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Tejedores de contextos (segunda parte)

A medio plazo los netócratas se sienten más cómodos con la idea de vivir en una comunidad con negocios y autonomía económica, que creando comunidades alrededor de empresas cuya estructura profunda seguirá atendiendo a la lógica industrial y jerárquica del viejo mundo.

Esas comunidades empoderadas con negocios son las llamadas filés. En principio entre ellas sólo tienen en común la idea de la preminencia de la comunidad sobre sus empresas y su definición transnacional. La filé no es un subconjunto de la identidad nacional imaginada. Como espacio político si algo define sus fronteras son los idiomas en los que se desarrolla el debate interno. No hay filés españolas, camerunesas o chinas. Hay filés que trabajan en lenguas latinas, bantúes o en chino, pero las fronteras de la comunidad no vienen dadas por la pertenencia a una nacionalidad o estado.

En principio, las filés no tienen por qué tener una economía democrática ni estar poco jerarquizadas. Sin embargo, incluso en las más vetustas, se observan durante la última década tensiones horizontalizantes, democratizantes, que esconden el mar de fondo de la lógica de la abundancia.

Un ejemplo especialmente interesante es el de los muridíes, una comunidad transnacional de lengua wolof de más de dos millones de personas repartidas en una docena de países y sostenida por el pequeño comercio y el textil.

Todos los que hemos veraneado en Europa en los últimos años nos hemos encontrado con ellos en alguna ocasión. Eran esos nuevos buhoneros que recorrían las playas europeas y abrieron bazares y pequeños comercios de telas, vestidos y productos típicos africanos.

Originalmente la muridía era una hermandad sufí. Fue fundada por Ahmadou Bamba, un morabito que predicaba el pacifismo y la doctrina de la santificación por el trabajo en el Senegal de 1883. Frente a la tradición sufí de la modestia por la mendicidad, trabajar en las tierras propiedad de la comunidad jugará una parte central en el camino de perfecionamiento espiritual de los muradíes. De ahí que se les llamara moodú-moodú (maní-maní), pues tenían que trabajar en la recogida y proceso de los cacahuetes para la exportación.

En 1912 los muridíes organizan la colonización de tierras de pastoreo fuera del país wolof, en zonas peul apenas controladas por la colonización francesa. Los talibé, seguidores del morabito, recibían comida y alojamiento durante los meses de lluvia. Tras diez años tenían derecho a una parcela en propiedad, con lo que las comunidades muridíes se convirtieron en la base de la urbanización y la wolofización de Senegal.

Cuando en los años 70 los precios internacionales del cacahuete caen y la producción baja el sustento económico de los muridíes se traslada hacia el sector comercial. En aquel momento la Muridía se había expandido ya a través de sus comerciantes a Costa de Marfil,Camerún, Gabón, Congo, Chad y hace sus primeras apariciones en el Magreb.

Con la llegada a Europa en los 90 las redes de comerciantes muridíes llegan a Sudáfrica y Europa meridional. Con una parte significativa de la comunidad en transnacionalización, los muridíes mutan sus instituciones, y desarrollan nueva forma, contenido y estructura para las dairas, las tradicionales escuelas coránicas que constituyen el centro de la vida de las hermandades sufíes en el occidente africano.

Las dairas se convierten en la emigración en comunidades que comparten casa, trabajo, ahorro y recursos, formando una unidad económica de acogida y empoderamiento. Las dairas acumulan y generan capital a través de sistemas de crédito sin interés en cuya fundamentación implican a emigrantes ya establecidos y con buena situación económica. Su arranque y funcionamiento no precisa planificación centralizada. Es deber de cada muridí recoger y dar trabajo y herramientas a cualquier hermano que aparezca. Entonces

El recién llegado pasa a ocupar el escalafón más bajo de la estructura de la cofradía desde donde podrá prosperar gracias a su trabajo y dedicación a la cofradía. Existe una similitud entre el rito de iniciación de pasar de joven a adulto y el proceso migratorio; en la primera etapa el móodu-móodu es daxar (tamarindo en wolof), pasa por una serie de penalidades económicas, de clandestinidad, de explotación socioeconómica, de aprendizaje sobre cómo vivir fuera de la comunidad de origen en un medio desfavorable. Una vez ha superado estas pruebas adquiere el estatus de goulou, aquel migrante establecido, con conocimientos y capacidades para moverse y ser un referente para el resto de migrantes, en definitiva un hombre adulto (Fall,1998: 29). Es en este nivel donde se sitúan los empresarios murides, dedicados sobretodo al comercio internacional de importación –exportación entre sus lugares de residencia (España, Francia, Italia, Arabia Saudí o Estados Unidos) y Senegal. Algunos de ellos incluyen en el nombre de sus empresas la palabra Touba, ciudad sagrada donde está enterrado Amadou Bamba el fundador. 1

El morabito se convierte entonces en un cuidador de la red entre cuyas funciones se incluye encargarse del movimiento de las remesas y generar flujos y oportunidades de negocio entre los distintos nodos muridís.

La red muridí se transforma paulatinamente. Del riguroso modelo descentralizado y jerárquico original, con el califa en lo alto, pasamos a un modelo de relaciones distribuidas entre nodos que mantiene todavía un modelo interno piramidal. Es ese modelo jerárquico interno lo que al parecer genera más contestación entre los jóvenes.

Estas transformaciones internas también se reflejan en lo identitario. El imaginario muridí ha ido transformandose del propio de los wolof (étnico), al senegalés (nacional) para finalmente, pivotar sobre su propia historia y características dentro de la visión universalista de la Umah musulmana.

Las dairas europeas y americanas, completamente distintas de las de Senegal, cada vez se sienten menos identificadas con la realidad conservadora de las senegalesas… y sin embargo constituyen su principal fuente de ingresos, con lo que no son previsibles rupturas significativas. Los muridíes se transforman y se transformarán cada vez más desde la periferia al centro, es decir, de cofradía a filé2.

Lo llamativo es que no estamos hablando de un grupo de hackers nacidos de Internet, sino de una vetusta cofradía sufí con más de un centenar de años de historia y millones de seguidores… y sin embargo los tiempos de evolución, casi año por año, son los mismos, y el resultado paralelo. Lo que ha de llevarnos a destacar aquello que tienen unos y otros en común: una potente ética del trabajo basada no en la acumulación sino en el reconocimiento comunitario.

Si bien esa ética siempre estuvo presente en la tradición académica europea, también apareció -y de hecho sobrevivió hasta hoy- en partes destacadas de un movimiento social europeo tan tradicional y presente como insuficientemente reconocido: el cooperativismo.


1. Los “móodu-móodu” y su impacto en la sociedad de origen, por Rafael Crespo en Empresariado étnico en España, CIDOB, Barcelona, 2007 .
2. Algo que por cierto choca en Europa porque rompe el molde social de los muridíes como meros inmigrantes, en proceso de asimilacion nacionalizante y utiles para la llamada cooperacion al desarrollo por su estructura de beneficencia.

«Tejedores de contextos (segunda parte)» recibió 0 desde que se publicó el Martes 31 de Marzo de 2009 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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