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Tecnologías, futuro y crisis energética

¿Cuales son los límites de la crisis energética? ¿Hasta que punto no hay otra alternativa que la crisis del sistema industrial? Tesis de un economista tecnófilo con los pies en tierra

La verdad barata de fondo es que el consumo energético industrial de las sociedades tiene una forma similar a sus curvas demográficas: las economías industriales son intensivas en consumo energético, pero no así las agragrias y postindustriales. Mientras la tendencia en Europa es a que el consumo energético industrial por euro de valor producido se modere y empiece a caer, en China o India, la tendencia es por el contrario a un incremento que da constancia de su rápido desarrollo. Pero el industrialismo es una fase del desarrollo capitalista, no una tendencia infinita.

Lo que los datos de consumo nos muestran en Europa y EEUU es como el transporte -sobre todo el transporte individual, los coches, símbolo del desarrollo y el bienestar generados- han compensado y sobrepasado los ahorros producidos por la evolución del sistema industrial al postindustrial. Según el IDAE el petróleo representa el 52% del consumo de energía primaria en España, el sector transporte por carretera representa el 34% del consumo total de energía y los vehículos privados representan el 44% del consumo del transporte por carretera.

España no es ni muchísimo menos una excepción en Europa. La tensión sobre los recursos petroleros tiene como vector fundamental el transporte. La crisis del petroleo es hoy y sobre todo una crisis del sistema de transportes, no una crisis de generación.

De hecho los problemas de oferta en generación y transporte no parece que tengan siquiera la misma solución a medio plazo. La generación, es decir, la producción de tecnología eléctrica mediante energías renovables no tiene a día de hoy un nivel tecnológico suficiente como algunos dan por hecho y a todos nos gustaría. Pero el horizonte de explotación actual de energías alternativas renovables y no, incluída la nuclear y visto el modelo francés, plantea la eventual subida de precios de la generación mucho más lejos de los eventuales nuevos shocks de precios petroleros.

A largo plazo, la tendencia en la generación eléctrica pasa por

  1. en el tramo del consumo individual -en el que la evolución tecnológica empieza ya a estar a las puertas de decir mucho– un desarrollo de la generación distribuida y la construcción sostenible, es decir, básicamente casas y edificios que consuman menos y que produzcan mediante energías renovables una parte creciente de la demanda que generan sus habitantes.
  2. en el sector industrial habrá una inevitable regionalización del consumo en el que las fuentes fósiles, en especial el carbón y el petroleo, pero también la nuclear, jugarán un papel similar al que tuvieron en el desarrollo industrial de los países hoy ricos. Por eso debates como el del uso civil de la energía nuclear en países “no fiables” son más importantes de lo que pudiera parecer desde una primera mirada “occidental”.
  3. tanto en un tramo como en otro veremos, con EEUU a la cabeza, una inversión intensiva en I+D energético y la progresiva sustitución de fuentes durante los próximos 25 años. Sustitución que no se limitará a los combustibles, sino a toda la fabricación de derivados plásticos y químicos, área en la que la tecnología del biofuel jugará un papel creciente

El transporte

Exxon y el gap de la demandaPersonalmente ya me gustaría que se acabara la civilización del coche y se reestructuraran las ciudades para servir a los peatones y los ciclistas. Pero parece que no, que tiene una sólida demanda que la sostiene y que impulsa un cambio tecnológico de fondo que apunta también hacia el incremento del uso de los biofueles. Un incremento que se irá incorporando a la composición de los combustibles de consumo automovil siguiendo una gráfica bastante aproximada al gráfico de la derecha publicado por Exxon que muestra el gap creciente entre la demanda de combustibles prevista y la capacidad de abastecimiento dadas las reservas actuales.

Evidentemente se producirá también una reestructuración de las grandes redes logísticas internacionales, reestructuración que ya ha comenzado: el transporte de commodities empieza a articularse sobre la previsibilidad, dando al transporte marítimo un horizonte en el que es más que posible que incorpore nuevas tecnologías reductoras de consumo combustible. Sí, es lo que están pensando, los grandes barcos del futuro volverán a llevar velas, aunque ya no sean de tela, sino rígidas.

La geopolítica de un mundo nuevo

En los planes de EEUU, el fin de la geopolítica del petróleo juega un papel explícito y relevante, azuzado por el fracaso de la ocupación de Iraq. Poco se habla de los futuros alternativos previsibles en los que la diversificación de fuentes y el papel creciente de la producción de etanol y biocombustibles llevará a inversiones crecientes de las hoy petroleras en la producción agraria de los países en desarrollo.

Las repercusiones del sistema de propiedad de las patentes biotecnológicas, la presión sobre el sistema de comercio internacional y la eventualidad de la reconversión del oligopolio petrolero en intermediario/latifundista monopólico global abren sombras importantes sobre las formas del nuevo mundo, sombras que tampoco pueden evitar la luz que la oportunidad para el desarrollo de los países periféricos que supondrá la retomada importancia estratégica de las producciones agrarias. Como siempre, el futuro dependerá, en buena parte, de nosotros.

«Tecnologías, futuro y crisis energética» recibió 0 desde que se publicó el jueves 2 de febrero de 2006 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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