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Wikileaks y Stratfor: confusiones básicas

Assange y los medios que han dado soporte a la nueva «revelación» de Wikileaks sobre Startfor nos muestran bien hacia dónde nos pretende llevar en profesionalidad periodística y compromiso ético la recentralización de la agenda alrededor de los medios en la que uno y otros se afanan

Assange en foto de CSMonitor.comWikileaks no sólo no nos hace más libres sino que ni siquiera parece ser capaz de aportar información de valor a los medios tradicionales.

La última hazaña de la agencia de Assange no ha sido otra que difundir a través de un puñado de medios pagadores, envuelto todo en un discurso pretenciosamente misterioso y victimista, los correos de una agencia de analistas: Stratfor.

Porque Stratfor no es, «la verdadera CIA en la sombra» que nos han presentado los medios para justificar el robo de los emails privados de sus empleados y antenas. Es una simple agencia de inteligencia corporativa: unos señores que leen y piden informes sobre riesgo político, desarrollo comercial y -a veces- políticas públicas y perspectivas para inversiones. En pocas palabras: no son espías, sino analistas. La diferencia entre la inteligencia corporativa y la estatal es tan clara y sencilla que asusta que los periodistas parezcan empeñados en confundirla. Y ya puestos, si me permiten una confidencia, Stratfor es realmente flojita en comparación a sus competidores europeos más conocidos.

Lo curioso es que tras robar o hacerse con los miles de emails robados a los empleados y colaboradores de la empresa, ni siquiera han conseguido un sólo titular más allá del cotilleo o la obviedad. ¿Cuál es el más sonoro? ¿Que empresas químicas buscaran informarse sobre la estrategia de comunicación y lobby de las víctimas del accidente de Bhopal? ¿Que Coca Cola temiera una acción de PETA en los Juegos Olímpicos que afectara a su marca y quisiera evaluar si se trataba de un peligro real? Las preguntas que los ejecutivos de CocaCola hicieron según la prensa a los analistas son desde luego de lo más normal, incluso si pecan de algo, es de excesivamente básicas:

– ¿Cuántos partidarios de PETA hay en Canadá?
– ¿Cuántos de ellos están vinculados con el activismo?
– ¿En qué medida pueden los partidarios de PETA viajar a Canadá desde EEUU para apoyar el activismo?
– ¿Cuál es la metodología de PETA para la planificación y ejecución de acciones?
– ¿Hasta qué punto está relacionada PETA en Canadá con PETA en los EEUU o en otros lugares?
– ¿En qué medida están controladas las acciones de PETA en un país por un órgano de gobierno?

Y lo más importante, todas ellas son preguntas que se responden facilmente con información pública, el tipo de información que maneja un analista de fuentes abiertas. Para lo que tenían que responder ni siquiera se requieren «antenas», es decir, expertos temáticos a los que pedir informes cualificados de tendencia. ¿Por qué titulan que «Coca Cola espió a activistas de PETA»? ¿Desde cuándo informarse con analistas profesionales es equivalente a espiar?

Pero lo realmente triste es que la confusión sobre lo más sencillo se torne confusión moral. Un nuevo titular de Público plantea, nadie sabe por qué, la perspectiva de la dimisión del fundador de Stratfor. Se nos ocurren varias razones -los harto frecuentes fallos en predicciones, la escasa cuando no errónea contextualización de fenómenos políticos de fondo, etc.- pero jamás se nos ocurriría que el director de una empresa asaltada debiera dimitir por haber sido objeto de un robo.

Porque no lo olvidemos, una cosa es difundir el famoso vídeo filtrado por Bradley Manning, en el que se mostraba cómo civiles eran tiroteados y muertos por el ejército de EEUU, o difundir estrategias de los estados para ocultar o sesgar información a los ciudadanos que los mantienen con sus impuestos, y otra, muy distinta, difundir el botín de emails del asalto a una organización privada y, para remate, titular de forma sesgada y sensacionalista para darle a la información así obtenida la apariencia de un valor que no tiene.

Decía Trotsky, que las figuras históricas expresan la altura de las causas que representan. Assange y los medios que le han pagado y promocionado esta última «revelación», han demostrado tanto incompetencia como falta de restricciones morales y profesionales básicas. Y lo que es más importante, han dejado claro hacia dónde nos pretende llevar su esfuerzo conjunto por recuperar el viejo sistema informativo centralizado.

«Wikileaks y Stratfor: confusiones básicas» recibió 0 desde que se publicó el martes 28 de febrero de 2012 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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