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Uruguay

ramblaLo que tocaba era ir posteando in situ mi viaje a Uruguay, posibilidades hubo pero no las aproveché y desde que volvimos, según pasan los días se hace cada vez más dificil escribir el diario de las semanas pasadas. Sin embargo, y a pesar de que llevamos ya nueve días en Madrid, cuando cierro los ojos aún puedo ver Montevideo y por las noches, en mis sueños sigo estando allí al punto de que me despierto desubicada y confusa al ver el dormitorio y la luz muerta de invierno que entra a través de los cristales sucios por la contaminación.

Seguramente este post parecerá el relato de la típica primera experiencia americana, que deslumbra al visitante revolviéndolo por dentro, haciéndole consciente de deseos que no sabía que tenía, haciéndole sentirse el privilegiado descubridor de una realidad lejana y mágica en la que está todo por hacer, en la que todo es como nunca has visto.

Es cierto que esa sensación siempre existe en mayor o menor medida y que se le puede hacer más o menos caso. Pero la que considero de verdad importante es la sensación no de conocer o descubrir sino de haber vuelto, como un sueño en el que has olvidado el camino a casa y un día por azar lo encuentras de nuevo.

Creo que Montevideo es objetivamente agradable, bonito y tranquilo. Praderas verdes por todas partes un mar(-río) casi omnipresente, árboles enormes, locales cuidados, casitas de ensueño y una gente encantadora. Pero hay algo más (siempre lo hay) para los que allí nacieron y para los que allí soñaron. Es ese discreto encanto, voluptuoso y calmo en el que posiblemente ni ellos mismos reparen.

Un país que se denomina así mismo chiquito y que con un pequeño cambio de punto de vista sobre sí mismo y el exterior se comerá el mundo. No es perfecto, pero creo que aunque nunca sea fácil, tiene la actitud y la disposición para tallarse así mismo aprovechando entre otras cosas su tamaño, y ser ejemplo y modelo para América y el mundo.

Mi agradecimiento y mi cariño para siempre a todos los que nos acompañaron, acogieron, soportaron, escucharon y entusiasmaron, a Sandra Otero, a Daniel Martínez y Laura, a Gonzalo Fleitas, a Charo, Susana y toda la familia Otero (de primer o segundo apellido), a Andrea, a Tali y Karen Tretiak Otero, a Emilio y sus padres, a Judith y Sandra, a Lolo, Álvaro y toda la juventud socialista, al pequeño Avi (que me comería a besos), a algunos más que me van a perdonar que recuerde la cara pero no el nombre y por supuesto y sobre todo a Sandra y a Quico sin los que nada hubiera sido posible.

Me da la impresión de que suena triste y no es la intención. Será cosa del jet lag que como decía William Gibson es provocado en realidad porque tu alma no viaja a la misma velocidad que el cuerpo. Lo decía en el mismo libro en el que hablaba del mundo espejo (titulado así en español) la sensación experimentada por Gibson cuando fue a Londres y que nosotros experimentamos en América, la de que todo es igual pero a la vez distinto y que apenas se siente como una especie de fallo en matrix permanente mezclado con efecto wasabi a lo bestia, no me pregunteis por qué.

«Uruguay» recibió 0 desde que se publicó el Lunes 15 de Enero de 2007 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por María Rodríguez.

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