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dawkinsEn 1976 «El gen egoista» de Richard Dawkins transformó la visión popular de la teoría de la evolución. Aunque nadie pareció darse cuenta entonces, el libro era en realidad un manifiesto político, aunque siguiendo una de las peores tradiciones ilustradas intentaba blindar lo político disfrazándolo de científico. La idea central del libro y de la visión evolutiva de Dawkins consistía en que la unidad de la evolución era el «gen», que son los genes los que evolucionan, sobreviven o desaparecen en función de su capacidad de autosupervivencia intergeneracional y que los seres vivos a las finales son «contenedores» de genes.

En realidad, lo que Dawkins intenta es fundar un individualismo biológico extremo, heredero «cientifizado» de la tradición calvinista. Como dice la Wikipedia -ese nido de dawkinianos- a partir de su definición de gen como unidad informacional, «Dawkins explica las relaciones sociales: la agresión, la guerra de sexos, el racismo, el conflicto generacional e, incluso, la plausibilidad del altruismo». De hecho otro de los hitos de aquel libro, la definición de «meme», promovió una lectura de la evolución cultural que calcaba mecánicamente su modelo evolutivo natural: la «memética».

Lo interesante es que el progresivo descubrimiento de la genética del cáncer primero y después de otra serie de «programaciones genéticas» como la que hoy publicaba la prensa (la soledad produce pérdida de defensas) o el número de Dunbar, apuntan una y otra vez a la existencia de una serie de mecanismos genéticos cuyo objetivo es solo explicable desde la centralidad del grupo productivo en nuestra propia especie. La supervivencia y capacidades del individuo se ponen en cuestión a favor de la de la tribu o familia en todos los casos.

Esa visión nacida del molde zelota monoteísta y protestante, radicalmente evangélica e individualista al tiempo (algo de la Teología protestante que siempre me fascinó) es la que años después llevaría a Dawkins a convertirse en el apostol del «Nuevo Ateísmo», al que en este blog solemos llamar mono-ateísmo, una visión del ateísmo que trata de justificar la existencia de un único bien social discernible -ahora o en el futuro- científicamente, versión cientifista en realidad de «la Palabra de Dios».

El «monoateísmo» merece muchas patadas en la espinilla, en parte porque baja la resistencia a la conversión de la mala ciencia y los resultados científicos provisionales en política de la imposición generalizada -desde la eugenesia al catastrofismo ecológico- pero también porque a las finales niega el carácter esencial de la diversidad de formas de organización y comportamiento social. De ahí su zelotismo y de ahí la necesidad de un ateísmo 2.0 que le contradiga y la celebre.

Pero seguramente lo más insidioso sea su mirada individualista, desde mi punto de vista puro protestantismo disfrazado mejor o peor de empirismo. Y eso, hoy, a cada nuevo descubrimiento científico, está más y más puesto en cuestión. Un motivo de alegría para un «poliateísta» como yo.

«Una especie geneticamente tribal y comunitaria» recibió 8 desde que se publicó el miércoles 25 de noviembre de 2015 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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