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Vacas, vándalos, plazas y suizos

El País publicaba la semana pasada en su edición impresa un reportaje que analiza el civismo (o más bien la falta de él) de los españoles a raíz de del ataque vandálico que sufrió una exposición de vacas callejera en su primer fin de semana en Madrid, mientras que en Bruselas las vacas habían permanecido incorruptas durante meses.

cowparademadridAsí que lo primero que el reportaje se pregunta es ¿por qué aquí sí y en el centro-norte de Europa, no? El experto consultado, un profesor de psicología social de la UAM, da ciertas posibles razones.

La primera es la juventud de la democracia: Las normas se cumplen, o porque uno las tiene interiorizadas, o porque le obligan mediante un regimen de control autoritario y muy represivo, caso de España durante el franquismo. Aquí el problema, es que los vándalos de hoy e incluso de las últimas décadas, nacieron cuando Franco ya estaba muerto. Es cierto que esta teoría podría cuadrar si tomamos en consideración que aquellos que los educaron (sus padres) sí crecieron y se formaron en el regimen, aún así se sostiene así así.

Otras posibles razones son la eventual rebeldía contra el Estado, el alcohol y el comportamiento gregario, entre otros análisis más o menos interesantes.

En realidad, aunque he pensado alguna vez sobre esto, sobre todo cuando paseo por una zona guapa atestada de pintadas, nunca me había planteado escribir sobre ello sino fuera porque el citado reportaje comienza con una anécdota que me ha ofendido profundamente:

En un albergue juvenil de Ámsterdam hay un cartel: “Por favor, respeta los espacios comunes”. El idioma oficial de Holanda es el neerlandés y casi todo el mundo domina el inglés. En el hostal se reúnen jóvenes de docenas de nacionalidades, pero el cartel está sólo en castellano.

Aquí es cuando, sintiéndolo mucho, me importa poco el resultado del vandalismo. Ese cartel es simple y llanamente una racistada (o una racistada más).

Como bien recoge el reportaje, hay problemas de atentados contra mobiliario urbano, inmuebles ajenos y espacios comunes en muchos países y no son cometidos por españoles sino por ingleses, norteamericanos, franceses o daneses.

vandalismoNo quiero decir con esto, que los españoles no destaquen por su mal comportamiento cuando salen fuera, no me extrañaría que fuera cierto. Pero también lo es, que poner ese cartel sólo en español es ofensivo. Para empezar es un insulto a todos los que hablan español, que no se encuentran solo en España, cosa que se olvida a menudo, y además, es la clara manifestación de un prejuicio de connotaciones muy graves.

Este profesor de la UAM seguramente sabrá, que a alguien como yo, que en su vida ha cometido un acto vandálico (ni siquiera algo tan inocente como marcar algo en un árbol o escribir en el pupitre) le entrarían unas ganas locas de atentar contra los espacios comunes de ese albergue si leyera ese cartel.

En lo que si que creo es en lo que este hombre llama la teoría de las ventanas rotas. Si un edificio abandonado tiene un vidrio roto es más fácil que la rotura de vidrios continue. Esto está relacionado con ciertos experimentos realizados en Brasil y en Estados Unidos y que demuestran que los resultados de los destrozos provocan más destrozos, que si el entorno se cuida y se restaura, este tipo de delincuencia baja.

Aunque yo no consigo imaginar del todo que le pasa por la cabeza a alguien que destroza una escultura o rompe una marquesina, tengo mi propia teoría, que es muy simple y se basa en la experiencia a pequeña escala, aunque hay varios tipos de vandalismo y no servirá para todos:

Puede ser que simplemente nos dejemos llevar por el impulso de destrozar espacios comunes cuando no los consideramos nuestros, cuando nos son completamente ajenos, cuando en el común no nos encontramos. Y esto sucede cuando el Estado deja zonas de sombra, cuando se preocupa más de prohibir que de integrar y sobre todo cuando niega cada vez más los espacios comunes a sus dueños.

granadaSi las leyes españolas no se hubieran dedicado sistemáticamente a echar a la gente de la calle, a eliminar el ocio en espacios comunes públicos seguramente bajaría el vandalismo, pues a nadie le resulta agradable tomar una cerveza o darse el lote con la novia en una plaza destrozada. Si hay libertad de uso es más fácil apropiarse de lo común, si siento que me lo niegan deja de ser mío y entonces que le den por culo a esa puta vaca.

Y no es solo la imposibilidad legal de usar la calle para el ocio. En Madrid, la ciudad del Cow Parade affaire, el centro es pequeño, único y lugar de peregrinación de miles de personas a las que se les ha negado vivir en un sitio así, a cambio de barrios feos, alienantes y alejados de todo porque todo está en ese pequeño centro.

Otro apunte del reportaje que me ha puesto bastante nerviosa y que he oído tantas veces es la tesis de que países como Suiza o Alemania están mucho más avanzados que nosotros (“nos dan mil vueltas” dice un malagueño que vivió dos años en Zurich) porque las calles están impolutas, no hay ruidos en la noche, los conductores y peatones son en extremo prudentes y las bicis están sin candado…

polizaiEso es maravilloso, no lo niego. Pero lo que no se dice es que detrás de tanto civismo lo que hay es represión, que no es ejercida por un estado totalitario sino por el alma totalitaria de cada uno de sus ciudadanos, que se vigilan entre sí y a sí mismos hasta extremos que llegan a ser totalitarios.

En estos sitios de silencio sepulcral durante la noche, es bastante corriente que si estás despidiendote de unos amigos en la puerta de tu casa a las 3 de la mañana, llegue un agente de policía y te pregunte que haces ahí. Es corriente también que tus vecinos te denuncien si te equivocaste de contenedor de basura, en vez de hablar contigo para sacarte del error o que puedas pasar una noche en la cárcel si eres extranjero y al pararte la policía no llevas un papel que certifique tu registro oficial.

En estos países por cierto, siempre me pareció curioso que te caiga una multa por ser daltónico y hacerte un lío con los contenedores y que cuando encuentran 60 cadáveres enterrados en el jardín, ningún vecino haya visto nada raro.

Le gustaba mucho la jardinería eso es verdad, pero siempre tiraba la basura en el contenedor correcto, señor agente, no como esos salvajes del sur que viven enfrente.

«Vacas, vándalos, plazas y suizos» recibió 0 desde que se publicó el Martes 27 de Enero de 2009 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por María Rodríguez.

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