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Wukan y el discreto golpe de estado de la burocracia maoista china

¿Está viviendo China las primeras consecuencias de un golpe de estado de los sectores más conservadores del PCCh? ¿Cómo se ligan las nuevas purgas en la dirección del partido único con fenómenos como el de Wukan, jaleados por la prensa occidental?

El líder de las revueltas de Wukan, ahora secretario local del PCChLos sucesos en el pueblo de Wukan han sido relatados por la prensa y las televisiones occidentales como un «ensayo democrático». En realidad, las únicas elecciones que han tenido lugar han sido al comité local del PCCh y aunque pueda resultar sorprendente, su ganador, a pesar de ser un empresario retirado, se encuadra en el ala conservadora, de referencias maoistas del partido. Los medios occidentales confunden el movimientismo de base tradicional en la corriente maoista del PCCh con un movimiento liberalizador y democrático.

El maoismo, tradicionalmente ha obtenido su fuerza de su capacidad de interpretación política del campesinado. Constreñido tras la caída de la «banda de los cuatro», enseñando los dientes con prudencia pero agazapado, no se le ha escapado que 3 de cada 4 campesinos hayan sufrido expropiaciones desde 1990.

El golpe de estado inconfeso y los problemas de fondo de la economía china

De hecho, la «democratización» a la europea nunca ha sido más que una ilusión en China. El proyecto encarnado por el ala «liberal» de Wen Jiabao nunca ha ido más allá, y no es poco, de intentar «armonizar» el fulgurante desarrollo chino impulsando un estado del bienestar paralelo al reforzamiento de la demanda privada interna.

Y es que los ejes del conflicto en el seno de la clase dirigente china son paradójicos si nos empeñamos en mantener la visión de los medios occidentales que divide entre los liberales «buenos» herederos de Deng -presuponiéndoles cuando no atribuyéndoles veleidades o simpatías democráticas- y los conservadores «malos», nostálgicos de la Revolución Cultural maoista. Cuando en realidad tendríamos efectivamente dos grandes bloques de poder, sostenidos sobre alianzas territoriales y económicas complejas: uno, el presuntamente liberal de Wen, que ha apostado por un rápido modelo de desarrollo cada vez menos «dual» y convertido a algunos de sus cuadros en la primera generación de millonarios chinos, apuesta por un mayor peso internacional -incluida la «expansión africana»- y agita el fantasma de «los excesos de la Revolución Cultural» para mantener a raya a sus adversarios; el otro, maoista, desconfía del ascenso de la nueva burguesía, centra su mirada exterior en el Pacífico, es refractario al dinamitado de las viejas instituciones del estado fundado en el 48 y -las más de las veces- agita contra sus contrarios la asociación entre corrupción y privatización económica.

El equilibrio entre ambos bloques ha sido un consenso confuciano de reformas equilibradas y desarrollo económico controlado que nunca ha estado exento de fricciones: Wen se ha apoyado en el creciente número de huelgas producto del desarrollo para orillar la estructura sindical controlada por sus adversarios; estos han utilizado políticamente algunos casos de «corrupción» (expropiaciones de tierras, especulación con terrenos públicos, excesos del capitalismo de amigotes, etc.) para significar movimientos como el de Wukan reforzando sus intereses y cooptando líderes populares para ganar poder en la base campesina.

Por eso, la noticia realmente importante de estos días no ha sido Wukan, al fin una representación a escala de las fricciones y los caminos de salida entre las fracciones del mandarinato del PCCh, sino que estas amenazan por primera vez los consensos de la Era post-Mao.

De fondo la caída de las exportaciones y la huida, demasiado prolongada ya, hacia el crédito, que amenazan con hacer insostenible en el medio plazo el modelo de equilibro sociopolítico basado en un crecimiento rápido pero controlado (cuya crisis pondrá en jaque, de paso, a una docena de economías emergentes más).

Su traducción política ha sido la caída de Bo Xilai, el popular líder del partido en la muy simbólica ciudad de Chongquing, punta de lanza del modelo de desarrollo en el Sureste del país. Bo era el «gran delfín» el joven heredero de la línea hegemónica, que no ha conseguido «controlar los daños» ante su detención y juicio. Entre otras cosas porque su juicio ha seguido la acusación y el procedimiento que en época de Mao se hacía contra los dirigentes «de tendencias burguesas»… como el ahora considerado padre de la nueva China y verdadero «coco» de los maoistas, Deng Xiaoping.

Es decir, es un golpe demasiado alto y con una firma demasiado clara como para poder ser reabsorbido sin más en los consensos del poder. Un golpe que, dependiendo de la evolución de la crisis europea y sus repercusiones en China, podrían llevar a movimientos aún más drásticos, aún más violentos que nos confirmaran que lo que hoy es un rumor duramente reprimido se ha convertido en realidad.

«Wukan y el discreto golpe de estado de la burocracia maoista china» recibió 0 desde que se publicó el sábado 31 de marzo de 2012 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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