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¿Una escuela de emprendizaje?

Una idea que es una oferta para construir un espacio para el empoderamiento y la formación de emprendedores cooperativos.

La creación de la figura de las cooperativas asociadas al Grupo Cooperativo de las Indias es desde luego un gran avance… si aparecen emprendedores cooperativos a nuestro alrededor con proyectos, claro. Porque la cuestión de fondo sigue siendo que la cultura latoc oscila entre el «emprendedor del circo Price» -el negocio del cual consiste en acceder al capital e inflar expectativas para vender sus propias acciones- y el «emprendedor pajarú» cuyo modelo de sostenibilidad acaba tirando de la mayor o menor generosidad de algún presupuesto público. En el medio, el emprendedor artesano es una rara joya que se torna invisible en el maremagnum de las ferias de emprendedores.

Pero también tener un proyecto maduro es algo harto difícil. Es demasiado pedir. Lo que deberíamos es buscar personas con el espíritu necesario y empoderarlas con flujos desde el mundo científico y empresarial.

Pero ¿eso no requiere una gran inversión? ¿No requiere un notable «apoyo público» para que la oferta no sea sólo válida para los que ya parten con una cierta dotación presupuestaria?

No, si quienes lo organizan también están dispuestos a jugar como emprendedores y los que se unen aceptan el riesgo desde el primer día, porque como dice el eslogan de la Garum Fundatio nuestro público objetivo está en «todo aquel que quisiera asumir los riesgos de creación de una empresa» aunque no tenga medios.

Imaginemos que somos capaces de diseñar un curso realmente útil cuyo objetivo culmine en la puesta en marcha de una cooperativa (luego explicaremos por qué sólo una cooperativa y no una SL por ejemplo), incluida la financiación. Ese curso podría costar tranquilamente 3.000€, pero el emprendedor podría pagar con un pagaré, o mejor con tres. Al acabar el curso los organizadores podrían decidir ejecutar esos pagarés o, en caso que el proyecto les resulte atractivo, integrarlos como capital en la cooperativa. No hay notas. Pero desde el día uno ha de haber riesgo y superación. Objetivo: crear una coop sostenible con sólo 10.000€ de capital… y llevarla hasta que marche por si misma y los fundadores puedan abandonarla -si quieren- tras dejar a un equipo que les sustituya sin traumas.

¿Cursos para emprender?

El grado LEINN de Mondragon Unibersitatea donde da clases nuestro amigo Julen o Innovandis donde Isabel, Oier, Paul y otros compañeros impulsan una formación suplementaria a los estudiantes de carreras convencionales de Deusto, son modelos cada día más interesantes.

Interesantes sobre todo por el modelo pedagógico y el espíritu, pero seguramente no llegan a cubrir -por su propia referencia intrauniversitaria y por la edad de los estudiantes- el segmento al que nos queremos dirigir: treintañeros orientados a proyectos vinculados al tiempo a una lógica de cohesión social y modelos de negocio ligeros basados en TICs, innovación, etc.

Hay desde luego una parte básica que va desde calcular márgenes a leer un balance y una cuenta de explotación o preparar un plan de comercialización que no nos podemos saltar. Pero hemos aprendido del propio itinerario indiano que usando wikis y blogs, dando pistas bibliográficas y animando a usar la red inteligentemente, ese repositorio básico es mucho más fructífero si lo elaboran los propios alumnos.

Aquí sería fundamental contar con el apoyo de una institución como la Garum Fundatio que diera un marco general al proyecto. ¿Se imaginan una garumpedia escrita por los propios emprendedores con toda la info realmente práctica sobre cómo montar un proyecto?

Una institución así, podría además aportar un ciclo de conferencias en petit comité -para generar un espacio de interacción y confianza- sobre temas específicos de gestión. Imagino títulos como «dónde fallan los planes comerciales» o «cómo hacer un proceso selectivo». Ahí los indianos podríamos aportar cosas como «cómo posicionarse públicamente con presupuesto cero usando la red», hablando de la pirámide del compromiso o «gestión comunitaria» sobre organización interna en una organización pluriespecialista.

Finalmente, más allá de los talleres y la elaboración colaborativa de materiales en la red sobre los fundamentos del trabajo empresarial, otra pata importante es «abrir la cabeza» de los emprendedores fuera de su ámbito de negocio directo. Eso que pomposamente se llama «transferencia de conocimiento» y que a las finales se hace mejor en una mesa con cafés que en una estructura compleja de la Universidad. Se trataría de seleccionar académicos de distintos ámbitos para explicar nuevos debates y líneas de trabajo a los emprendedores y dejar que estos simplemente se impregnen y queden con la tarea de darle forma y aprovechamiento en sus modelos… o crear nuevos si viene al caso. Ahí la tutoría y el apoyo de una fundación como la FUE podría marcar la diferencia y romper la limitación de la relación con una única universidad en favor del contacto con redes amplias y transnacionales de investigadores de vanguardia.

¿Por qué empezar con cooperativas y no con cualquier forma empresarial?

En primer lugar, para qué negarlo, por alejar de una tacada a los del «circo», sus pompas y sus obras. Un modelo empresarial como es la cooperativa donde es imposible especular con la propia empresa y si te vas recibes exactamente el dinero que aportaste, evita el riesgo moral y la selección adversa que parece casi inevitable en el contexto actual del discurso público sobre el «emprendedor».

Es un hecho que la forma cooperativa está centrada y atrae a un cierto espíritu de responsabilidad social y amor por el trabajo. Un tipo de gente que queda espantada cuando se le plantea como modelo a seguir una de esas «personas poco representativas de lo que quisiéramos que sea nuestra sociedad» que han formado la imagen mediática del «emprendedor» desde los ochenta. Queremos atraer a gente que disfrute el trabajo empresarial porque le guste verdaderamente lo que una máquina social como la empresa sirve para hacer en el entorno, no porque quiera hacerse rico, no porque tenga ansia de protagonismo mediático y pavoneo circense. Y para evitar atraer a esos, nada mejor que poner como objetivo una cooperativa.

En segundo lugar, porque el punto débil de las cooperativas, las dificultades para financiarlas en el mercado es, en el tipo de emprendedor que pretendemos alentar, una virtud. Los emprendedores de la próxima década tienen que irse acostumbrando a no tener fácil la financiación. Y, la verdad, nosotros ya estamos más que acostumbrados: nunca hubo crédito para nosotros y casi que lo agradecemos. En la perspectiva del tiempo el que las puertas del crédito estuvieran cerradas para nosotros ha sido clave para generar una cultura de resiliencia y una mirada de mercader que basa la sostenibilidad, incluso a corto, en las ventas. Creemos que es bueno. Sobre todo para los que empiezan.

Y finalmente porque algunos de los proyectos podrían convertirse en cooperativas asociadas de nuestro Grupo y por tanto recibir financiación extra, tutoría, refuerzo en la gestión y aportes de control de calidad a lo largo del tiempo. Una buena perspectiva para todos que sin duda colaboraría al desarrollo de los proyectos más interesantes a más largo plazo.

«¿Una escuela de emprendizaje?» recibió 0 desde que se publicó el lunes 29 de noviembre de 2010 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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