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Un mundo sin copyright: el libro

¿Cómo afectaría la Devolución al mundo del libro?

Lector de ebooks sonyAunque con mucha menos violencia, el mundo del libro también vive síntomas de estar trasladando a la distribución problemas surgidos de la artificialidad del monopolio. En este caso el monopolio no es otro que la mal llamada propiedad intelectual. Las tensiones se producen porque siendo el precio competitivo (=coste marginal) de la copia electrónica cero, las editoriales evitan que esto exista aunque está comprobado que fomentaría sus ventas en papel. Y la respuesta es lo que llaman “piratería“. Ultimo ejemplo: Harry Potter, del papel a Internet en 12 horas.

A simple vista la situación del mercado del libro y el de la música son idénticas. Pero no es así.

Cuando en 2002 empezamos a estudiar el libro electrónico, constatamos dos diferencias:

  1. La experiencia de usuario del libro en papel es claramente superior a la del libro electrónico. Mientras los formatos musicales electrónicos pueden competir cada vez más con el CD, orientando la la futura industria hacia la música en vivo (como el cine hacia el cambio de salas), el libro de papel es una tecnología tan netamente superior al libro electrónico que no es previsible un cambio de formato industrial en el futuro. Las editoriales seguirán editando libros en papel.
  2. El coste de conversión individual de formato electrónico a papel (imprimir, encuadernar) sigue y seguirá siendo más alto que el precio del libro (al menos para libros de más de 100 páginas). Los libros de papel podrán seguir siendo como hasta ahora (sin incluir extras distintos del contenido en texto) y ser preferibles a la autoedición.

Trazar un cuadro de cómo serían las editoriales de futuro, o mejor dicho, de cómo deberían a empezar a ser las del presente es relatívamente sencillo: un gran repositorio online de obras en formato electrónico para descargar, una pequeña máquina de marketing y una buena red de distribución en papel.

compartiendo¿Y de qué vivirían los autores? En realidad lo primero que hay que decir es que muy pocos autores pueden vivir hoy de sus creaciones bajo el sistema de monopolio. La literatura y el ensayo son fundamentalmente economías del prestigio, que generan ingresos indiréctamente a los autores vía conferencias, cursos, tertulias, etc. Y eso probablemente se acentuaría, facilitando a un mayor número de autores entrar en el círculo que hoy se beneficia de la repercusión de sus obras en mayor medida que de su explotación económica.

Pero además, en un mundo sin copyright, las editoriales deberían competir aún más por los autores y sus servicios que ahora. En primer lugar por tener la primicia, salir primero con el libro y ganar más mercado. En segundo lugar, si otras editoriales reeditan después la misma obra, el autor previsiblemente venderá a una u otra “autenticidad”, un “sello de autor” que posicione como preferible frente al lector, la copia de unas editoriales frente a otras. Es decir, como pasa ya en Alemania por ejemplo, los autores percibirán el grueso de sus ingresos directos de participar en la promoción de las ediciones.

Las obras derivadas: de los juglares a Borges pasando por el Quijote de Avellaneda

The Shakespeare's globeOtro hecho constatado es que curiosamente la cultura del Derecho de Autor está más arraigada respecto a los textos que respecto a la música. Nadie se escandaliza porque la derogación de la mal llamada “propiedad intelectual” permita que un músico electrónico o un rapper tomen una canción de un músico melódico y la transformen. Sin embargo, lo mismo causa recelo en caso de una novela o un ensayo.

Como hemos visto, esta posibilidad, diferenciar el producto original de un fan pic (tan comunes en manga o ciencia ficción), será probablemente una de las principales fuentes de ingresos de los autores, presionando a las editoriales a remunerar directamente a los autores (cosa que rara vez hacen ahora).

Por otro lado, estas obras, que toman obras derivadas (como si las otras no lo fueran), son la base de la evolución cultural. Es lógico que al aumentar el número de contactos sociales, al tender la gran red social cada vez más a tomar la forma de una red distribuida, aumenten en número e influencia. Como escribía William Gibson en Pattern Recognition (2003):

Es como si el proceso creativo ya no estuviera contenido en el interior de un cráneo individual, si es que alguna vez lo estuvo. Hoy en día todo es reflejo de otra cosa

Porque una de las consencuencias de la cultura de la mal llamada propiedad intelectual es el espejismo individualización de la creación cuando si cada vez podemos tomar parte con mayor facilidad en el proceso creativo es precisamente porque este es menos individual que nunca, porque la tecnología nos da un mayor acceso a fuentes y fuentes más diversas. Y es que el discurso que da pie a la -falsa- metáfora de la propiedad intelectual, conecta con topicos no cuestionados en nuestra cabeza porque se basa en un viejo mito renacentista: la creación. Uno de los primeros mitos individualistas, nacido en el Renacimiento y originalmente ligado a las artes plásticas. Como escribíamos en un librito de 1997:

Las nuevas formas de reproducción gráfica, del grabado a la imprenta y finalmente a la litografía, fueron convirtiendo la imagen bidimensional en un cotizado bien de lujo, pero en último término normal, y despojándole de su carácter místico. Carácter que sin embargo encontró refugio en el concepto humanista del artista como creador, al fin como émulo o discípulo de la divinidad, de la cual de algún modo participaba a través de la inspiración.

Aquí nació la idea del creador individual, como pequeño y autoproclamado dios, su obra, su creación, comenzaba y terminaba en si mismo.

Sin embargo, no se acaba con algo tan acendrado de un golpe. La epopeya de Gilgamesh, la Iliada, la Odisea, los romances del mester de juglaría o las Mil y una noches… es decir, todo el basamento cultural occidental, estaba formado por obras derivadas, nacidas de un verdadero proceso de creación colectiva. Los dos principales literatos renacentistas europeos, Cervantes y Shakespeare, no rompen de hecho esta tradición. Shakespeare, como Lope de Vega o Tirso de Molina, toman, parchean, modifican, obras preexistentes hasta convertirlas en las obras maestras que hoy se les asocian. Lope, es de hecho, autor al modo de Rembrandt o los grandes pintores flamencos, director de un taller de creación que sólo introduce directamente su pluma en partes concretas de las obras.

Pero en la paranoia generada por la individualización, los expertos siguen a día de hoy discutiendo qué parrafos de cada obra son atribuibles diréctamente a Shakespeare y cuales son anteriores o nacieron de la pluma de Marlowe o de actores de su propia compañía.

Quijote de AvellanedaLa historia del Quijote de Avellaneda, una obra derivada contra la voluntad de Cervantes, de hecho nacida con ánimo de contrapropaganda reaccionaria, es verdaderamente ilustrativa, pues al final Cervantes se sirvió ampliamente de ella para elaborar la segunda parte de su novela… que seguramente ni siquiera hubiera existido de no haber aparecido el tal Avellaneda, animado por un prólogo de Lope de Vega que es una verdadera encarnación de los malos sentimientos que albergó siempre la reacción española.

Y si pensamos en los grandes mítos literarios del siglo XX en nuestro entorno cultural, sean Lampedusa, Macondo, Bearn o Sinera, veremos que son también, hasta cierto punto, una creación colectiva. Tan colectiva que cuando Borges quiere crear el más personal de los mundos no puede sino impostar su amplitud, citando autores imaginarios, poniendo en cuestión los orígenes mismos, la presunta individualidad de su propia obra.

Por la devolución de la cultura

Y es que la literatura siempre fue libre en el sentido de las cuatro libertades del software libre. El mismo sentido en el que como argumentan Pere Quintana y Benjamin Mako Hill debería restringirse el significado de Cultura Libre, pues lo que llamamos el acerbo cultural occidental existe porque los autores han tenido, respecto a ese mismo acerbo y hasta hace un siglo:

  1. Libertad para acceder a la obra
  2. Libertad para transformarla
  3. Libertad para distribuir la obra original
  4. Libertad para distribuir las obras derivadas

El “derecho de autor” y las entidades de gestión colectiva se instituyeron entre nosotros hace un siglo. Se trató de la imposición legal de un monopolio con el objeto de asegurar incentivos a la creación artística. Nada quedaba ya fuera de la mal llamada propiedad intelectual. La ley elevó no el derecho, sino el privilegio de una parte, a obligación de la totalidad, a derecho natural del creador. Es decir, se hizo totalitario. El coste hoy, cuando ya no es necesaria para asegurar tales incentivos porque la tecnología ha cambiado, es brutal.

Pretender hoy volver a la situación anterior, restaurar la libertad de todos y cada uno para crear cómo y a partir de lo que se quiera, con lo que supondría con los nuevos medios, es todo menos una imposición. Ni siquiera es, propiamente, una liberación. Es una devolución. El sujeto no es “la cultura”, el sujeto somos todos. Y ya es hora de que nos devuelvan las cuatro libertades que nos niega el monopolio legal y que necesitamos para poder dejar de estar divididos en categorías industriales (autor /consumidor /industria) y dejar que la creatividad explote cuando las obras culturales estén, real y totalmente, a disposición de todos. Así, de paso, la cultura dejará de ser algo a lo que supuestamente pertenecemos y pasará a ser algo que, colectivamente, nos pertenezca. Un verdadero procomún.

«Un mundo sin copyright: el libro» recibió 0 desde que se publicó el Lunes 1 de Agosto de 2005 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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