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Un proyecto social

Cómo Yasuda Yasutoshi cambió la vida de miles de niños y mayores de todo el mundo con un tablero de 9×9

yasuda1Yasuda Yasutoshi es jugador profesional de Go. Llegó al noveno dan, la más alta calificación, en 1998. A principios de 1993 le conmovió una noticia: un niño había muerto en el gimnasio de su colegio ahogado por una soga «mientras jugaba». Yasuda maldijo el bullying: «Hay algo que marcha terriblemente mal en Japón», pensó. Y sintió impotencia.

La compartió con sus amigos, en su mayoría jugadores profesionales como él, miembros de una generación que por entonces estaba enfrentando el arrollador «nuevo estilo» del baduk coreano con su entorno de partidas televisadas y su énfasis en la velocidad. El Go profesional se había desarrollado desde finales del siglo XIX de la mano de los periódicos masivos japoneses. Gracias a eso había conservado los ritmos y los modos de concentración de una tradición ligada desde más de trescientos años antes al Zen. Pero los coreanos jugaban para la televisión partidas con premios mayores de una o dos horas como máximo, ensayaban nuevos josekis mucho más agresivos, preparaban nuevos jugadores no al modo de los maestros tradicionales, sino en centros de alto rendimiento deportivo. Traían una nueva lógica. El gobierno chino, cuyos jugadores habían alcanzado la hegemonía global en los torneos internacionales de los ochenta, se adaptaba a la nueva ola adscribiendo la Asociación China de Weiqi al departamento de Artes Marciales y cambiando los sistemas de enseñanza. Algo estaba «marchando mal» también en el último bastión de los viejos valores orientales. En Japón, el Go se identificaba cada vez más como un ejercicio «muy difícil» y sobre todo «de viejos», propio de gente con una forma de ser de otro tiempo. Tarde o temprano, el Go japonés tendría que elegir entre convertirse en un deporte espectáculo o conservar su esencia.

En cierto momento me obsesioné con que había que hacer algo contra el problema social -el bullying- además de simplemente popularizar el Go.

yasuda3Y Yasuda comenzó a enseñar como voluntario «atari Go», una versión simplificada del juego, en parbularios. La magia de la unión de juego y un mínimo ritual -los saludos antes de la partida, el agradecimiento al oponente al terminar- empezó a dar pronto frutos. Los maestros observaban que los niños ampliaban su círculo de relaciones. Más niños jugaban, más allá del tablero, con más niños. La capacidad de concentración aumentaba. Contra todo pronóstico, niños de cuatro a seis años eran capaces de mantener la atención durante más de una hora.

Una partida de Go nunca sigue el mismo patrón que otra. Así que los niños desarrollan la capacidad de concentración mientras intentan anticiparse a los movimientos del contrario. Parece que este tipo de actividades no había existido en la educación infantil antes.

Dados los resultados, el programa se extendió pronto por los colegios de primaria de la región. Yasuda los visitaba haciendo una clase ejemplo para los profesores. Antes de un año la experiencia ya era relativamente conocida en el mundo pedagógico y Yasuda recibía nuevas invitaciones con regularidad. Aparecieron entonces los primeros centros de educación especial. Niños con discapacidades psíquicas primero y un centro para niños sordos después.

yasuda2Y emergieron nuevos «milagros»: niños que mostraban comportamientos violentos y tendían a aislarse descubrían una vía de relación a través de la comunicación simbólica. Una forma tradicional de referirse al juego en japonés significa literalmente «hablar con las manos». Niños que no mostraban expresión, sonreían por primera vez frente a sus compañeros y tutores.

En mi tercera visita a Himawari-no-sato, Tsuru -un niño con discapacidad mental, habitualmente retraído, inexpresivo y con reacciones violentas- jugaba con otro niño mientras yo hacía lo mismo. Entonces me di cuenta de que Tsuru estaba intentando preguntarme algo mirándome fijamente a los ojos. En aquella época se había convertido ya en un buen jugador, de lejos el mejor jugador en el centro. Cuando miré a su tablero era su turno para mover. Podía capturar las piedras de su oponente si quería. Me mandó un mensaje silencioso con los ojos: «¿Puedo comer esas piedras?». No dije nada pero le indiqué un sí con los ojos y el procedió a capturarlas. Repetimos lo mismo tres veces. La cuarta vez, Tsuru no capturó las piedras incluso aunque sabía que podía. En su lugar puso una piedra donde su oponente podía capturarla. El oponente capturó una piedra por primera vez y corrió por la habitación con alegría. Viendo la alegría de su oponente Tusru también sonrió. Su cara mostraba que era feliz.

El programa se expandió después a centros de día y residencias de ancianos. Y empezaron a organizarse días de juegos entre niños de primaria y niños de centros especiales, entre niños y mayores, entre padres y niños, entre mayores de distintos centros… El proyecto de Yasuda estaba empezando a servir para crear vías de comunicación y espacios intergeneracionales que el desarrollo económico había arrasado. «Jugando Go con los mayores en el centro de día», cuenta la directora de una escuela de primaria, «los niños han aprendido a desarrollar amabilidad y cuidado por otros. Cada uno de ellos parece más independiente y confiado en sí mismo que antes».

yasuda4En poco tiempo, más de 10.000 niños y mayores participaban regularmente en el proyecto iniciado por Yasuda y sus amigos. Y la experiencia se extendió después a Hungría, Chequia, Rumanía, Polonia… y EEUU, donde la Fundación Americana de Go regala el libro de Yasuda a los profesores que lo soliciten y facilita materiales pedagógicos extra a los colegios, en la convicción general de que la enseñanza del Go aporta al desarrollo infantil. Hoy, el trabajo de Yasuda sirve incluso como base para el trabajo de los pedagogos con niños de minorías en peligro de exclusión en el interior americano y sigue extendiéndose, sin necesidad siquiera de una ONG que le de soporte por Asia, Africa y Europa, solo a base de voluntarios que ofrecen clases de demostración a profesores, pedagogos y dinamizadores culturales, por todo el mundo. Más que un proyecto social, una forma de mirar al mundo a través de un tablero.

«Un proyecto social» recibió 5 desde que se publicó el Martes 29 de Octubre de 2013 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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