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Un té transnacional, un mito de comerciantes y lo que debería enseñarnos

Como un mercader arruinado que no quería acabar su viaje en Londres pudo convertir una variedad de te del lejano Oriente en el producto más famoso del Occidente musulmán.

Todos habéis visto preparar alguna vez un auténtico «té verde marroquí»



Solo que como se ve en el vídeo, el «auténtico» se hace con gunpowder una variante de té verde que se importa de la lejana Zhejiang, en China… Y es cierto que se toma muchísimo, pero su llegada al Magreb es relativamente reciente, de hecho, un resultado más de la guerra de Crimea (1853) porque…

Los negociantes en té británicos, cuando vieron caerse e el mercado eslavo en el momento de la guerra de Crimea , se volvieron hacia Marruecos. Fueron los puertos de Tánger y Mogador (actual Essaouira) que recibieron en depósito grandes cantidades de té, que se dedicaron a comercializar por todo el territorio. Fue cuando el consumo de té se popularizo y empezó a tocar todas las capas de la sociedad.

La tradición oral, pasada de una generación de comerciantes a otra, una de esas historias que has oído mil veces y nunca podrás decir su origen -aunque también la he encontrado en algún libro- no cuenta la feliz historia como algo tan automático.

Según el cuento, una flotilla inglesa que venía de China cargada de «green powder», fue avisada al atracar para repostar en Tánger de una fuerte caída de precios en el mercado londinense. A esos precios la expedición hubiera resultado una ruina, así que el mercader decide descargar y vender el té allí mismo. En ese momento el té solo se tomaba como una exquisitez diplomática en círculos muy selectos a modo de una atención especial con los europeos, y cuando el nuevo producto baja a tierra ningún mayorista quiere comprarlo. Pero él insiste, prepara la infusión e invita a comerciantes locales. Nada, no funciona. Simplemente no les gusta. Pasan los días… e inevitablemente es invitado a sus casas por los comerciantes los locales. A modo de bienvenida le sirven infusiones de distintas yerbas, especialmente de menta y hierbabuena. Y le viene una idea. Al día siguiente devuelve la invitación a sus anfitriones. Mezcla el té con hierbabuena y azucar. Y la nueva bebida es un éxito. En pocos días, uno a uno, los almacenistas locales van pidiéndole cantidades cada vez mayores de «green powder». En unos días la demanda se multiplica y en menos de una semana el precio duplica al de Londres. El «te verde marroquí» acaba de nacer.

Este mito de mercaderes norteafricanos podría dar para hacer uno de esos libros de la secta del management, tal vez uno que se llamara «quién se ha llevado mi té verde» o «el monje que vendió su té verde» y que nos contara las virtudes de escuchar y aprender de los demás. Pero si le dedicamos un minuto nos muestra algo más. No solo se trata de aprender del otro o de estar atento a sus gustos o necesidades. Se trata de conocerle. Lo que fracasa es la estrategia de hacer la oferta tras el «buenos días» y lo que triunfa es compartir mesa, aceptar la hospitalidad, aprender del otro y devolver la generosidad con un aporte.

Si la Filosofía nació de las primeras redes comerciales mediterráneas no solo es porque el comercio lleve a querer entender al «otro», sino porque llegar a nuevos mercados necesita de relatos donde tengamos sentido juntos. En otras palabras: si quieres vender en un contexto que no conoces no puedes limitarte a los tópicos y generalizaciones sobre la «cultura nacional», tienes que aprender contextos mucho más concretos y compartirlos como un igual con personas a las que trates como pares.

Solo así un mercader arruinado que no quería acabar su viaje en Londres podría convertir una variedad de té del lejano Oriente en el producto más famoso del Occidente musulmán.

«Un té transnacional, un mito de comerciantes y lo que debería enseñarnos» recibió 0 desde que se publicó el jueves 18 de abril de 2013 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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