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Todo lo que tu olla express lleva tiempo intentando contarte

La olla express nos cuenta una historia de guerras, sobre-escalas y cambios culturales retrasados por la mal llamada propiedad intelectual. Y por lo mismo nos enseña los puntos críticos del cambio sociotecnológico que hoy nos preocupan.

ollaexpressEs curioso que las distintas historias de la olla express que encontramos en la web oscurezcan la relación entre su desarrollo y su uso militar, y se centren al modo de las historias nacionalistas en el honor de la primera patente o en su relación con la esterilización de alimentos enlatados en vez de en su uso militar.

El caso es que en 1804 el ejército francés comienza a usar ollas a presión como paso previo al enlatado. La entonces nueva tecnología -considerada secreto militar y nunca publicada- permite dotar a los soldados de mayor autonomía haciendo más resilientes las líneas logísticas. No será hasta que el secreto se filtre y el ejército británico incorpore la tecnología que esta comience a extender su uso. Las primeras ollas a presión usadas directamente para cocinar apareceran en las trincheras franco-británicas durante la primera guerra mundial.

Como hemos comentado antes, la IGM es la materialización militar de la fantasía industrial de la economía de escala indefinida. Como describe Jesús Pérez:

Al igual que las grandes corporaciones industriales de la época, la maquinaria militar se convirtió en un mastodóntico aparato burocrático y centralizado. Las ofensivas se hacían estableciendo horarios precisos para el martilleo de la artillería y luego el posterior avance de la infantería. La iniciativa propia que se saliera del guión sólo podía conducir al desastre.

Si hubiera que buscar dos símbolos de esa concepción del mundo y de la guerra, serían sin duda dos innovaciones del momento: el reloj de pulsera de los oficiales -cuyo uso se extendió para sincronizar los movimientos de tropas de acuerdo a los grandes planes centralizados- y las gigantescas ollas express de los ranchos de los soldados.

La famosa patente de Bellvis recogía en realidad una práctica ya común en 1919 en los campos de combate europeos. Y si hizo fortuna fue porque el ejército español la incorporó a la intendencia de legionarios y regulares en la guerra de Marruecos, como nos cuenta un libro reciente. Solo tras estos primeros grandes pedidos, la olla express dio el salto al mercado civil y cambió de escala, pasando de cocinar para cientos de personas a hacerlo para una decena o menos.

¿Qué nos cuenta la olla express?

La historia de la olla express es en si misma un modelo de la relación de las tecnologías y las escalas.

  • En una primera fase el secreto o las patentes limitan su uso a una organización de gran escala, cuyos pedidos rentabilizan la inversión de innovación de paso que aportan unas rentas extraordinarias a sus primeros productores. El uso pensado es sin embargo distinto del que acabará triunfando (mejorar las técnicas de enlatado).
  • En un segundo momento el secreto se rompe y otras organizaciones de gran escala (el ejército británico primero y la industria conservera norteamericana después) empiezan a aplicarla.
  • Se encuentran usos alternativos (cocinar para la tropa)
  • Desescalado bajo patente: Bellvis cambia la orientación y la dedica al mercado doméstico. Venderá a lo largo de las décadas casi tres millones de ollas… pero su uso seguirá siendo poco más que una curiosidad hasta que…
  • Su idea sea copiada por otras patentes (ollas de baja presión) por organizaciones de gran escala norteamericanas y su uso se globalice tras la Segunda Guerra Mundial
  • En los 60 un nuevo desescalado -este en las técnicas de producción- permitirá su fabricación en cadenas más pequeñas. ¡¡Bienvenidas Fagor y Magefesa!!
  • Solo entonces servirá, con la extensión de la nevera, la lavadora y finalmente la píldora anticonceptiva, a la reconceptualización de la producción doméstica y la familia que dio forma a nuestra infancia.

Moralejas

  1. Si el proceso duró más de un siglo y medio y no menos fue por la «protección» de la propiedad intelectual que a las finales protegió las rentas de un señor que había patentado una práctica que empezaba a extenderse en otros ámbitos a costa de la socialización y globalización de la tecnología.
  2. La devolución de la tecnología necesaria para su extensión se realizó mediante el plagio consentido (patentes similares reconocidas como originales) y tuvo que ver con un nuevo contexto geopolítico (la hegemonía norteamericana y las pocas ganas de pagar rentas a los herederos de un señor de Zaragoza por la industria de consumo de EEUU).
  3. Cada avance de la tecnología, cada extensión de su uso, ha sido hasta ahora el producto, a vece por fases, a veces simultáneo, de un avance hacia su devolución y de un desescalado: por un lado del secreto individual al compartido entre estados, de éste a la publicidad de la patente industrial, a través de ésta a la multiplicidad por plagio y finalmente la devolución total; por otro, en el uso, de la dimensión industrial (envasado) a la comunitaria (ejército) y de esta a la personal y familiar (tu olla express); y finalmente, en la producción, de las grandes escalas (máquina industrial) a las medianas (proveedores de utillaje militar), la PYME industrial clásica (Fagor, Magefesa) y de ahí, finalmente, hacia la producción P2P.

Y de ese modo, la olla express nos está contando algo más. Nos está contando la historia del siglo veinte desde el punto de vista de la escala. Y no deja de tener interés que las primeras críticas del sobre-escalado industrial y sus consecuencias vinieran de uno de los militares más brillantes de la primera guerra mundial: T.H. Lawrence. Sus guerrilleros nunca usaron una olla express de las que se usaban en Europa, pues nunca estuvieron en decenas de millares en una trinchera, pero seguramente habrían considerado una pequeña olla familiar como un tesoro de glamour y por lo mismo, quizás, como una de sus mejores armas.

«Todo lo que tu olla express lleva tiempo intentando contarte» recibió 0 desde que se publicó el Domingo 13 de Enero de 2013 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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