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¿Solo para élites?

La asociación del Go con las élites intelectuales y económicas anglosajonas no ha sido ningún favor para el juego en Occidente. Pero ahora, en China, los padres de una nueva generación utilizan el juego para redefinir la clase de élite que quieren para su sociedad y en la que querrían ver a sus hijos.

gustos y clases de los cincuenta en eeuu
El primero de agosto de 2014, el New York Times decidió preguntarse por los efectos de la creciente desigualdad económica en la cultura. El artículo rescataba a Russell Lynes,

un brillante editor de la revista [TIME] y sociólogo «pop» que en 1949 publicó en Harper’s «Highbrow, Lowbrow, Middlebrow», un ensayo que sigue siendo instructivo y divertido a día de hoy. Más influyente aún (e infinitamente más entretenido) fue el gráfico que inspiró, publicado en Life, que dividió el gusto americano en cuatro conjuntos claros de preferencias, dividiendo el rango medio en «alto» y «bajo» e identificando, con precisión de antropólogo y brío de publicista, las preferencias típicas en comida, bebida, moda y arte.

Como recuerda el artículo, en 1949, con la guerra mundial reciente, los sistemas de becas y el creciente prestigio global de la Ivy League sentaban el mito de la nueva meritocracia norteamericana. La idea de que la gente brillante conseguía entrar en universidades caras y tras pasar por ellas alcanzaba los niveles superiores de renta. Los más «listos» se convertían en los más «ricos». Sus demandas típicas en la materialización de la pirámide de Maslow. El consumo «aspiracional», el de aquel a quien le gusta imitar a los sectores de renta superiores al suyo, pasa a emular también niveles culturales superiores. Un nuevo tipo de consumo intelectual conspicuo no limitado al Arte.

El Go como expresión de las élites intelectuales

Einstein y MasayoshiEl artículo del NYT tomaba la idea de un par de artículos en otros blogs aparecidos durante los meses anteriores que ponían el acento en el lugar ocupado por el Go. Estaba surgiendo un buzz y el blog de la Asociación Americana de Go lo recogió ya en junio. Pronto empezarían las protestas de lectores ofendidos por los presupuestos clasistas operando sobre el juego. Cuando NYT publicó su artículo, el debate estaba ya servido. Un lector apuntaba:

En la fecha del artículo [1949] los únicos lugares donde uno podía encontrar el Go en América era en los departamentos de Matemáticas y Física de las universidades. Mi padre lo aprendió por esa época en un departamento de ciencias gracias a una copia mimeografiada de un artículo alemán, porque los académicos alemanes habían colaborado con los japoneses tras la guerra ruso-japonesa [1905]

En «El Arte de jugar al Go» hemos visto que aunque esta aseveración tiene una base de realidad, no es exacta. Efectivamente fue la colaboración técnico-universitaria la que llevó el Go a Alemania, pero medio siglo antes de la Guerra ruso-japonesa. Fue luego Edward Lasker, primo lejano del campeón mundial de ajedrez del momento, quien impulsó los primeros grupos de jugadores norteamericanos, muy vinculados a aquellos departamentos de ciencias de la universidad. Un ambiente que, con la guerra mundial y el I+D que propició, contaría con cada vez más centroeuropeos apasionados por el juego desde donde se propagaría en los sesenta y setenta a ambientes libertarios y a la cultura de la nueva revolución tecnológica.

¿Solo para genios?

Si en los EEUU de finales de los cuarenta y los cincuenta, lo cool, lo highbrow, tenía el toque europeo e intelectual de aquellos ingenieros, físicos y matemáticos, es completamente natural que el Go fuera un símbolo de las élites intelectuales. Algo de eso nos ha llegado a través de películas como «A beautiful mind».

Lo sorprendente es que cuando se han hecho encuestas en nuestra época en el mundo anglosajón, el Go sigue asociado a esos entornos y como ellos, parece demasiado «difícil», demasiado «intelectual» o simplemente «fuera del alcance» de los encuestados. Por eso todas las evidencias de que el Go sirve para desarrollar la habilidad para el cálculo, la resistencia a la frustración o la capacidad para desarrollar propósitos y perspectiva a largo plazo, sirven de poco. A las finales confirman que es «cosa de élites».

Go Nation

go-nationMientras, en China, el Go vive un crecimiento sin precedentes: las escuelas de Go llenan el país y la clase media envía a ella masivamente a sus hijos. El antropólogo de Berkley Marc L. Moskovitz dedicó dos años a sumergirse en los ambientes del Go de Beijing, desde los departamentos de las universidades más prestigiosas hasta los grupos de obreros jubilados que juegan en los parques. El resultado, «Go Nation», es un mapa antropológico de los valores e ideas asociados al Weiqi en la nueva China.

De nuevo la asociación entre el juego y las élites aparecía claramente en los relatos, pero a diferencia de EEUU o Gran Bretaña, «convertirse en parte de la élite» que surge de las mejores universidades se considera en China posible. Con muchísimo esfuerzo, sacrificio familiar, horas y horas de estudio y una tenacidad a prueba de bombas. Pero alcanzable. Y esto se proyecta al juego.

El Go se asocia con las élites tanto en China como en EEUU o Gran Bretaña, la diferencia es con qué se asocian las élites en cada lado. En China, con un lugar deseable al que se llega mediante el trabajo duro; por eso en Beijing el Weiqi prospera en los cientos de escuelas que florecen en la ciudad, más aun que en los clubs o los parques. Por contra, en EEUU y en Europa son cada vez más los que sospechan que llegar a formar parte del famoso 1% no tiene nada que ver con el esfuerzo o la superación personal. Las élites son inaccesibles e incomprensibles en sus lógicas cerradas. Y eso es lo que piensan también del Go.

Modelos alternativos

pintura xi copiando clasicos chinosPero en el libro de Moskovitz aparece continuamente una idea aun más interesante. El juego es descrito por los entrevistados como una herramienta educativa «en valores», como una forma de «forjar carácter» que enlaza con modelos culturales, de ciudadanía y masculinidad mucho más profundos.

El ciudadano ideal chino suele verse como una manifestación del caballero confuciano. Estos hombres cuyas vidas estaban centradas en el conocimiento, enfatizaban la importancia de desarrollar una voluntad de acero y una integridad inquebrantable. En este sentido, los jugadores contemporáneos de Weiqi aprenden a ser ese cierto tipo de hombres en un mundo incierto.

Consistentemente, las decenas de entrevistados por el antropólogo

relatan las formas en que, desde muy temprana edad, aprendieron del Weiqi el placer de obtener la propia recompensa a través de una robusta ética del trabajo y a usar sus capacidades intelectuales para enfrentar los retos que enfrentarían como adultos. Están agradecidos al juego por darles herramientas intelectuales que les ayudaron a encontrar su lugar en el mundo y caminos que les hicieron mejores personas. (…) Creen que el juego enseña el balance justo entre agresividad y contención. Dicen que instruye sobre como dirigir a otras personas y, a su vez, como evitar ser dominado por ellas.

Esta reafirmación y reinvención del ideal confuciano se usa pues también como herramienta de una cierta crítica y alternativa al discurso anglosajón del éxito que hace furor en el país. Modelos de masculinidad que están asociados al «wu», el individualismo y la competitividad basada en la iniciativa que se simboliza en la robustez física y que se distancian del esfuerzo intelectual y la integridad moral.

van-gulik-pinturas-eroticas-ming-51En la tradición china, lo intelectual (el «wen») es considerado superior a lo físico, lo proteico («wu»). Por eso los militares y los practicantes de artes marciales chinas se han cuidado mucho de darle una apariencia de intelectualidad, una dimensión «wen» a sus disciplinas desde hace siglos. Tradicionalmente, en vez de las críticas de «debilidad», «torpeza», «falta de practicidad» o «separación del mundo real» a las que la imagen del intelectual ha ido siempre unida en Occidente, la idea confuciana del «ilustrado» proyecta un ideal de masculinidad donde se ligan valores como la sutileza, el gusto y la inquietud intelectual. El físico de este arquetipo no incluye musculación alguna, y sin embargo, como nuestro querido juez Di, describe héroes populares y modelos de belleza y masculinidad bien establecidos. El temple parece disociado de la fuerza física y unido a formas de competencia que no implican desarrollo físico sino intelectual, como el Go (de hecho el Weiqi en China es considerado por el estado como un deporte al mismo nivel que el atletismo o el baloncesto).

rebelion boxer china en la prensa americanaDe forma opuesta, cuando el colonialismo llegó a China en el siglo XIX, el estereotipo de lo occidental se asoció a la preeminencia en los nuevos visitantes de lo físico, lo marcial, el «wu». Mientras en Occidente la fuerza física y la gallardía se asocian a la masculinidad, en la China tradicional eran la fortaleza de carácter y el refinamiento intelectual las claves de lo que significaba «hacerse un hombre». Lo Occidental empezó a ser considerado simplemente bárbaro.

Pero los «bárbaros» ejercieron un poder inmenso, acabando para siempre con el sistema imperial. Como una especie de síntesis histórica, la exaltación del ejército, el campesinado y el proletariado industrial del maoismo trató de crear una identidad china capaz de competir con Occidente poniendo en valor el «wu». No faltaron las contradicciones entre este nuevo ideal y un PCCh que se ve como nueva clase confuciana. Y por supuesto se reflejaron en la forma en que el maoismo se relacionó con el Weiqi hasta el ascenso de Den Xiaoping.

La apertura y el rápido desarrollo de China parecía que reforzaría esta tendencia «wu» y en cierta medida «occidentalizante». Pero el desarrollo de China no ha sido militar, ni siquiera fundamentalmente industrial. Ha sido comercial y tecnológico. Los grandes modelos del éxito chino, como Alibabá, proyectan otras lógicas, otro ideal de trabajador y un fuerte sentido de responsabilidad comunitaria que sintetizan al «nerd» contemporáneo con los antiguos modelos confucianos.

Este es el espíritu que destilan las entrevistas de Moskovitz en las áreas de ciencias e ingenierías de la Universidad de Beijing:

La gente que entrevisté usaba el Weiqi para celebrar una incansable ética del trabajo y un resuelto desarrollo intelectual permanente, mientras al mismo tiempo criticaba los peligros de la sociedad moderna.

El «nerd» como ideal confuciano

Gu-LiNo es de extrañar que el «nerd», estereotipo del innovador tecnológico, se asocie al ideal de masculinidad confuciana

Características de lo que en Occidente podría ser considerado «nerd» (estudiar o trabajar de la mañana a la noche, evitar actividades físicas pesadas, intimidad con los padres) son componentes de un modelo de masculinidad idealizado en China

Y si en la nueva China el Go es cosa de «nerds» y meritócratas, la práctica del juego es lo que faltaba a estos para convertirse en un nuevo avatar de los viejos ideales. Como apunta Moskovitz, el Weiqi incorpora, al modo confuciano, un cierto ritual minimalista: desde la forma de coger las piedras al valor de los silencios o los saludos entre jugadores. Y el mismo cierre de las partidas (el perdedor agradece al ganador haber aprendido), apunta al valor del conocimiento como motor de la vida, propio de la figura del héroe confuciano… y del teki contemporáneo.

Y es esto lo que motiva masivamente a los padres chinos a llevar a sus hijos a escuelas de Go: el sueño de que sus hijos abracen el ideal de fortaleza moral, determinación, responsabilidad comunitaria y pasión por la vida intelectual y el aprendizaje permanente que el juego inspira y la cultura que le rodea exalta:

La maravilla es que asocien esos valores con conformar la verdadera élite de su sociedad, que entiendan, como decía una estudiante de la Universidad de Beijin que

no son solo unas reglas o la forma de jugar, sino un conjunto de comportamientos el que da al juego su significado

«¿Solo para élites?» recibió 7 desde que se publicó el Lunes 29 de Septiembre de 2014 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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