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Tiempo y sentido

Midiendo hasta qué punto tenemos la fortuna de vivir una vida interesante bajo una lógica de abundancia.

P1020519Si alguien se parase frente a la mesa de trabajo de los indianos sin que le viéramos, seguramente lo que más le llamaría la atención sería la concentración y la tensión de las caras y el gesto, el repiqueteo a ráfagas de los teclados. Y en un momento alguien que se levanta de un salto a la biblioteca para consultar un libro o un diccionario. Pero seguramente aún se sorprendería más si viera las pantallas porque uno bien puede estar haciendo una presentación, claro, pero otro andar probando algún entorno de programación o trasteando en el servidor y el de más allá peleándose con la redacción de un post o una novela en alguna lengua «incomprensible». De repente alguien dice a toda voz: «¡¡Es genial!!». Algunos sonríen. Y los teclados siguen su marcha. Si quiere comentar más ya lo pondrá en la sala y llamará a los demás a leerlo, que tampoco es cosa que Javier o Caro se lo pierdan por no estar físicamente en la mesa.

Son cosas de la ética hacker: cuando te levantas estás deseando llegar a la pantalla, con ganas de apuntar esa idea que te vino entre sueños, de investigar ese tema que se te ocurrió en la ducha o de buscar esa canción que te vino a la cabeza. La idea es que las cosas hay que hacerlas por si mismas, porque nos gustaría que ocurrieran y sobre todo porque vamos a aprender con ellas. No hay horarios. No hay festivos. No hay más obligaciones que los compromisos con los demás que imponen los proyectos (pero esos se cumplen así se caiga el mundo). Y por supuesto no hay diferencia entre proyectos rentables y no rentables. Todos los proyectos son rentables porque son nuestra vida, son lo que elegimos. Luego algunos se podrán convertir en propuestas que presentaremos a otras personas y esos otras personas, en la búsqueda de sus propios objetivos y los de sus organizaciones, nos pagarán por ejecutarlos. Si a fin de semestre hemos ingresado en proyectos para otros más que lo que hemos gastado en hacerlos y pagar los gastos cotidianos y los alquileres, es que la cosa va bien: nuestra vida, además de apasionante, será sostenible, será plenamente una buena vida.

Hasta ahora esa ha sido nuestra principal contabilidad de tiempos y resultados. No ha ido mal, aunque al hacer las cuentas y pagar los proyectos que hacemos «por amor al Arte» salga que el «salario» del semestre está por debajo del mínimo de no se sabe cuántos convenios. Algunas personas de las que se nos acercan nos preguntan incluso si hicimos «votos de pobreza» y seguramente por nuestras cuentas personales podría parecerlo… pero realmente a nosotros nos parece la vida más enriquecedora del mundo.

Lógico: ¿Esto que estamos haciendo ahora, todos en la mesa a las diez de la noche, escribiendo, leyendo, estudiando cosas de lo más diverso es diferente a lo que hacíamos a las diez de la mañana? ¿Y si a las diez de la mañana o ahora escribía un post para la Bitácora de las Indias o repasaba las estadísticas en realidad estaba «haciendo otra cosa que no era trabajo»? ¿Qué diferencia hay entre postear en un blog o una publicación indiana e ir a una reunión de piepowders? ¿Y una reunión con un cliente? ¿Sería distinto si hubiera publicidad en el blog y generara ingresos? ¿Pero cuanto valen las conversaciones que salen del blog? ¿No han salido de ellas la mayor parte de nuestras propuestas e innovaciones?

En nuestra visión del mundo, en nuestro modo de vida, no existe una divisoria clara porque el tiempo de trabajo es nuestro tiempo activo del día, no el tiempo que se entrega a hacer algo que no harías si te hubiera tocado la lotería o tuvieras una generosa renta de por vida. Por ejemplo, la única diferencia para mi entre un domingo y un lunes es que el domingo suelo salir a tomar el vermú (es divertido, está todo el barrio), vemos una peli y no respondo mails. Osea lo que puedes hacer cuando la mayor parte del resto del mundo no quiere oír hablar de la empresa en la que trabaja por unas horas. Claro, además no hay reuniones, ni hay con demasiada frecuencia entregas de informes o propuestas. Pero vamos, horas frente a la pantalla o de estudio salen unas pocas. Y el que estén dedicadas a escribir un informe o un post -o ambas cosas, que es lo normal- o que estudie las ONGs en Ghana o latín medieval -o las dos cosas, que es lo normal- no cambia su naturaleza ni como me siento haciéndolas. Y no soy yo solo, no penséis, si Manuel está haciendo contenidos para Simanaki o si está probando a mejorar Etherpad o diseñando nuevas plantillas para ponérselo fácil a quien quiera comprar un dominio .biz, o haciendo un diccionario de papiamento para firefox no pensaré que está trabajando en unos casos si pero en otros no. Está haciendo y aprendiendo y eso es lo que trabajar significa entre nosotros.

Pero bueno, si salvamos eso haciendo una abstracción gordota, el resultado es que más o menos el 40% del tiempo de producción indiana no tiene una relación inmediata con lo que reciben nuestros clientes en el momento en que las hacemos. Podemos llamarlo formación, I+D, RSC… o todo junto. Porque por supuesto la tiene en el tiempo, a fin de cuentas vendemos nuestras capacidades para generar cosas a partir de ideas y esas ideas, aunque sean gratis, se basan en ese 40% que tanto nos cuesta distinguir del restante 60%, un 60% con el que, por cierto, ni aprendemos menos ni disfrutamos menos. Pero ¿se nos puede culpar por ello? Lo que se hace para y con los clientes tiene el especial encanto de servir a otros que valoran nuestro aporte antes de recibirlo -si no no aprobarían un presupuesto- y lo valoran lo suficiente como para pagarlo, es decir, como para elegir trabajar con nosotros antes que, por ejemplo, comprar un rótulo nuevo o invertir en acciones de otra compañía. A veces lo prefieren incluso a darse una paga extra. Muchos lo valoran incluso tanto que repiten. Hay clientes que lo son desde hace diez años y otros -más de dos y tres- que han vuelto seis o siete años después de una entrega satisfactoria a pedirnos que repitiéramos… y a los que tuvimos, con todo el dolor, que decirles que no, que habíamos aprendido muchas cosas nuevas y que solo podíamos ofrecerles algo mejor… aunque, también hay que decirlo, no todos ellos quisieron probar lo nuevo.

En fin, que la ética de la vida y el trabajo hacker tiene poca traducción en las categorías que rigen la vida industrial, incluso en las de las empresas de servicios. Son modos de vivir y sentir diferentes. Pero eso no quiere decir que hacer ciertas abstracciones por un ratito no vaya a aportarnos ni enseñarnos nada. Al contrario, nos ayuda a ser conscientes de hasta que punto podemos estar orgullosos de exprimir en tiempo en estas vidas interesantes, hasta qué punto nuestra vida y nuestro trabajo vive bajo la lógica de la abundancia. Porque, quién puede negar que dedicar el 100% de tu tiempo a lo que querrías hacer en cualquier caso y dentro de este el 40% exclusivamente a aprender para aprender más, para aportar más, para compartir más, no es una vida interesante.

«Tiempo y sentido» recibió 0 desde que se publicó el martes 19 de marzo de 2013 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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