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Victorianos impertinentes

Si los valores de una generación de intrépidos aventureros se convierten en raíles para perpetuarse, el fracaso está asegurado en las generaciones venideras.

Reina VictoriaSe conoce como época victoriana (1832-1901) al periodo histórico en el que el Reino Unido se sale del mapa, literalmente. Llamada así porque casi coincide con el dilatado reinado de Victoria I (la del museo), fue una época de cambios políticos, económicos, sociales y culturales con repercusiones en todo el mundo.

El Producto Interior Bruto se multiplicó por cuatro y GB se convirtió en la primera potencia industrial mundial, el ferrocarril se extendió hasta el 70% de la red actual, nacieron los husos horarios, la prensa popular, el barco de vapor y el telégrafo dando un impulso decisivo al desarrollo de las redes comerciales británicas. El Imperio llegó a su punto álgido con la consolidación del sistema colonial, a pesar de (o quizás gracias a) que durante esta época la industria británica empezó a tener una competencia real.

A pesar de la guerra de Crimea, las guerras de los bóers, la rebelión de la India y el agravamiento de los problemas con Irlanda, se considera un periodo pacífico además de próspero. El hito político más importante quizá sea el cambio (o cambios sucesivos) de la ley electoral. De las ocho reform acts británicas, seis tuvieron lugar durante esta época, ampliando la base electoral y racionalizando las circunscripciones, además de introducir el voto secreto. Fue también la época de agudización de los conflictos sindicales y de la creación de la sociedad fabiana, que sentaría las bases del futuro partido laborista.

Crystal PalaceEn 1851 se celebró la primera Exposición Universal, donde se mostraron las últimas innovaciones técnicas del momento como la fotografía o la arquitectura en acero y cristal. Fue también la época de la cultura del opio, de Oscar Wilde, Dickens y Conan Doyle, de Darwin, la aparición de la aspiradora y el horno eléctrico, Jack El Destripador y los «gabinetes de curiosidades», y sobre todo de una clase media inquieta -y no excesivamente letrada- con cada vez mayor poder adquisitivo y social… y algunos nuevos gustos exóticos como el espiritismo.

Pero con tanta novedad y maravilla, si hay algo que quedó en la memoria asociado a la época victoriana fue una sociedad hipócrita y pacata y una moral asfixiante. Lo más importante para una buena familia victoriana era que todo se mantuviese en un rígido y cuadriculado orden establecido. Desde el largo del vestido, hasta la forma de inclinar el sombrero para saludar, pasando por la distancia exacta que debía haber entre el borde del plato y el de la mesa del comedor.

Dama victorianaLas mujeres, por supuesto, eran las guardianas perpetuadoras de las costumbres. Es cierto que destacan algunas grandes, muy grandes: Florence Nightingale, pionera de la enfermería; Mary Livingstone, la primera europea en adentrarse en el centro de Africa; Madam Tuseaud, la empresaria del primer museo de cera; o Mary Marshall, economista y activista del fin de la segregación sexual en la enseñanza universitaria. Pero la mayoría de las mujeres de las clases medias y altas se veían limitadas a labores de representación social, caridad y educación de los hijos. Eran, no obstante, grandes privilegiadas si se las compara con las de la clase baja, dentro de las cuales, las más afortunadas, componían el numeroso personal de servicio, igual de protocolizado y rígido que sus señores.

Pero como veíamos más arriba, el mundo estaba cambiando muy rápido y a la rígida moral victoriana le salían agujeros tan grandes como los esfuerzos que hacía por taparlos. En 1902 (quien se lo iba a imaginar) murió la reina Victoria, su hijo Eduardo fue coronado y todo siguió por el estilo. Nadie se esperaba menos en una sociedad atornillada a la alfombra del estatismo, por muy oriental que fuera la alfombra.

BloomsburyY mientras tanto en Londres, un escritor y crítico de buena posición llamado Leslie Stephen murió, lo que provocó, en primer lugar, que sus cuatro huérfanos (ya crecidos) se mudaran de casa, y en segundo lugar, que empezaran a dar fiestas. El señor Stephen, religioso, montañero, victoriano de libro y que debió ser bastante terrible, nunca pudo imaginar que la liberación que al morir produjo en sus vástagos diera origen a lo que hoy se conoce como el Círculo de Bloomsbury, al que pertenecieron quizá los personajes más rompedores y divertidos de la primera mitad del siglo XX.

Las que organizaron la fiestas eran las hermanas Virginia y Vanessa Stephen (de casadas Virginia Woolf y Vanessa Bell) y los invitados principales procedían en su mayor parte de una sociedad de debate de Cambridge conocida como Los Apóstoles (cuyo fundador casualmente terminó de primer obispo de Gibraltar), pero no solo. Todos eran intelectuales de distintas disciplinas que tenían en común el rechazo a la época victoriana y sobre todo la convicción de que, si había que vengarse de ella, debía ser pasándolo pipa.

Lytton Strachey y Virginia WoolfA pesar de su hedonismo y de un aparente diletantismo el grupo aplicó sus ansias rompedoras a todas las disciplinas que pudo: crítica de arte, literatura, economía, teoría política, psicoanálisis… hasta «inventaron» el mercado especulativo del arte y la primera tienda de diseño. Produjeron conocimiento, experimentaron e importaron tendencias. No dejaban de ser típicos miembros cultos de la clase alta británica y no querían dejar de serlo, pero se propusieron firmemente ser distintos, rompiendo por el camino muchas cosas que necesitaban ser destruidas. Vivieron vidas interesantes. Aunque los principales miembros aparecen aquí, otros interesantes personajes pertenecieron o estuvieron muy cerca de él, como Gerald Brenan, Bertrand Russell, Ludwig Wittgenstein, Dora Carrington, Arthur Waley, Desmond MacCarthy, Edward Morgan Forster o Katherine Mansfield.

Supongo que no los quemaron porque no dejaban de ser de los suyos y porque no fueron capaces de cerrar la boca por la estupefacción. Lo que más dolió, por supuesto, fue el tema sexual. Muchos miembros fueron pareja de varios miembros del grupo, incluso tuvieron hijos con más de un miembro del grupo y hasta tuvieron relaciones con miembros de su mismo sexo. El hacerlo abiertamente y sin dramatismos fue la verdadera ruptura, todo quedaba en casa y entre amigos, sin acudir a prostitutas ni ambientes sórdidos.

Lopokova y keynesMis personajes favoritos de Bloomsbury son Lytton Strachey y John Maynard Keynes. Este último no necesita presentación, economista brillante, estudioso de distintas disciplinas (ciencia, filosofía, literatura…) además de la economía, trabajó como asesor financiero para el King’s College, el Banco de Inglaterra y el gobierno británico (le hicieron Lord en 1942), coleccionista de arte, biógrafo y mecenas de sus amigos. Keynes es una de las grandes cosas que nos ha regalado Gran Bretaña y merecería un blog entero para él solo.

Aunque se casó con la bailarina rusa Lydia Lopokova, fue antes amante de su amigo y también miembro del Círculo Lytton Strachey, que a su vez mantuvo su más larga relación sentimental con la pintora Dora Carrington (también del grupo) que estaba casada con Ralph Partridge y se suicidó tras la muerte de Lytton.

Lytton Strachey por Vanessa BellStrachey revolucionó el género biográfico con su obra «Eminent Victorians», en la que relataba las vidas de ordenados y respetables personajes de una manera tan irónica e irreverente que si hoy nos hace partirnos de risa, en la época debía de producir ataques epilépticos. A parte de su obra biográfica, Strachey hizo cosas menos profesionales pero igual de rompedoras como introducir la costumbre en el grupo de llamarse por el nombre de pila o hablar abiertamente de sexo y de su propia homosexualidad.

La disciplina de la época victoriana y todos sus rituales fueron tremendamente útiles para sostener un espíritu y una voluntad de superioridad y dominio de un mundo demasiado grande. Sin embargo, el encorsetamiento de su moral produjo infelicidad y frustración. Con el cambio de siglo llegó el asentamiento de un Imperio capaz de seguir produciendo y descubriendo en competencia real. Para la nueva generación cualquier brecha en unos procedures que ya nadie era capaz de defender, servía para proponer la ruptura con unos valores que ya no servían a los propósitos del espíritu que los creó:

Si los valores de una generación de intrépidos aventureros se convierten en raíles para perpetuarse, el fracaso está asegurado en las generaciones venideras. Solo los rebeldes (los traidores) serán responsables (quizá involuntarios) de la supervivencia de esos valores a través de la ruptura.

Claro que hoy no toca traicionar al victorianismo ni a Bloomsbury. Al revés, seguramente una vida que aspire a ser tan interesante como aquellas, querría recuperar más de un baúl de los emprendedores, exploradores y filántropos victorianos, para acto seguido sumergirse en la gran fiesta intelectual de esos victorianos impertinentes que de alguna manera supieron ser los bloomsburianos.

«Victorianos impertinentes» recibió 12 desde que se publicó el Jueves 5 de Diciembre de 2013 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por María Rodríguez.

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