas de la abundancia» recibió 54 desde que se publicó el lunes 1 de junio de 2015 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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