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Todo lo que el Estado Islámico puede enseñarte sobre la comunicación en la era de la descomposición global

El EIIL se movió en cada momento buscando el punto de menos resistencia, el camino más fácil una vez descontadas las consideraciones morales y estratégicas. El resultado ha sido una mezcla de brutalidad y banalidad. Y un gran éxito.

eiil entrada mosul
«No ha habido nada tan súbito, incomprensible y difícil de revertir desde el triunfo de los vándalos en el Africa romana como el ascenso del EIIL» confesaba impotente el New York Times este fin de semana. Evidentemente les falta un marco más amplio: la descomposición y sus evoluciones en lugares que deberían resultarles tan poco exóticos como México. Pero es verdad que el relato académico y mediático se ha quedado muy corto y ha evidenciado hasta que punto su inmediatismo les lleva a «contarlo todo» sin entender nada. Solo los analistas de los servicios de inteligencia incluyeron desde el primer momento la descomposición como marco, ganando una mínima capacidad de prescripción y maniobra.

Entendiendo al EEIL

Las primeras explicaciones sobre el ascenso del EIIL, como el estupendo documental de PBS de octubre pasado ponían el énfasis en el contexto político global y la enajenación de la población sunní de Irak ante el sectarismo desenfrenado del presidente al Maliki y su banda en el gobierno iraquí y la pasividad de un presidente Obama que no quería volver a involucrar a EEUU en un nuevo -y carísimo- fanguizal mesopotámico y sirio.

Pero como explicación principal no funcionaba. Si todos habían dado por irrelevante a la formación creada por Al-Zarqawi, era por algo. Y desde luego no era porque su estrategia política y militar hiciera pivotar hacia ella de forma natural el complejo tablero político de la región. Además, ante el limitado efecto de los bombardeos y con el dominio efectivo, por una nueva burocracia, de un territorio de 12 millones de personas y el tamaño de Francia, poco a poco había que ir admitiendo que lo que se había constituido era un estado con todos sus atributos por mucho que Obama no pudiera reconocerlo.

Un «califato digital» que era capaz de conectar con miles de chavales de una nueva generación en todo el mundo. Porque el hecho es que más de 20.000 jóvenes han viajado desde los cinco continentes para unirse al califato, la mayor migración política desde la revolución rusa y la mayor campaña de reclutamiento hecha nunca en Internet, un caso único de paso de generación de compromisos partiendo de las herramientas más típicas de la cultura de la adhesión.

Algunas claves del éxito reclutador del EIIL

  1. come my friend eiilEl idioma no importa. Como explicaba Nicolas Henin, las referencias culturales de base que definen el lenguaje cotidiano de estos chicos no están en el Islam medieval, sino en la cultura de masas televisiva global, en las pelis de acción, en los mitos del cine y el manga. Así que basta ya de complejos. Al final la lengua es lo de menos, no hace falta disfrazarse de «globis» anglófonos ni buscar portavoces en el canon de belleza germánica, ni siquiera el inglés da puntos: el lenguaje es el de los estándares audiovisuales, no es verbal. Da puntos lo que sale fuera del canon anglo: música a capela, sensación de comunidad y muchachos con símbolos de poder.
  2. La mitología de cada cual y sus complejidades son un aderezo imprescindible pero están supeditadas a la gramática del relato audiovisual globalizado. Ya no estamos ante los textos cultos e historicistas de un Al Zawahiri. El mensaje puede incorporar cuestiones teóricas, por supuesto, pero dentro de los nuevos formatos que garantizan su eficacia y que son fundamentalmente audiovisuales. De ese modo se elimina la diferencia entre mensaje interno y externo. La capacidad inclusiva mide su coste en matices y renunciar a los que tenía todavía Al Qaeda -por ejemplo a la hora de definir a los shiíes- hace que la apuesta pase a «todo o nada». Y eso, en sí mismo, aumenta la capacidad de atracción en cuanto se consigue el primer éxito. «Todo o nada» es «ahora o nunca» y esa angustia, esa prisa, conecta bien en lo audivisual y a través de twitter.
  3. Los famosos son la «imagen del poder» y por eso se les incluye en la representación, especialmente a su pesar. Esto aplica a todos los niveles, desde el famoso del pueblo al famoso de los medios. Cuanto más mediáticos y extraños resulten en el contexto, como el CEO de twitter, más relevancia dará a los propios y más aceptable la idea de que representas un poder alternativo que aun acepta neófitos.
  4. El resentimiento es el principal resorte emocional. Es el primer motor de las clases medias descompuestas. El miedo a la exclusión aúna a los «buenos chicos frikis», a donantes millonarios y a la pequeña burguesía que se empobrece mientras la desigualdad crece. Especialmente si se expresa con crudeza, sin pudor ni decencia, como un sueño inconfesable pero liberador que se contara con la mejor tecnología y la cuidada gramática visual de un maestro del terror adolescente. El resentimiento por la «no pertenencia» está tan extendido y es tan poderoso que define igualmente a las réplicas de sentido contrario. Vengarse de las élites resulta atractivo.
  5. El argumento principal es que los responsables de la exclusión, sufrida o imaginada, no forman parte ya de la comunidad, se autoexcluyeron al no reconocer a esa juventud tan preparada y tan pura de intenciones. Da igual que sean yazidíes o altos cargos baazistas. Esto no es tan diferente de lo que vimos en el auge del Tea Party en 2010 o en el de la indignación frente a la corrupción española: todo círculo de poder o todo grupo identitario diferente del propio se define como excluyente y por tanto como culpable, pero sobre todo como un cuerpo extraño con los atributos de un ejército invasor y parasitario. Toca releer la «Historia del racismo» de Foucault, porque los mecanismos son sorprendentemente similares.
  6. burócrata eiilNo va de coherencia o de teoría: va de pertenencia. Definirse en oposición en este contexto hace que no importe demasiado el bagaje anterior de tu público. Esto es un «fresh start», una «open jihad» donde a fin de cuentas «todo comenzó ayer» aunque conecte mágicamente con una lejana edad dorada con tanta realidad como el reino de los dragones de Juego de Tronos. Cuanto menos importancia des al pasado personal más fácil será aceptar las disciplinas organizativas que creaste.
  7. Darwin es tu amigo (y reduce tus costes). Al Qaeda invirtió más en escuelas de formación militar y religiosa que en ninguna otra cosa fuera del «core» terrorista. Los relatos sobre el ascenso del EIIL insisten en cómo la represión hipertecnificada y los ataques aéreos crearon un entorno darwinista que dio lugar a una dirección experta, entre otras cosas, en seguridad informática. Al llegar al califato no hay un centro de formación esperando al neófito, sino una tarea práctica. Darwin se supone que hará el resto con menos coste y a los nuevos reclutas les inviste con un reconocimiento de partida que les confirma su inclusión. ¿Más bajas? Más mártires con los que dar un ejemplo de compromiso.
  8. La oferta positiva es una vida nueva con responsabilidades claras, un conjunto de apps sociales en las que cada nuevo adepto tiene algo que hacer y es importante. Por eso hay que ejercer poder, construir espacios pronto. Y como en las nuevas bandas, la violencia es útil, pero lo es aun más desarrollar una burocracia propia siempre creciente que pueda repartir responsabilidades a los recién llegados, así sean tan poco épicas como el sistema de basuras.

Conclusiones

El EIIL no tiene grandes teóricos, no tenía una gran visión, un fundador mítico ni un líder carismático. Simplemente se movió en cada momento buscando el punto de menos resistencia, el camino más fácil una vez descontadas las consideraciones morales y estratégicas. El resultado ha sido una mezcla de brutalidad y banalidad, de darwinismo interno y atractivo externo. Y un gran éxito. Nada de lo que ha hecho está tan lejos de lo que ha dado vuelo a otros fenómenos no criminales y geográficamente más cercanos. La diferencia ha sido de contexto y de cantidad. En su escasa sofisticación nos muestra el verdadero espíritu de una época de descomposición y la increíble potencia destructiva de la cultura global que genera.

«Todo lo que el Estado Islámico puede enseñarte sobre la comunicación en la era de la descomposición global» recibió 14 desde que se publicó el lunes 24 de agosto de 2015 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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